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SOSTENIBILIDAD | 9.06.2021

¿Qué son realmente los productos ecológicos?

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Los productos ecológicos han invadido los lineales de los supermercados a raíz del interés del consumidor, quien en ocasiones puede caer en el engaño de calificativos similares.

Los productos ecológicos han ganado mucha popularidad en las últimas dos décadas. Ya sea por una mayor preocupación por la salud, ya sea por el compromiso con el medioambiente, lo que está claro es que cada vez más consumidores optan por buscar la etiqueta eco en las compras que realizan.

Sin embargo, ¿qué son realmente los productos ecológicos? ¿Qué requisitos deben cumplir para ser considerados de este modo? ¿Qué estratagemas utilizan algunas compañías para dar gato por liebre? ¿Son los alimentos ecológicos garantes de una dieta saludable y sostenible?

¿Qué son los productos ecológicos?

Básicamente los productos ecológicos son aquellos cuya producción está sujeta a una normativa creada para cuidar y proteger el medioambiente, evitando en todo momento el uso de productos químicos. De ahí que también se les llama orgánicos, biológicos, bio o eco. Es decir, ya sean naturales o procesados, no debe haber ningún tipo de elemento químico —fertilizantes, medicamentos, hormonas, organismos modificados genéticamente (también conocidos como transgénicos) …­— para ser considerados de ese modo.

Por esta razón, este tipo de productos, generalmente alimentos, suelen pasar un mayor número de controles de seguridad, para así asegurar al consumidor que lo que está adquiriendo es aquello que realmente desea.

¿Cómo son las normativas de los productos ecológicos?

En cuanto a la normativa que marca cómo debe ser la producción ecológica, generalmente se basa en los mismos valores y principios. Un buen ejemplo es el modo en que la regula el Reglamento (UE) 2018/848 del Parlamento Europeo y Consejo sobre producción y etiquetado de los productos ecológicos.

Entre estas normas se hallan la prohibición tanto de los transgénicos como del tratamiento por radiaciones ionizantes; la separación entre la producción agraria ecológica y no ecológica (tanto en animales como en terrenos); el respeto por la vida y la fertilidad natural del suelo en las producciones vegetales; y la producción ecológica de las semillas y los materiales de reproducción vegetativa. Asimismo, las explotaciones que deseen dedicarse a la producción ecológica han de pasar un tiempo de conversión. Estas son solo algunas de las pautas que deben seguir los productores.

Por otro lado, para que el consumidor esté seguro de lo que está adquiriendo es necesario un etiquetado adecuado con un logotipo determinado que deje claro que está ante productos de agricultura ecológica. De ese modo, sabrá que no le están intentando vender algo con un concepto similar que enmascara la realidad.

¿Qué no son productos ecológicos?

Y es que, el interés creciente que hay en torno a este tipo de producción —que se antoja esencial para el devenir de un planeta superpoblado— lleva a empresas y productores a intentar hacerse con un pedacito del pastel mediante medias verdades o juegos con la denominación ecológico o bio

Es ahí donde el consumidor debe poner atención y fijarse bien en el etiquetado, ya que para eso está. No hay más que recorrer los lineales de los hipermercados para encontrarse con productos 100% naturales, eco, orgánicos, bio, artesanos, tradicionales… Todo ello induce a pensar que se trata de alimentos producidos de una manera ecológica, cuando solo es un truco publicitario.

Si un fabricante quiere vender un producto realmente ecológico, va a utilizar el logo correspondiente, el que le otorgue el organismo competente. Por lo tanto, solo los que lleven dicho logo podrán tener la categoría de “Ecológicos”.

Esto no quiere decir que los otros bio u orgánicos no sean buenos, ni mucho menos, ya que la calidad puede ser incluso superior, pero no estarán elaborados, criados o cultivados sin utilizar productos químicos.

Un buen ejemplo de ello se halla en el vino. Que un vino sea ecológico no quiere decir que vaya a tener una mayor calidad que uno que no lo es, pero sí que todo el proceso ha estado exento de elementos químicos: desde el cultivo de la uva hasta la elaboración del propio vino.

Beneficios de los productos ecológicos

No obstante, y a pesar de que “ecológico” no sea sinónimo de “más saludable” en algunos casos, por lo general los alimentos que se producen de ese modo suelen ser más sanos y nutritivos. Así lo asegura un informe realizado por el Parlamento Europeo, que viene a indicar que ofrecen una mayor calidad a los consumidores, aportando además mejores propiedades organolépticas y mayor sabrosura.

Realizado por el Panel de Ciencia y Tecnología del Parlamento Europeo, este informe incide además en el hecho de que decantarse por los alimentos ecológicos podría llevar a una reducción del riesgo de alergias o de obesidad, dado que quienes optan por ellos son más conscientes de llevar una buena alimentación y una dieta saludable.

Por otro lado, el simple detalle de comprar productos ecológicos —aunque en ocasiones los procesos de elaboración más costosos conlleven un precio mayor— también ayuda en la concienciación social acerca de la necesidad de sistemas que sean más amigables con el medio ambiente. Claro que, en torno a este tema, también hay algunas contradicciones.

Siempre hay beneficios medioambientales

Tal y como se ha indicado anteriormente, con el crecimiento exponencial de la población del planeta, se antojan necesarios procesos de producción sostenibles y respetuosos con el entorno, toda vez que el ser humano lleva inmerso en una espiral de destrucción medioambiental desde hace décadas.

La producción sostenible y ecológica tiene como una de sus misiones salvaguardar el medioambiente —tanto la flora como la fauna—, basándose para ello en un uso racional de la naturaleza, es decir, sin abusar de las fuentes naturales. Cabe recordar que esto ha llevado a un cambio climático con consecuencias devastadoras para el mundo y, por consiguiente, para el ser humano.

No obstante, la concienciación y la coherencia deben ir de la mano con movimientos como la producción ecológica, ya que, de lo contrario, los beneficios que se consiguen pueden quedar minimizados.

Así lo reflejaba Óscar Picazo en el artículo “A vueltas con lo eco” de la revista La Fundación de Fundación MAPFRE, cuando apuntaba que “el sello Eco no contempla aspectos tan importantes para la sostenibilidad como serían la huella hídrica (la cantidad de agua consumida para la producción de ese alimento), la huella de carbono (cantidad generada de dióxido de carbono, gas de efecto invernadero, tanto en su producción como en su transporte), la productividad del cultivo por unidad de superficie (menor en la producción Eco) o el impacto sobre el ecosistema y la diversidad animal o vegetal”. Y para ilustrarlo ponía un ejemplo muy significativo: “Nos podemos encontrar en un supermercado europeo con casos aberrantes de unas manzanas con sello Eco procedentes de Nueva Zelanda. Está claro que en su producción pudieron seguirse las mejores prácticas de cultivo Eco, pero la huella de carbono generada por su transporte y conservación a más de 15.000 km del destino final hace que se descompensen todos los demás aspectos ecológicos de su producción”.