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SOSTENIBILIDAD| 14.09.2021

El cambio climático se convierte en el gran enemigo de la agricultura

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El aumento de los fenómenos meteorológicos extremos está haciendo estragos en el sector agrícola, donde ha aumentado considerablemente la siniestralidad.

El cambio climático no solo afecta a la salud de numerosos ecosistemas, sino que además es una de las principales razones de que el sector agrario se esté enfrentando a catástrofes medioambientales con una asiduidad nunca antes experimentada. 

Y es que esta tendencia no solo se traduce en un aumento acelerado de las temperaturas, sino que el incremento de temperaturas trae emparejados fenómenos meteorológicos extremos tales como sequías, inundaciones provocadas por aguas torrenciales, olas de frío o huracanes, por poner solo algunos ejemplos. 

Obviamente, todos ellos suponen un quebradero de cabeza para los agricultores de todo el mundo, que han visto cómo se ha multiplicado la siniestralidad en un sector cuya productividad ha caído desde el año 1961 hasta en un 20,8%.

 

Agricultura menos productiva con el cambio climático

La inquietante cifra del 20,8 % no quiere decir que se produzca menos que hace 60 años, ya que desde entonces dicha producción no ha hecho más que crecer, al igual que lo ha hecho la población mundial. De hecho, hace seis décadas los habitantes de la Tierra no llegaban a los 3.000 millones, mientras que en 2021 ya se superan los 7.800 millones. Así pues, sería impensable que la superficie cultivada hubiera decrecido. 

Sin embargo, según un estudio realizado por un grupo de científicos de las universidades de Cornell, Maryland y Stanford (todas ellas en Estados Unidos) el cambio climático ha provocado una pérdida de productividad que equivale a siete años, es decir, en la actualidad se consiguen cifras que sin cambio climático se hubieran dado en 2013. Asimismo, remarca que las zonas que más han sufrido esta circunstancia han sido las más cálidas: África (hasta un 30 %) y América Latina y el Caribe (con un 25,9 %).

Importantes daños económicos del cambio climático en la agricultura 

Esta falta de productividad está íntimamente relacionada con las pérdidas y daños económicos que las diferentes catástrofes han provocado a lo largo de las últimas décadas, especialmente en lo que llevamos de siglo XXI. Así lo constata un análisis de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, más conocida como FAO. 

Según este estudio, las amenazas de origen natural (grandes incendios), los fenómenos meteorológicos extremos e incluso la pandemia de coronavirus han provocado una serie de daños que afectan especialmente al sector agrícola. Tanto es así que hasta el 63 % de las repercusiones de estas catástrofes corresponden a la agricultura, lo que afecta en gran medida a las comunidades locales en particular —que se ven lastradas por importantes pérdidas económicas—, y a nivel nacional e internacional en general. 

La peor conclusión de este análisis realizado por la ONU es que la incidencia anual ha aumentado considerablemente, llegando a triplicar a la que existía en las décadas de los 70 y los 80 del pasado siglo. Y como suele ocurrir cuando se trata de catástrofes meteorológicas, son los países con menos recursos los más afectados. De hecho, se estima que sus pérdidas entre los años 2008 y 2018 ascendieron a 108.000 millones de dólares en lo que a producción agrícola y ganadera se refiere. 

Finalmente, este estudio desvela que el principal fenómeno y el más temido es la sequía. La escasez de agua para regar llegó a provocar pérdidas de hasta 37.000 millones de dólares. También nombran otros desastres como las inundaciones y las tormentas, las plagas y los incendios forestales.

Europa y España, ejemplos de pérdidas en el sector agrícola

A pesar de que las mayores pérdidas se producen en las zonas más cálidas y en los países con menos recursos económicos, es importante apuntar que ninguna parte del globo es ajena a un problema que se antoja creciente. Pongamos como ejemplo la Unión Europea.

De acuerdo con un estudio que ha realizado la revista Environmental Research Letters, en las últimas cinco décadas las pérdidas relacionadas con las sequías y las olas de calor se han triplicado en Europa, lo que ha provocado que el rendimiento se haya desplomado hasta un 6,9 %.

Y eso no es todo, el calentamiento global ha sido el causante de que la producción de cereales, que supone el 65 % de la superficie de cultivo en la Unión Europea, haya descendido un 7 %.

De igual modo, se estima que España, cuya agricultura supone el 13 % de la producción europea, también ha de prepararse para una situación que tiende a empeorar. No en vano, si se tiene presente el informe Impactos y riesgos derivados del cambio climático en España 2021 que ha publicado el Ministerio para la Transición Ecológica, el hecho de que los días muy calurosos (con temperaturas que excedan los 25°) aumenten en las próximas tres décadas impactará directamente en la productividad agrícola, provocando la desaparición o disminución radical de algunos cultivos de regadío.

Se dispara la siniestralidad en el sector agrario

Esa falta de productividad no es el único problema que provocan los fenómenos climatológicos extremos que se derivan del cambio climático, sino que, como se ha apuntado anteriormente, las pérdidas económicas resultan cuantiosas para los agricultores. Este hecho se traduce en un incremento de la siniestralidad hasta alcanzar niveles nunca antes experimentados. 

Según informa el diario El País, en la primera mitad del año 2021 en España ya se han alcanzado los 800 millones de euros, superando con creces los 600 millones de los dos ejercicios anteriores. Esto ha provocado que el importe de las primas de riesgo haya sido de 638 millones, situación que ha llevado a solicitar fondos del Consorcio de Compensación. El mayor problema es que se trata de la octava vez que sucede en los últimos diez años.

Aunque los datos corresponden a España, es una situación que se repite en otras muchas geografías, de manera que las autoridades nacionales y supranacionales se han de poner manos a la obra para evitar en la medida de lo posible que estos desastres sean tan catastróficos para el sector agrícola. 

La FAO incluso presentó una metodología con la que es posible evaluar daños y pérdidas por desastres en la agricultura de los países de América Latina y el Caribe. El objetivo no es otro que administrar todos los datos y conseguir centralizar la información, consiguiendo de ese modo una evaluación a pequeña, mediana y gran escala.