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SOSTENIBILIDAD| 13.10.2020

El desafío de conseguir una agricultura justa y sostenible

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Los adjetivos justa y sostenible suelen ir emparejados cuando acompañan a la palabra agricultura, ya que resultan totalmente compatibles para describir un modelo de producción que debe ir imponiéndose en todo el planeta por dos razones fundamentales: por un lado, eliminar los problemas de hambruna y desnutrición, y por otro, frenar el cambio climático.

Así lo afirman desde la propia FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), organismo que apunta lo siguiente: “La agricultura sostenible debe garantizar la seguridad alimentaria mundial y al mismo tiempo promover ecosistemas saludables y apoyar la gestión sostenible de la tierra, el agua y los recursos naturales”, a lo que añade que “para ser sostenible, la agricultura debe satisfacer las necesidades de las generaciones presentes y futuras de sus productos y servicios, garantizando al mismo tiempo la rentabilidad, la salud del medio ambiente y la equidad social y económica”.

Resiliencia de los sistemas

Esta declaración de intenciones y necesidades tiene ante sí diversos retos para hacerse realidad, habida cuenta que la situación mundial no es la más halagüeña. No en vano, desde FAO tienen muy claro que la agricultura contribuye considerablemente al cambio climático, pero también es una víctima de sus efectos. “El cambio climático reduce la resiliencia de los sistemas de producción y contribuye a la degradación de los recursos naturales. Se prevé que en el futuro se agraven importantemente las subidas de temperatura, los cambios en los patrones de precipitación y los fenómenos meteorológicos extremos”.

¿Cómo encaminarse a una agricultura sostenible?

No obstante, esta misma organización apunta el camino que ha de tomarse para hacer posible una agricultura basada en la justicia, a partir del cual los diferentes actores internacionales y nacionales deberán actuar.

Entre las recomendaciones más importantes se pueden señalar las siguientes: uso de abonos más naturales, prácticas de cultivo que no sean intensivas, reciclaje y aprovechamiento de cualquier desecho orgánico o no, uso de materiales reciclables, uso de energía renovable y  prácticas de agricultura biodinámica.

Importancia de la agricultura a nivel global

Poner en práctica estas recomendaciones no será tarea sencilla ni rápida, puesto que el modelo global aún difiere demasiado de ese ideal que promueve la FAO. No obstante, se antoja necesario que se vayan tomando todo tipo de medidas para mejorar los procesos agrícolas, habida cuenta que, entre otras funciones, la agricultura sostenible es clave para evitar la erosión del suelo y la desertificación de las tierras.

“El papel estratégico y esencial de la agricultura en nuestra sociedad va mucho más allá de su protagonismo en la producción de alimentos, ya que pasa por ser uno de los pilares básicos para hacer frente, de una forma sostenible, a los efectos del cambio climático”, corroboran en AEPLA (Asociación Empresarial para la Protección de las Plantas).

Transformación del modelo

Por lo tanto, en la transformación del modelo que viene imperando en el último siglo se halla la clave para avanzar en la dirección correcta. “Desde que Clarence Saunders tuvo la magnífica idea de inventar los supermercados allá por 1916, el consumidor ha sido educado y acostumbrado a encontrar todo tipo de productos en grandes cantidades y durante todo el año”, explica Daniel Ten, CEO de Integrana, que añade: “Este hecho tuvo –y sigue teniendo– un impacto tremendo para la agricultura, transformando la manera en la que producimos y entendemos el campo. Así, para responder al aumento de la demanda y la ruptura de la estacionalidad, los agricultores pasaron de cultivos perennes y diversificados a monocultivos intensivos y anuales”.

Esa evolución, sumada a la globalización, ha provocado que se pueda conseguir cualquier producto de cualquier sitio del mundo en apenas un par de días sin importar la huella ecológica que se produce. Además, los precios agrícolas tienden a disminuir, llevando a muchos productores a arrancar cultivos que aunque fueran viables, no resultan rentables. Y como colofón, “el monocultivo intensivo empobrece los suelos agrícolas y los vuelve estériles para el cultivo, mientras que el uso continuado de pesticidas y fertilizantes químicos acaba con la fauna autóctona y contamina las aguas subterráneas”, añade el propio Daniel Ten.

Cambios en las políticas agrarias

Este escenario ha provocado que los agricultores tomen cartas en el asunto. Un buen ejemplo de ello ha sido la reciente petición por parte de más de 400 organizaciones de la sociedad civil de doce países europeos para que se defienda un cambio radical en la PAC (Política Agraria Común) post-2020.

El objetivo de la demanda es que se asegure la protección de las personas que trabajan y viven en el medio rural, al tiempo que se cuide el clima, la biodiversidad y los recursos naturales de los que depende la propia agricultura y la seguridad alimentaria. Tanto es así que Fernando Viñegla, portavoz de ‘Por Otra PAC’, ha asegurado al respecto que “proteger y restaurar los ecosistemas y recursos naturales de los que dependen la agricultura y la ganadería es el único modo de asegurar nuestra capacidad de producir alimentos a largo plazo”.

Beneficios de la agricultura sostenible

Los beneficios de la agricultura sostenible y justa que esas organizaciones pregonan y exigen, son solo algunos de los que un cambio de modelo podría traer y que la FAO enumera:

  • Precios justos para compradores y para productores, lo que supondría rentabilidad y prosperidad para las familias de las zonas agrícolas.
  • Un consumo responsable que mantenga el equilibrio.
  • Tierras de cultivo llenas de nutrientes, sanas y regeneradas.
  • Protección de la biodiversidad, tanto de la flora como de la fauna.
  • Una lucha directa contra el cambio climático.

Pérdida de la producción agrícola

Por otro lado, la agricultura en general se enfrenta a los daños que provocan las plagas, las enfermedades y los desastres climáticos. Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), dependiente del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la producción agrícola que se echa a perder a nivel mundial llega al 40%. Esta cifra resulta demasiado elevada para no tenerla en cuenta y más si se trata de agricultores pequeños o locales que apuestan por un modelo sostenible y justo.

Para proteger sus inversiones y que la pérdida de los cultivos no suponga el fin de la actividad de cara al futuro -porque les resulte inviable mantener el negocio-, existen seguros que contribuyen a que la agricultura sea más resiliente y aporte estabilidad a la producción agropecuaria.

Seguros agropecuarios

Por lo tanto, el seguro agrícola o agropecuario es un mecanismo que permite al productor proteger sus inversiones en el cultivo o la producción ganadera, adquiriendo una póliza, a través de las aseguradoras.

“La gestión de estos riesgos se ha convertido en una necesidad y el seguro, dentro de este análisis, en una medida eficaz para paliar sus efectos y superar estas situaciones. Si la gestión de riesgos es fundamental en cualquier actividad, lo es más en la agropecuaria, que se desarrolla a cielo abierto. Una agricultura protegida supone una mayor garantía de disponibilidad de alimentos y, simultáneamente, una forma de fijar población en las zonas rurales”, explica Juan Sáez, Director de Seguros Agrarios de Mapfre.