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SOSTENIBILIDAD| 24.05.2021

El reto de proteger las costas frente al cambio climático

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El aumento del nivel del mar, el ascenso de las temperaturas de las aguas y los fenómenos meteorológicos extremos están afectando negativamente a las áreas costeras y, por ende, a los millones de personas y especies animales que las habitan.

El incremento de las temperaturas consecuencia de un aumento constante en la emisión de gases de efecto invernadero es el principal causante del cambio climático que se está produciendo en el planeta durante las últimas décadas. Este hecho provoca que algunas zonas se vean más afectadas que otras, como es el caso de las áreas costeras.

No en vano, es en las costas donde el aumento del nivel del mar o la subida de la temperatura de las aguas donde más se percibe y se sufre. Una de las consecuencias será, por ejemplo, “un retroceso erosivo de las playas con una reducción de la superficie útil total o un desplazamiento de las mismas”, explica Pablo Cotarelo, Coordinador de la Campaña Impactos del Cambio Climático en el Litoral, en la revista El Ecologista.

 

Complicados retos

Dicho ejemplo supone una buena muestra para ilustrar los retos que debemos afrontar los seres humanos si no queremos que buena parte de las costas, su biodiversidad y otras funciones generalmente desconocidas se echen a perder.

Desde la Plataforma sobre Adaptación al Cambio Climático en España apuntan como principales factores de impacto los siguientes: “El ascenso del nivel medio del mar, las modificaciones en el régimen de vientos, corrientes y oleajes,  los cambios en la frecuencia e intensidad de las tormentas y en la temperatura y acidez del agua”. Por todo ello, consideran de vital importancia evaluar cada uno de ellos y reaccionar proactivamente antes de que la situación sea irresoluble.

Los peligros del cambio climático

Ahondando en los principales peligros que se derivan del cambio climático, en el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático 2021-2030 que han puesto en marcha en España apuntan los tres principales que están relacionados directamente con la franja costera: el aumento de la temperatura del agua marina -en la costa mediterránea se ha incrementado 0,34°C cada década desde principios de los años 80-, el citado ascenso del nivel medio del mar y la acidificación de las aguas marinas, que implica “una reducción de la capacidad de los organismos marinos de calcificar y formar sus conchas y esqueletos calcáreos”.

Este organismo no hace sino seguir las pautas que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) viene apuntando, especialmente en un informe titulado “El océano y la criosfera en un clima cambiante”, donde explican detalladamente cuál es la situación actual y cuáles son los desafíos a los que se enfrentan los países de todo el mundo.

Cambios observados

El documento del IPCC apunta una serie de cambios que se han observado y que se deben al cambio climático:

  • Se ha reducido la extensión de la criosfera, con una pérdida de masa de los mantos de hielo y los glaciares y se ha incrementado la temperatura del permafrost (hielo permanente).
  • Los océanos han sufrido un aumento de la temperatura sin interrupción desde 1970 y probablemente han absorbido más del 90 % del exceso de calor en el sistema climático que su intensidad. Esto ha provocado la acidificación antes citada, pues hay menos oxígeno en su superficie.
  • El nivel medio del mar está aumentando, especialmente por la pérdida de hielo de los mantos de hielo de Groenlandia y de la Antártida. Este hecho llevó a algunos investigadores a afirmar que la mitad de las playas de arena que hay en el mundo podrían desaparecer antes del año 2100. Y aunque posteriormente fueron rebatidos con el argumento de que esas playas ganarían metros al terreno, no es menos cierto que las que están delimitadas por acantilados o malecones, probablemente sí que dejen de existir.

Impactos significativos

Pero el informe va más allá y explica cuáles son los principales impactos que esta evolución está provocando, es decir, aquellas situaciones que deben subsanarse antes de que se vuelvan irreversibles:

  • Las especies y los ecosistemas terrestres y de agua dulce se han visto afectados, especialmente en las regiones polares y de alta montaña. Todo ello ha provocado que se hayan alterado algunas actividades estacionales, así como la población y la distribución de algunas especies vegetales y animales. Y es que ciertas zonas que antes permanecían congeladas, ahora han salido a la “superficie”.
  • El calentamiento de los océanos y los cambios que se vienen produciendo en el hielo marino también han sido los causantes de que numerosas especies marinas hayan tenido que adaptarse -emigrando, cambiando hábitats…-. Como ejemplo cabe señalar una información publicada por el periódico El País, en la que el profesor de Biología de la Universidad de Oxford, Alex Rogers, explicaba que “las poblaciones de peces se moverán hacia los polos para localizar sus temperaturas preferidas; esto afectará particularmente a los países tropicales en términos de pesca, pero en Europa hemos visto a la caballa y el bacalao alejándose ya hacia el norte”. Además, este especialista apuntó que “los peces también se hacen más pequeños a medida que aumentan las temperaturas”.
  • Todo ello impactará directamente sobre la población que vive en las costas (y en menor medida a la de los territorios interiores). Un buen ejemplo es la pesca, de la que subsisten numerosas comunidades en todo el mundo. Pero no es el único; el aumento del nivel del mar pondrá en peligro algunas áreas urbanizadas, el incremento de los fenómenos climáticos extremos también provocará grandes pérdidas allá por donde pase y habrá zonas interiores que experimentarán una paulatina desertización.

Un reto mayúsculo

Reaccionar a todo lo expuesto, por lo tanto, resulta esencial y supone un gran reto para el ser humano, que en ocasiones no se ha preocupado por salvaguardar los entornos de costa. Así lo refleja la organización ecologista Greenpeace, que pone en valor los ecosistemas costeros, ya que “proporcionan al ser humano bienes y servicios ambientales claves para el desarrollo económico y social, como seguridad alimentaria, I+D o turismo”.

 Y añaden que “también son la tabla de salvación para adaptarnos a los impactos del cambio climático en el litoral, en un contexto de eventos climáticos extremos: generan lluvias para frenar el avance de las sequías, al tiempo que funcionan como amortiguadores de inundaciones y controlan la erosión del suelo. El bienestar de millones de personas depende de los ecosistemas costeros, y los bienes y servicios que nos proporcionan son básicos para el sustento de la vida humana”.

Todo lleva a una misma vía

En este punto cabe preguntarse qué es lo que se puede hacer para evitar el deterioro de las costas provocado por el cambio climático y la respuesta más generalizada es centrarse en frenar en la medida de lo posible este, ya que es la causa de numerosos males que afectan al medio ambiente.

 El propio IPCC considera que “la creación de condiciones habilitadoras para la resiliencia al clima y el desarrollo sostenible depende fundamentalmente de la reducción urgente y audaz de las emisiones, combinada con medidas de adaptación coordinadas, sostenidas y cada vez más ambiciosas”. Para ello, las autoridades gubernamentales de los diferentes estados y, claro está, de los organismos supranacionales, han de tomar cartas en el asunto con medidas que no escatimen esfuerzos, ya que sin su apoyo el deterioro no se frenará.

 “También son esenciales la educación y los conocimientos sobre el clima, el monitoreo y las predicciones, el uso de todas las fuentes de conocimientos disponibles, el intercambio de datos, información y conocimientos, los recursos financieros, el abordaje de la vulnerabilidad y la equidad sociales, y el apoyo institucional”, añaden.

 Así pues, el reto de proteger las costas frente al cambio climático solo podrá superarse si se actúa de manera coordinada y concienciada, al tiempo que se otorga la importancia que tiene a un hecho que puede poner en peligro a millones de vidas en todo el planeta.