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SOSTENIBILIDAD| 24.05.2024

La senda verde del sector agrario

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El sector agrícola se suma a la lucha contra el cambio climático a través del desarrollo de tecnologías para la conservación de la biodiversidad, la gestión eficiente de recursos y la protección del suelo.

La agricultura es un sector clave para la soberanía alimentaria, la economía, el tejido social del medio rural y, por supuesto, para la supervivencia humana. Su contribución a la aceleración del cambio climático es muy relevante, por lo que promover su transición hacia modelos más sostenibles es clave. Según un gráfico de Our World in Data basado en datos de la  Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, el 50 % de la tierra habitable del planeta está destinada al uso agropecuario y paralelamente, de acuerdo con datos del Banco Mundial, este sector utiliza el 70 % del agua potable del planeta.

La adaptación de la agricultura al cambio climático es fundamental para su supervivencia

César MarcosPor esto, César Marcos Cabañas, coordinador y responsable de Comunicación de ALAS (Alianza por una Agricultura Sostenible), asegura que hay «tres patas» de actuación en relación con los objetivos de la Agenda 2030: «Una agricultura en equilibrio con los recursos naturales, ya que sin recursos no puede perdurar la agricultura; por otro lado, debe ser sostenible económicamente, ya que, si los números no salen no puedes hacer ningún tipo de actividad económica, y, por último, la variable social, ya que la agricultura es el principal vertebrador de la economía y la cultura del medio rural».

Pero no solo eso, sino que la adaptación de la agricultura al cambio climático es fundamental para su supervivencia y, entre las diferentes estrategias para lograrlo, la tecnología, junto a la inteligencia artificial, podrán mostrarse como grandes aliadas. «La península ibérica, por su ubicación, sufre más que otras regiones en Europa los efectos del cambio climático», explica Marcos. El mundo rural se enfrenta a sequías más prolongadas de lo habitual, ciclos de lluvias muy intensas y cada vez menores en el tiempo, y sobre todo cambios bruscos de temperaturas, que ponen en peligro cosechas enteras, con consecuencias nefastas para los productores. En un país tan vulnerable a estos fenómenos, la figura de seguros agrarios que escudan económicamente al agricultor frente a cualquier desafío ambiental es esencial. Sobre todo, porque estos consideran, dentro de su cobertura, una amplia variedad de desafíos a los que se enfrenta el sector, como enfermedades, contaminación química y acontecimientos meteorológicos incontrolables. «España ha sido pionera en dotarse de estos seguros de manera pública y privada, y a través de diferentes entidades están llegando al agricultor para paliar los efectos de los desastres naturales, que cada vez son más frecuentes», explica Marcos.

Innovación al servicio de la adaptación

Pese a todo esto, la agricultura está mejorando su resiliencia, gracias a la IA, el análisis de datos y el seguimiento de modelos predictivos. «Hay modelos de agricultura digitalizados que utilizan tecnología como sensores, fotografías satelitales e inteligencia artificial para predecir el uso de agua y fertilizantes, para minimizar el uso de plaguicidas y que todo esto ayude a disminuir los costes de producción. Además, nos ayuda a ser más sostenibles medioambientalmente y producir la mejor cosecha. Es una manera de poder jugar con decisiones basadas en datos que nos ayudan a adaptarnos mejor al cambio climático», detalla Marcos. 

Por otro lado, la agricultura se está adaptando al cambio climático. «Por ejemplo, la plantación de viñedos en España cada vez está más al norte, en zonas donde hay menos ciclos de temperaturas altas», puntualiza. Además, cada vez se utiliza más el uso del riego localizado, o riego por goteo, controlado a través de mecanismos y herramientas digitales para economizar el uso del agua.

Marcos: «La península ibérica, por su ubicación, sufre más que otras regiones en Europa los efectos del cambio climático»

Pero para Marcos, lo que verdaderamente espera con ansias el sector es el uso de la tecnología CRISPR, de técnicas de edición genómica. Se trata de acelerar algo que la naturaleza tarda mucho tiempo en realizar por sí misma: adaptarse. «En este contexto del cambio climático, la adaptación se hace en un laboratorio y CRISPR facilita una técnica que consiste en cambiar o editar un gen para que la semilla sea más resistente a la sequía o a determinadas plagas, por ejemplo. Esta resistencia puede contribuir a una posterior disminución del uso de fitosanitarios», afirma Marcos.

La búsqueda de la sostenibilidad en la agricultura es fundamental para el cumplimiento de varios Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), para los cuales la agricultura y el desarrollo rural son cruciales. Para Marcos, esto se puede conseguir a través de «buenas prácticas agrícolas». Algunos ejemplos de esto pueden ser la agricultura regenerativa, así como la incorporación de prácticas de conservación de suelo, biodiversidad y fomento de salud de los ecosistemas. O la agricultura de conservación, que se enfoca en no labrar la tierra una vez que se ha cosechado para no liberar CO₂ a la atmósfera y evitar el uso de tractores contaminantes. De esta forma, la próxima siembra se realiza con diversas tecnologías en esa misma tierra y permite enriquecer el suelo de materia orgánica. En ese sentido, la unión de tecnología e innovación con estas buenas prácticas agrícolas fomentará un escudo de resiliencia del sector frente a los desafíos medioambientales asociados al cambio climático.

 

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