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SOSTENIBILIDAD| 14.12.2022

Cada vez somos más viejos, pero con mejor salud… cómo afecta el envejecimiento mundial a la economía

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La población mundial está creciendo en tasas muy aceleradas en estas últimas décadas.  Estas semanas hemos alcanzado la cifra icónica de 8.000 millones de personas sobre el planeta Tierra. Si se piensa que hace 70 años la población mundial era de 2.500 millones de personas, que los últimos 1.000 millones de seres humanos se han sumado en tan solo 12 años, o que está previsto que dentro de 15 años seamos ya 9.000 millones, se podría pensar que el principal desafío al que nos enfrentamos es el de un crecimiento exponencial de la población, que puede poner en riesgo la capacidad del planeta para proveer de recursos a esa inmensa cantidad de gente.

Y, sin embargo, muchos economistas se muestran menos preocupados por eso y mucho más por otro factor asociado al cambio demográfico que estamos experimentando, el progresivo envejecimiento de la humanidad.

Según las últimas estimaciones de Naciones Unidas, para el año 2030 habrá más de 1.000 millones de personas mayores de 65 años. En 1950, la edad media de la población mundial era de 22 años. Desde entonces, se ha incrementado en ocho años, y para el 2050 habrá aumentado otros seis años más, hasta 36 años. En regiones más desarrolladas como Europa o Japón, la edad media será superior a los 50 años. Hoy en día viven 150 millones de personas mayores de 80 años, el doble que hace 20 años.

Y esto tiene graves consecuencias para la economía mundial. Que haya cada vez más personas mayores supone que hay menos personas en edad de trabajar y contribuir a la economía. Esto puede significar menos ingresos para el gobierno, menos empleos para el mercado laboral y mayor presión sobre los sistemas de pensiones y seguridad social. Además, el envejecimiento de la población crea una mayor demanda de servicios relacionados con la salud y el cuidado a largo plazo.

“Sin duda que el envejecimiento es junto con el cambio climático y la revolución digital uno de los tres grandes desafíos a los que la humanidad se enfrenta este siglo”, explica Juan Fernández Palacios, director del Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación MAPFRE.

“El problema es acuciante a corto plazo por el tipo de pirámide poblacional que tenemos, con la generación del baby boom a punto de entrar en edad de jubilación”, continúa Ricardo González, director de Análisis, Estudios Sectoriales y Regulación de MAPFRE Economics. “Nos enfrentamos a dos décadas delicadas. Los gastos en salud aumentan conforme envejecemos. Según nuestros cálculos, un 60 % del gasto sanitario total lo generan personas mayores de 65 años. Vamos a ver también una reducción de la fuerza laboral, lo que presionará los salarios al alza, y si esto no va acompañado de mejoras en la productividad, pueden surgir presiones inflacionarias.”

En países como España “somos incluso más vulnerables en este sentido porque tenemos una de las poblaciones con mayores esperanzas de vida del planeta, y al mismo tiempo tenemos una economía con una preponderancia muy grande del sector servicios, que son intensivos en fuerza laboral.”

Y entonces, ¿qué podemos hacer frente a este envejecimiento? Hay muchas soluciones que empresas y países vienen ensayando en estos últimos años. Muchas compañías han optado por deslocalizar buena parte de su producción económica en países más jóvenes, pero esto tiene también consecuencias sobre las fuerzas laborales de los países más envejecidos.

Otra respuesta natural es el incremento de los flujos migratorios, que tiene visos de seguir incrementándose de forma relevante en las próximas décadas, pero esto tiene condicionantes sociales y políticos. “Es cierto que la inmigración genera choques culturales, pero el rechazo a la inmigración quizá es porque la gente no ve todavía el problema que tenemos encima”, apunta Juan Fernández Palacios.

También, por supuesto, la adopción de las innovaciones tecnológicas, que permiten incrementos de productividad con menor fuerza laboral. Y desde un punto de vista financiero, es fundamental también unas políticas públicas que fomenten el ahorro privado, “poder comenzar desde joven a hacer esa bolsa de ahorro que ayude a complementar la pensión pública”, explica Ricardo González.

Pero en última instancia, ninguna de esas soluciones por sí sola es suficiente, hace falta contar con otra variable imprescindible, como es la mayor participación de las personas mayores en la fuerza laboral.

Y es que el problema del envejecimiento en el fondo es fruto de una de las mayores conquistas del ser humano: el alargamiento de la esperanza de vida. Las personas viven más tiempo debido a mejoras de la nutrición, los avances médicos, la higiene, la atención médica, la educación y el progreso económico.

El barómetro del consumidor sénior que elabora Ageingnomics, por ejemplo, “nos arroja una imagen de estas personas que está muy alejada del estereotipo del abuelo con la boina y la garrota. Son personas con capacidad económica, son una ayuda para su círculo más personal, el 80 % viaja con relativa frecuencia cada año; hay ya 11 millones de mayores de 55 años que tienen una interacción diaria en internet. Ahí hay un enorme potencial que nuestra sociedad no puede desaprovechar” argumenta Juan Fernández Palacios.

“Sí, cada vez somos más, y cada vez somos más viejos. Pero tenemos mejor salud. Las personas de 65-75 años de hoy día no tienen nada que ver con las mismas cohortes de edad de hace 30-40 años. Tenemos un colectivo creciente de personas bien formadas y con salud con capacidad de seguir contribuyendo a la sociedad. Y esa contribución puede ayudar a resolver algunas de las amenazas planteadas.”

Muchas compañías han optado por deslocalizar buena parte de su producción económica en países más jóvenes, pero esto tiene también consecuencias sobre las fuerzas laborales de los países más envejecidos.

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