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ECONOMÍA| 24.11.2022

“Para una planificación financiera a largo plazo, debemos tener en cuenta que viviremos más años”

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Los avances en los terrenos de la ciencia y la medicina han hecho posible que en los últimos 100 años el mundo haya vivido un aumento de la esperanza de vida sin precedentes. Sobre este fenómeno y los diversos factores que influyen en él se centran las investigaciones de Torsten Kleinow, profesor de la School of Economics de la Universidad de Ámsterdam y director del Research Centre for Longevity Risk. 

TORSTEN KLEINOWKleinow ha publicado estudios sobre modelos de mortalidad, diferencias socioeconómicas en relación a la esperanza de vida y sistemas de pensiones. Como experto en estos campos, fue uno de los ponentes en la conferencia sobre salud y envejecimiento que organizaron en Madrid MAPFRE y la Asociación de Ginebra, que agrupa a las principales aseguradoras a nivel global.

En esta entrevista, el profesor holandés sostiene que la combinación de longevidad con las bajas tasas de natalidad nos sitúan ante un cambio demográfico que tendrá consecuencias económicas, y generará nuevas oportunidades. En ese sentido, defiende la necesidad, a nivel individual y también de empresas e instituciones, de tener en cuenta que vivimos más años a la hora de orientar el futuro. Kleinow afirma que las desigualdades en cuanto a la esperanza de vida están al alza en el mundo desarrollado, y cree que el camino más efectivo para ponerles freno pasa por la educación, un factor decisivo, si atendemos a los datos, a la hora de condicionar la esperanza de vida y la salud de una persona.

Existe un porcentaje creciente de población mayor, que tiene sus propios necesidades, gustos o patrones de consumo, lo que llamamos la economía senior. ¿Cree que ganará importancia en el futuro? ¿Puede ser una oportunidad económica?

No hay duda de que será cada vez más relevante, y supone un cambio en la sociedad. Creo que es una gran oportunidad para las empresas, para desarrollar nuevos productos y modelos de negocio, pero también para aprovechar la experiencia, las habilidades y el conocimiento de esas generaciones de personas mayores. Y será más importante en el futuro, y esto no es solo consecuencia de que la gente viva más, sino también de las bajas tasas de natalidad. Cada vez nacen menos niños, en Europa el promedio de hijos por mujer está por debajo de 2, la ratio de reemplazo, así que el porcentaje de población joven se reduce, y la población mayor vive más. Es indudable que estamos ante un cambio demográfico que tendrá consecuencias económicas.

¿Estamos preparadas para esas consecuencias? ¿Cómo se puede innovar y aportar soluciones desde el sector privado?

La clave sería desarrollar soluciones que nos permitan planificar financieramente toda nuestra vida desde una edad relativamente joven, a los 20, 30 o 40 años. Necesitamos ser capaces de tomar decisiones que afecten a nuestro futuro económico hasta bien entrados los 80. Para el sector financiero es fundamental encontrar productos que permitan a la gente alargar su planificación financiera, más allá de la jubilación. Eso significa, por ejemplo, que las hipotecas se puedan contratar hasta más de los 65 o 70 años. Las hipotecas inversas son también una buena opción, que nos permite utilizar parte de nuestro capital acumulado en nuestras casas, que son el activo más valioso para la mayoría de la población. Debemos tener en cuenta que vivimos más años a la hora de hacer una planificación financiera a largo plazo.

¿Cómo influye en la esperanza de vida de una persona el entorno socioeconómico en el que vive?

Las circunstancias socioeconómicas afectan enormemente a la esperanza de vida. Un bajo nivel socioeconómico significa carencias en muchos aspectos: de dinero y de ingresos, por supuesto, pero también de educación, de los estándares de vivienda o del acceso a servicios públicos esenciales, como hospitales o médicos. Si perteneces al porcentaje de la población más desfavorecida probablemente tengas un bajo nivel de educación, dificultades para acceder a la sanidad y otros servicios, puede que sufras mayores tasas de criminalidad o que tengas un trabajo exigente físicamente, y todo eso no es positivo para tu esperanza de vida.

Ha mencionado entre esos factores la educación. ¿Afecta a la esperanza de vida?

Sí. Por supuesto que un nivel educativo relativamente bajo de por sí no va a acortar la vida de una persona. Pero nuestro hábitos y comportamientos, y el ambiente en el que vivimos, impactan en la esperanza de vida, y  pero sí sus hábitos y comportamientos, que están muy influenciados por la educación. Y con un bajo nivel educativo, se tiende a tener un estilo de vida menos saludable, en aspectos como la alimentación, el ejercicio o el tabaco.

De acuerdo a su experiencia, ¿hay políticas efectivas para reducir estas desigualdades en la esperanza de vida?

Sí, pero no las he visto implementadas en el Reino Unido, donde se centran la mayoría de mis investigaciones. Es un país en el que las desigualdades en la esperanza de vida se han incrementado en los últimos 20 años. Y también lo ha hecho la desigualdad en cuanto a la esperanza de vida saludable, es decir, no solo cuánto se vive, sino los años de vida que se disfrutan con buena salud. No hay una única respuesta para cambiar esto, pero en mi opinión tiene mucho que ver con la educación y con la movilidad social, darles a las personas que nacen en entornos o familias desfavorecidas la oportunidad de dejar esa situación, y eso por supuesto se consigue mediante la educación.

¿Cómo cree que va a seguir evolucionando en el futuro esta tendencia a la longevidad?

Si analizamos los datos, lo que hemos observado es que en el pasado las enfermedades cardiovasculares eran la principal causa de muerte, mucha gente moría por infartos, ictus u otras enfermedades del sistema circulatorio. Eso ha cambiado, debido a los avances médicos que hacen que estas enfermedades puedan ser tratadas de manera muy efectiva, y por los cambios en el estilo de vida, como fumar menos o hacer ejercicio físico. Las enfermedades cardiovasculares todavía son una de las causas principales de muerte, junto al cáncer, pero se están volviendo menos relevantes, y por lo tanto ya no son tan determinantes en la evolución de la longevidad.

Son la mortalidad por cáncer, las enfermedades mentales y del sistema nervioso las que se están determinando cada vez más los cambios en la mortalidad. Lo que podemos concluir de ello es que si queremos seguir viendo una mejora de la esperanza de vida en las próximas décadas, tenemos que replicar con otras enfermedades el éxito que hemos tenido con las cardiovasculares. En la mayoría de los países desarrollados veremos cómo siguen aplanándose los avances de la esperanza de vida. Estados Unidos y el Reino Unido son dos buenos ejemplos, en ellos la esperanza de vida no ha aumentado en los últimos diez años, y creo que otros países seguirán esa tendencia.

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