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CORPORATIVO| 18.11.2021

Priscila Hernández: “El éxito está en el trabajo y en tener mucha autocrítica”

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Siendo adolescente, Priscila Hernández (bailarina y coreógrafa) decidió orientar su profesión hacia el ballet clásico y llegó a ser bailarina en la Compañía Nacional de Danza de México. Años después, con el apoyo de su persona de confianza (su pareja, Juan) pegó un gran salto: dejó su puesto para cumplir el sueño de ser coreógrafa en el cine poniendo el foco en mejorar las condiciones laborales de otros artistas. También, en elevar el nivel cultural en México. Durante toda la entrevista, su vitalidad y emoción reflejan que nada la detiene en su empeño por seguir dando lo mejor de sí misma y de su equipo a los mejores cineastas, como Sam Mendes o Alejandro González Iñárritu. De mayor se ve con Juan, su hilo rojo, en la selva bailando -siempre bailando- al son de la música compartida. Imparable y acompañada, como el resto de protagonistas que conforman nuestra campaña Confiamos en ti, ¿y tú?

En primer lugar, queremos preguntarte por tu gran apoyo, por esa persona que te ha apoyado para que tus sueños se hicieran realidad.

Con Juan siempre he tenido una relación muy orgánica. Desde que nos encontramos, como su papá había sido mimo y bailarín, y el mío músico, estamos ahí, entrelazados desde las raíces. Eso nos hizo entender muy sencillamente los universos de los cuales venimos los dos, aparte de que realmente nuestras profesiones y sensibilidades son afines. Aunque en esencia somos muy distintos, nuestro lado más artístico y espiritual nos ha hecho conectar. Y luego está la energía. Juan es alguien super positivo, yo suelo ser más intensa para ciertas cosas, él lo es para otras… Él me alienta, me apoya y siempre está ahí, lo mismo que yo para él. Juntos llegamos a conclusiones. 

¿Ha habido algún momento en que para ti haya sido esencial ese apoyo, uno que para ti simbolice y materialice esa base para desarrollar plenamente tu carrera?

Cuando salí de la Compañía Nacional de Danza, él estuvo ahí. Nunca dudó de mí. Admiraba mucho esa parte mía de no parar, de salir de allí y, al día siguiente, hablar con todas las escuelas de ballet para dar clase. Esta carrera es muy compleja, porque trabajas con diferentes equipos y productoras. Cada director y cada situación es diferente, y él es muy ecuánime para valorar todo lo que conlleva. 

¿De dónde surge la inspiración, de dónde surge esa necesidad tuya de cambiar de tercio y dar el salto de cambiar? 

Yo siento que para mí fue una necesidad muy básica la de querer buscar mejores condiciones para los bailarines; eso fue lo que a mí me movió. Quise ser un enlace para que los bailarines tuvieran más trabajo, buscar un trato justo y digno, y cuando empecé a hacerlo me di cuenta de que no se les respetaba. Les trataban peor, como meros extras, con pagos muy miserables, con un trato muy injusto, cuando los bailarines son a la vez atletas y artistas. Yo venía de estudiar una carrera en Cuba larguísima, de ocho años, y pensaba: me parece muy desproporcionado el trato hacia este artista. Desde ahí empecé y por eso me fue bien, porque mi intención era el bien colectivo. Siempre pienso que si piensas en ayudar a otras personas, y no solo en ti, te va a ir bien. Obviamente también pensaba en aportar a mis clientes y hacer cosas de calidad en México. Para mí era muy importante: somos un país con un montón de cultura, con gente muy talentosa que ha sabido hacer cosas muy innovadoras, y quería subir el nivel de lo que se estaba haciendo. Estábamos preparados para eso.

 

 

Claridad en las metas -en tu caso, trabajar en el cine- para poder cumplir los sueños… ¿Algún otro truco o fortaleza que puedas compartir y que para ti robustezca la confianza?

Siento que, por ejemplo, como padres tenemos muchísima responsabilidad hacia los pequeños. En mi caso, mis papás me apoyaron siempre. Hay gente a la que le ha servido justo lo contrario, porque les ha hecho sacar la garra. Pero si no tienes esa fortaleza y tu papá te dice no, no sirves o no eres bueno, el cincuenta por ciento no lo va a lograr, porque carece de esa garra. A mí me decían: “No, pero tú, ¿qué vas a bailar?” Tuve un par de maestras frustradas… Si me llegan a agarrar mal parada igual las creo y nunca bailo. No todos tenemos esa fibra, ese instinto. Como padres es importante apoyar a nuestros hijos hasta el final en lo que quieran hacer. Y luego va a costar trabajo. No por estudiar medicina les va a ir mejor, pero es importante que vean qué les gusta a sus hijos, y apoyarles. Hay otra parte que me parece importante, que tiene que ver con la espiritualidad. Cuando empecé yo estaba muy metida en la mexicanidad y en la sabiduría de mis ancestros, también en el budismo y estaba muy abierta a aprender y a entender que al final tú eres responsable de todo lo que te pasa, y que no eres una víctima. Para lo bueno o lo malo, tienes la responsabilidad. Yo tengo esa espiritualidad y esa confianza de que va a salir bien. Si piensas que no, te conviertes en víctima y no estás siendo autocrítico en el momento de tomar decisiones. Hay que saber decir: la regué aquí, me equivoqué, no me vuelve a pasar esto, voy a trabajar en ello y no culpar a nadie más. El éxito está en el trabajo y en tener mucha autocrítica.

¿Cuál es el mejor consejo que te han dado para llegar a la meta? ¿Y el mejor que darías a una persona que empieza, por ejemplo?

Yo lo que digo es que seas corazón, lo primero. ¿Qué te gusta hacer? ¿Qué te mueve? ¿Qué es lo que te causa mariposas en el estómago? Escucharlo muy bien, no tanto la cabeza. Y a partir de ahí, como decía, ser el mejor dentro de tus capacidades. Y ser muy autocrítico.
El que me hubiera gustado que alguien me diera, por ejemplo, es que no me comparara con otras personas o que no me victimizada para que, en vez de apuntar afuera abriera dentro de nuevo. ¿Que le dieron ese papel a ese bailarín? -Si yo soy mejor, si yo tengo más empeine… Si lo haces del revés pondrás el dedito y te verás a ti, y sabrás por qué no estás haciendo el papel: porque no has trabajado lo suficiente.

Habría perdido un poco menos de tiempo. ¿Por qué no estaba teniendo esos papeles,  por qué no estaba teniendo ese reconocimiento? -Porque no había trabajado lo que tenía que trabajar. Amaré la danza, pero no será mi meta ser primer bailarín de la Compañía Nacional y por eso no me dan esos papeles.

 

 

Sam Mendes -premiado por su ópera prima, American Beauty, aclamado también por su trabajo teatral y director de las últimas entregas de la saga James Bond- o Alejandro González Iñárritu -ganador de cuatro Premios Óscar por películas de la talla de Birdman o Amores Perros– son dos de los directores de cine con los que has tenido la fortuna de trabajar. ¿Qué destacarías de su forma de hacer las cosas? ¿Qué es para ti el liderazgo y que irradia en los demás?

Justo venía hablando de eso con Juan en el carro. Con Iñárritu, ¿qué es con lo que me quedo? El estándar para trabajar con alguien que busca materializar su emoción al pensar en cómo concibió su obra; te mete en ese nivel de exigencia que ni sabías que tenías. Para mí fue muchísimo aprendizaje estar al lado de él. Era como si él pensara: tú me diste 100%, quiero 120% y, ahora, quiero 140%. ¿Esto te gusta así? Todavía puede estar mejor. Él veía que podíamos. Admiro mucho su perfección y su sensibilidad, porque sin ser bailarín o coreógrafo se daba cuenta de cosas que yo aprecio desde el fondo, y pensaba… ¿Y cómo se dio cuenta Alejandro? Tiene ese empuje para ver todo. Él me proponía cosas y yo tenía que resolverlas. Ése era su nivel de perfeccionismo y afectaba a la alfombra, la pared, la seda, a todo. Eso para mí es algo muy enriquecedor como artista y nos hizo crecer muchísimo a todo mi equipo. Ahora estamos en otra producción, haciendo un musical. Llevamos cien coreografías, una locura, pero ya estamos. Obviamente llevé al mismo equipo. Y con Sam Mendes, lo siento como alguien muy sensible, muy conectado con el arte y con la danza. Sabía muy bien también lo que quería y lo que no. No estuve tanto tiempo como con Alejandro, hice solamente la escena del desfile, pero todo el proceso creativo fue rico, porque trabajé con él directamente y entre los dos llegamos a ideas y lo pasamos muy bien, fue pura risa, con su humor inglés… En ambos casos hicimos mucho trabajo previo antes de poder disfrutarlo, porque ése era precisamente mi mayor pánico: llegar ahí y poder disfrutarlo, no andar preocupada porque algo no suceda o no salga bien… En la pandemia, en vez de parar, mi equipo y yo hacíamos cada vez más cosas juntos, más ejercicios coreográficos, ¡aunque nadie me estaba pidiendo nada! Y entonces, cuando llegó el momento de trabajar con Alejandro, estábamos listos.

Háblame de esa película y de tus proyectos actuales.

No se ha estrenado aún, solo leí que le llamaría Bardo. Empezamos en este año y ya terminamos nuestras escenas. Y lo que estamos filmando ahora es un musical dirigido por Santiago Limón. Hacer un musical es todo un reto, ahora estamos en medio de este viaje que termina en diciembre.

Tengo la sensación de que eres de las personas que siempre cumple sus sueños. ¿Algún director que tengas en la cabeza?

Uno de mis sueños es trabajar con Álex de la Iglesia. Me gusta mucho lo que hace, desde siempre. Es todo humor y lo que hace me hace reír muchísimo; es uno de mis directores favoritos, así que ojalá nos lea. Pero obviamente hay otros. Vamos poco a poco… Hay muchas conexiones…

¿Cómo es esa relación con la danza llevada al cine, cómo mueve la propia película? Háblanos de esos dos mundos que has conseguido aunar y que, además, has fundido para ofrecer mayor dignidad y posibilidades a otros bailarines.

La danza, a fin de cuentas, es un arte muy visual. Por medio de una imagen te puede decir muchísimas cosas. Si me invita a formar parte de ese lenguaje uno de esos monstruos que hacen guiones increíbles, me parece extraordinario. A mí me gusta entender el porqué de las historias, de dónde vienen, no solo el resultado estético. Me gusta esa unión con el movimiento y llegar a la raíz de ese movimiento. ¿Qué te está diciendo, qué quiere transmitir la película? ¿Qué figura visual puedes crear? Todo eso me mueve. Recuerdo la primera vez que vi West Side Story. Dije, wow… No puede ser que se hiciera hace tanto tiempo y siga siendo actual, que los pasos estén tan increíbles y esa vitalidad… Creo que el cine es una gran plataforma para mostrar la danza. ¿Cuántas películas hay sin danza? Casi todas tienen. De hecho, a mí me extraña que no haya un Óscar al mejor coreógrafo. Ya después me explicaron que tal vez había una especie de disputa por el público y que por ese motivo no le quisieron dar su espacio a los coreógrafos. El teatro es sagrado también, increíble, pero esto tiene otra manera de contarse.