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TRANSFORMACIÓN | 23.10.2020

La arquitectura repiensa el hogar: luminoso, adaptable y abierto al mundo

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Ésta es la primera de dos entrevistas en las que analizamos los cambios que se han producido en nuestros hogares por la pandemia, y también las tendencias que marcarán barrios, pueblos y ciudades. Damos voz a seis expertos quienes, desde la arquitectura, reflexionan sobre la transformación que vendrá para amoldarlos a las “nuevas realidades”.

¿Qué hemos descubierto de nuestros propios hogares, con tanto tiempo entre cuatro paredes?

Héctor Fernández: Todo el mundo, en general, ha realizado una mirada introspectiva y a la vez crítica de los hábitats en los que vivimos. Me refiero tanto a la reflexión que hemos hecho tanto de las ciudades, como de nuestras casas. Hasta el punto que aquellos que no tienen una relación clara con el sector han reflexionado sobre ello. ¿Quién no ha echado de menos algo más de luz? Lo que se observa a lo largo del día por las ventanas, aquello que se escucha o adaptar la vivienda al trabajo. Hasta ahora esta reflexión no se había producido de manera tan general y, sin duda, hará que nuestras viviendas y ciudades cambien. Puede que no de un día para otro, pero seguro en los próximos años.

Jesús Donaire y María Milans: Las viviendas, sobre todo aquellas de la ciudad actual, no están pensadas ni proporcionadas para ser ocupadas en largos periodos de tiempo como los que lamentablemente hemos pasado. Nuestras vidas contemporáneas ocupan diversos espacios en la ciudad cosmopolita que forman parte de una actitud nómada: los restaurantes son extensiones de nuestros comedores, los parques, cines o teatros, son extensiones de nuestros salones, los gimnasios son extensiones de nuestra parte más hedonista del cuidado al cuerpo, y los hoteles son extensiones de nuestros dormitorios. Por eso la vida en confinamiento ha sido difícil de encajar en nuestra estructura vital. Esta dificultad nos ha hecho ser más creativos y nos ha ayudado a optimizar mejor nuestros hogares.

Nathalie Montoya: Para los arquitectos ha sido toda una novedad, un monumental “jalón de orejas”, porque hemos pasado a sufrir como cualquier usuario la tiranía de nuestras creaciones. Estar confinados ha sido una experiencia retadora, aun quienes tienen el privilegio de tener una casa con jardín han visto reducirse su mundo a un recorrido conocido y repetitivo. El mundo ha pasado a discurrir entre estancias de lo que antes era el dominio de la intimidad. Y para nuestra sorpresa, esas estancias no habían estado tan pensadas o bien concebidas como nos habría gustado… Estrechas en ocasiones, sombrías, inextricables, ocluidas, frías… El mundo de la vivienda colectiva comercial ha quedado al desnudo denunciando la miseria en que se ha convertido el espacio que debería ser refugio de los sueños del ser humano, la casa del hombre que bellamente definía Le Corbusier como “el estuche de la vida”.

Carlos García y Begoña de Abajo: Disfrutar de la vivienda las 24 horas del día ha hecho que muchas personas hayan descubierto cuestiones que los arquitectos reivindicamos como primordiales y que deberían ser decisivas a la hora de elegir dónde queremos y vivir y, sin embargo, aún no habían calado en la sociedad: la orientación de la vivienda y de cada estancia en particular, la importancia de la luz natural y de la ventilación cruzada, el valor de la naturaleza, de la vegetación y de los árboles caducos que protegen del sol en verano, pero dejan pasar los rayos de sol en invierno… Otra cuestión que la historia de la arquitectura ha trabajado muchísimo -y sin embargo no ha transformado las viviendas convencionales todavía- es la flexibilidad del espacio, la capacidad de las estancias para adaptarse a distintos usos con pocos cambios, incluso la posibilidad de desarrollar varios usos en una misma estancia en un mismo día.

¿Qué estancias han triunfado en estos meses?

Héctor Fernández: En los nuevos proyectos domésticos ha surgido una constante de conversación en el estudio. Tiene que ver con la polivalencia de las casas y sus estancias; el salón tiene que poder ser despacho, al igual que la cocina, el recibidor, etc. Es decir, no creemos que en la mayoría de las viviendas surja en el futuro próximo una habitación dedicada solo al trabajo, ya que la economía no lo suele permitir y tampoco es cómodo reunir a varios miembros de la familia a teletrabajar o participar en las clases online, sino que las estancias de la casa deben convivir con la posibilidad de trabajar. De ahí la polivalencia de usos a la que me refería, con una gestión sostenible de los tamaños de las casas para hacerlo viable.

Jesús Donaire y María Milans: Los espacios más comunes de la vivienda, como salones, comedores y cocinas se han convertido en espacios muy flexibles donde, aparte de los usos propios, se han convertido en espacios de trabajo o ejercicio. Los horarios de esas actividades también se han adecuado al tipo de luz que entraba por nuestras ventanas. Hemos buscado los mejores ángulos y tipos de iluminación desde donde ser vistos a través de dispositivos móviles, nuestra conexión y ventana al mundo. En algunos casos hemos tenido tiempo, algo escaso en nuestras frenéticas vidas, necesario para ordenar y deshacernos de aquello que era prescindible. Las estancias más valoradas serían aquellas bien iluminadas y los espacios exteriores como balcones, terrazas, etcetera. ¿Cuánta gente ha vuelto a sus terrazas después de haberlas tenido como espacios de almacenamiento durante años?

Nathalie Montoya: El nuevo paradigma doméstico lo redibujan la cocina, la habitación y el espacio verde «comodín»  (patio, terraza-jardín, balcón, jardín vertical, cualquiera que el tamaño permita adaptar e incorporar a la vivienda), estancias que lo permiten todo: trabajar, descansar, cultivar el cuerpo, el ocio y la vida lúdica, individual, familiar e incluso colectiva, y que pueden transformarse en el tiempo y ser usadas, incluso si hay pandemia. Se revalúan algunas que consumen espacio y que han ido perdiendo jerarquía y uso en los modos de vida actuales, como el comedor formal y la sala, en las cuales posibilitar la flexibilidad, la transformación y la cohabitación de actividades debe ser una premisa central.

Carlos García y Begoña de Abajo: Esta situación lo que ha hecho es precipitar que ocurran algunas cosas, y confiamos en que el teletrabajo dé paso a nuevas dinámicas profesionales que favorezcan la conciliación: trabajo por objetivos y teletrabajo combinado con la presencialidad en muchas empresas. Es algo que realmente puede modificar nuestras rutinas y, con ello, la organización de los espacios donde vivimos, porque de repente implica pasar más horas en casa, y surge no solo la necesidad de espacios para trabajar, sino de preocuparnos por el ahorro energético de nuestras viviendas al consumir más luz y calefacción.

Casa entre tapiales – Photo © Asier Rua

La casa del futuro próximo, en su opinión, ¿tendrás más de oficina con cocina o de refugio con despacho?

Héctor Fernández: A todos nos ha costado adaptar el trabajo al entorno doméstico. Incluso aquellos que teletrabajaban habitualmente han tenido que compaginar y compartir espacio con sus parejas o hijos. ¿Quién no ha sufrido esas conversaciones cruzadas o tener que repartirse el espacio de trabajo? Sin duda, esta circunstancia ha llegado para quedarse y las ventajas pueden ser muchas, pero nuestras viviendas deben repensarse. La casa seguirá siendo nuestro hogar, nuestro refugio, y la inclusión del trabajo se adaptará a él, pero nunca lo sustituirá. A ello ayudará la tecnología: qué fácil es cerrar el portátil, guardarlo en un cajón y reconvertir en dormitorio, cocina o salón una habitación que había funcionado puntualmente como oficina.

Jesús Donaire y María Milans: La vivienda debe ser siempre nuestro lugar de referencia, nuestra guarida, sin duda, un refugio con despacho. Es el centro de gravedad donde nuestra mente puede desconectar y donde podemos sentirnos más cómodos y protegidos (la cabaña primitiva de Laurgier, o la relación antropológica entre el hombre y su entorno). En este sentido la casa del futuro seguirá siendo -esperamos que así sea- un refugio en el que tendremos que ceder espacio al teletrabajo, intentando que esta actividad se integre sin llegar a ser protagonista. Para eso hemos de poner nuestros propios límites personales, pero también físicos a través de la arquitectura y el diseño del mobiliario, que son nuestros mejores aliados para conseguir que esta integración respete nuestro tiempo de descanso, nuestro tiempo más social, el quality time que llaman los estadounidenses. La casa es principalmente un espacio de protección a nivel tanto físico (calor, frío, lluvia, etc.), como psicológico (lugar de descanso, desconexión y de intimidad), por lo que hay que impedir que el espacio de trabajo lo invada todo.

Nathalie Montoya: Oscilará entre estas dos tensiones y, sin duda, tendrá mucho más de jardín con casa, que de casa con plantas decorativas. La necesidad de respirar y estar en contacto con la naturaleza ha sido puesta en relieve por el encierro, así, llevar huertas y jardines prolíficos, casi selváticos, a la aridez de los pisos altos, a los edificios de vivienda colectiva, se convierte en un imperativo para la nueva arquitectura de lo doméstico. Lo “verde” entendido como un material más de construcción, no como diorama moderno para contemplar y abstraerse, sino como material prosaico y casi terapéutico, para embarrase los manos y los pies y llevar tomates y albahacas desde el balcón a nuestra mesa. Ahora bien, una dimensión que entra con fuerza es la de espacio público con casa, ya que si nuestra socialidad es más “segura” entre las paredes de la vivienda, el espacio íntimo debe proveer también lugares y estancias para la recreación, la lúdica y el encuentro entre familia y vecinos próximos, cumpliendo parte del rol que antes albergaban parques, plazas, bares y discotecas. Por otro lado, la buena arquitectura sigue a la orden del día en sus pilares esenciales: luz, confort, flexibilidad, materiales adecuados, ergonomía y calidad espacial.

Carlos García y Begoña de Abajo: Ojalá la casa del futuro próximo tenga las dos cosas, es decir, sea suficientemente flexible como para adaptarse a ser una gran cocina comedor, un maravilloso despacho y un hogar todo en uno, sin que ninguna de las tres pierda calidad. Para ello, las viviendas tienen que despojarse de una gran carga social, de un imaginario colectivo que no coincide con cómo se vive a día de hoy y que hace que asociemos, por ejemplo, la habitación más grande con dos enchufes y dos interruptores centrados en una pared con la habitación principal y esa pared con la cama de matrimonio, o la más pequeña con la habitación de invitados. ¿Tienen realmente que tener las habitaciones distintos tamaños? O el hecho de que todos los salones tengan una gran mesa de comedor que solo se utiliza dos veces al año para comidas familiares. ¿No podría una gran mesa servir para trabajar, reunirse, comer en familia o con amigos?

¿Están recurriendo a algún tipo de travesura para evitar el aburrimiento, el hastío ante el refugio conocido?  

Héctor Fernández: Durante este tiempo no conozco a un solo arquitecto o alumno de arquitectura que no haya teorizado al respecto. En mi caso tengo varias libretas de sueños inconexos dibujados de mi propia casa y de las transformaciones que podríamos hacer.

Jesús Donaire y María Milans: En muchos casos hemos aprendido a ser niños de nuevo y a sacar mucho más partido al espacio y a los muebles. Igual que un niño es capaz de “construir” una cabaña debajo de una mesa, muchos adultos hemos tenido que jugar con lo que tenemos para acomodar actividades que normalmente no se hacían en casa, tal y como se enuncia en «Casa Collage, Un Ensayo Sobre la Arquitectura de la Casa», de Xavier Monteys & Pere Fuertes, donde hacen referencia a cómo permitirnos discurrir sobre el uso que adjudicamos a las partes y elementos de la casa, para concluir que otros usos, aunque aparentemente inadecuados, no son más que una forma de crítica de la arquitectura doméstica. Nuestros últimos proyectos intentan potenciar la idea de flexibilidad de los espacios. De esta manera no solo atendemos a los cambios programáticos, sino que podemos controlar más los grados de transparencia y continuidad de los usos, propiciando la interdisciplinaridad y la desaparición de límites entre el espacio privado y el espacio público. Edificios o espacios más sociales, sin barreras. Una idea de porosidad física y visual.

Nathalie Montoya: El mueble como dispositivo que transforma y perfecciona el espacio vuelve a ser protagonista y articulador entre la escala de la arquitectura y la del objeto. Así, recurrir a artilugios que otorguen versatilidad y capacidad de redecorar el espacio para que cumpla simultáneamente, una o dos funciones y atienda una o dos temporalidades dentro de la casa es importante: muros deslizantes, muros útiles, muebles empotrados y dispositivos como biombos, rieles, paneles, librerías que permitan dividir, transformar y sacar provecho de los rincones en maneras diversas. Eliminar el exceso de paredes rígidas y que cierran el espacio haciéndolo laberíntico y oscuro es una herramienta de efectos dramáticos. Los casetones invertidos dentro de los forjados -actúan como una cama de tierra fértil- permitiendo conseguir huertas con árboles de sorprendente tamaño, aun dentro de un piso alto y cerrado. Recurrir a una paleta de materiales locales, artesanales, tradicionales y sostenibles aporta el valor de un sentido hogareño y cálido al espacio doméstico. También la pintura, los forros en metal y los espejos (muy a la manera de Mies van der Rohe) siguen siendo útiles y de bajo coste para introducir efectos ópticos de amplitud, multiplicación y luminosidad en las estancias menos favorecidas.  

Carlos García y Begoña de Abajo: Diseñar fachadas con grandes huecos para iluminar, ventilar y permitir una mayor relación con el exterior, siempre considerando los aspectos energéticos mediante la elección de las orientaciones adecuadas o las protecciones oportunas, debe ser la tendencia para mejorar las viviendas. La madera como sistema constructivo es también una elección responsable y respetuosa con el medio ambiente por la reducción de la huella de carbono que aporta. Es importante entender que, en arquitectura y, en concreto, en la construcción de viviendas, se puede utilizar el modelo estratégico de la economía circular, comenzando por la rehabilitación de edificios frente a la nueva construcción. Si algo debemos aprender de esta crisis es que la salubridad, la calidad espacial y, en mayor grado, el respeto por el medio ambiente y el cuidado del planeta son clave para la prevención de futuras pandemias.

Sobre ellos:

Héctor Fernández Elorza se formó como arquitecto en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, ETSAM, en 1998 en las especialidades de Urbanismo y Edificación, donde es Profesor en el Departamento de Proyectos Arquitectónicos de la ETSAM desde 2001. Becado por la Unión Europea durante su etapa de formación estudió en el Darmstadt Institute of Technology y en la Technical Royal Institute of Stockholm KTH. Profesor invitado en universidades y conferenciante, tiene en su haber distintos premios de arquitectura.

 

Después de varias colaboraciones puntuales en los últimos años, Jesús Donaire y María Milans del Bosch fundan su estudio en Madrid. Ambas trayectorias suman prestigiosos premios, publicaciones y reconocimientos internacionales.

 

 

Paralelamente a su actividad profesional, desarrollan una amplia labor docente en la Universidad Politécnica de Madrid, el Politécnico de Milán y la NJIT de New Jersey.

 

Nathalie Montoya es arquitecta por la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín y Magíster en Arquitectura por la misma universidad, con estudios de Maestría en Cultura de las Metrópolis de la UPC, Barcelona. Desde 1996 es profesora asociada de la Universidad Nacional de Colombia y directora del “Grupo de Estudios en Arquitectura y Urbanística”. Tiene mención en la XVI Bienal de Arquitectura de Colombia. Cofundadora y socia de su propio estudio, ML Arquitectos, con el cual ha ganado diversos reconocimientos. Expositora, conferenciante y profesora invitada en diversas universidades.

 

deAbajoGarcía es un estudio de arquitectura fundado por la pareja que forman Carlos García Fernández (1982, Cangas del Narcea, Asturias) y Begoña de Abajo Castrillo (1986, León). Se creó en Nueva York en 2013 y actualmente tiene base en Madrid.  Formados en la Escuela de Arquitectura de Madrid (ETSAM), han sido becarios Fulbright por la Universidad de Columbia en Nueva York, donde han realizado el Master of Science in Advance Architectural Design. En paralelo a su práctica profesional desarrollan su labor docente e investigadora en la Universidad Politécnica de Madrid.