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SOSTENIBILIDAD| 19.04.2021

Frenar el cambio climático, la gran batalla que deben librar las empresas de todo el mundo

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Las empresas son el principal motor de desarrollo en los países y, como tal, han de dar un paso adelante en la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, el esfuerzo por ahora es insuficiente.

Running hot: accelerating Europe’s path to Paris” es el nombre de un informe publicado por CDP, una ONG encargada de gestionar el sistema mundial de divulgación medioambiental, y en él se deja muy claro que la mayor parte de las empresas europeas tienen que multiplicar por ocho sus esfuerzos si se quieren alcanzar las metas fijadas en el Acuerdo de París de 2015 de cara al año 2030.

Y es que, aunque en el documento se reconocen los avances realizados hasta el momento, también considera que el sector empresarial está librando una batalla que aún está muy lejos de ganar. “Con menos de 1 de cada 10 empresas con objetivos suficientemente ambiciosos, nuestros nuevos datos muestran que necesitamos muchas más medidas por parte de las empresas y las instituciones financieras para cumplir los objetivos. Los bancos y los inversores tienen sus propias grandes ambiciones: ahora necesitamos que se comprometan más con las empresas para elevar el nivel de divulgación y de acción, de modo que aceleremos el camino de Europa hacia París y para que se produzca el Acuerdo Verde Europeo”, ha explicado al respecto Maxfield Weiss, Director Ejecutivo de CDP Europa.


Brotes verdes insuficientes… por ahora 

Sobre la cifra que apunta Weiss, el informe apunta que el 95% de los préstamos a empresas en el Viejo Continente proceden de bancos que tienen como principal aspiración alinearse con el Acuerdo de París. Sin embargo, menos del 10% de las empresas a las que financian se han marcado los objetivos suficientes para lograr la meta global de llegar al año 2050 por debajo de un aumento de dos grados en la temperatura. Y por ello, se coteja la posibilidad de que los bancos probablemente necesiten ajustar sus carteras de préstamos en un 20% – 30%.

Por otro lado, en la investigación de CDC también se desvela que las mejores empresas consiguieron reducir las emisiones contaminantes un 15% en el último año, aunque no de un modo uniforme en todos los sectores. A pesar de todo, se vislumbran brotes verdes que podrían darle la vuelta a la situación actual. Por ejemplo, el informe estima que el 56% de las empresas cuentan con un plan de transición (más del 75% en el sector energético).

Un buen ejemplo de compromiso se puede observar en el Plan Estratégico de Eficiencia Energética y Cambio Climático 2014-2020 de Mapfre, gracias al cual se cerró el pasado 2019 reduciendo un 56% las toneladas de gases de efecto invernadero con respecto a las cifras de 2013 y superando con creces el 20% de compromiso inicial, tal y como se puede comprobar en el Informe Integrado 2020.

Repercusiones en países menos desarrollados

Las acciones que se están llevando a cabo en la Unión Europea se encuentran entre las más avanzadas de todo el mundo. No en vano, resultan necesarias, ya que los 28 países que forman la UE son responsables del 9,2% de las emisiones, situando al conjunto en el tercer escalafón mundial solo por detrás de China y Estados Unidos.

Sin embargo, desde otras latitudes no consideran que sean las más adecuadas. Por ejemplo, tal y como se puede leer en DW.com, acaba de formarse la Plataforma Latinoamericana y del Caribe por la Justicia Climática, y en el acto de presentación Ivonne Yanez, responsable de cambio climático de Acción Ecológica de Ecuador, expuso a ese medio que “aunque la Unión Europea se ha planteado metas hacia el 2030 de un 40% de reducción de emisiones y de tener un 32% de energías renovables, sabemos que ese 40% será con comercio de emisiones y compensaciones; por otro lado, la meta del 32% de renovables tiene consecuencias en otros lugares del mundo”.

De hecho, esta plataforma incide en exigir a los gobiernos de los países desarrollados la deuda ambiental y ecológica que tienen con los países en desarrollo afectados por el cambio climático. Y es que, zonas como el Caribe y los estados centroamericanos sufren buena parte del impacto provocado por el aumento de las temperaturas.

Cero emisiones, más trabajo

Más allá de que se tengan en cuenta este tipo de reclamaciones, lo que demuestran tales exigencias es que la batalla contra el cambio climático no se puede librar en solitario y no entiende de fronteras. Y son las empresas las que han de colaborar con los gobiernos para llevar a cabo la necesaria transición, puesto que al tiempo que son los motores de la sociedad, también son causantes de buena parte de la emisión de gases de efecto invernadero.

No cabe duda de que la situación actual no ayuda a que se puedan tomar las medidas oportunas o se lleven a cabo las inversiones que requiera el proceso de transformación, pero el tiempo apremia y, además, se trata de una decisión estratégica que puede marcar el devenir de la organización.

Sobre esto se ha investigado en un informe de la Organización Internacional del Trabajo y el Banco Interamericano de Desarrollo, en el que se asegura que la transición a una economía de cero emisiones netas en carbono podría llegar a crear hasta 15 millones de empleos en América Latina y el Caribe antes del año 2030. Además, ayudaría a abordar temas como la desigualdad y sería el motor para un crecimiento inclusivo.

Esos 15 millones serían los resultantes de restar los 7,5 millones de empleos que desaparecerían en la producción de electricidad generada por combustibles fósiles, su extracción y la producción de alimentos de origen animal, a los 22,5 millones que se crearían en agricultura y producción de alimentos procedentes de plantas, electricidad renovable, silvicultura, construcción y manufactura.

China y Estados Unidos

En este escenario, donde las empresas tienen el difícil reto de cumplir los objetivos del Acuerdo de París, serán clave las decisiones que se tomen tanto en China como en Estados Unidos, las dos principales potencias económicas del mundo y también los dos países que más contaminan según el Emissions Gap Report del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA): China emite el 26,6% y EE.UU. el 13,1%.

Recientemente se ha producido un acercamiento entre estos estados, que debe repercutir en un mayor respeto por el medioambiente por parte de ambas economías. Por lo pronto, tras su nombramiento como presidente de Estados Unidos, Joe Biden anunció que volvían al Acuerdo de París tras el abandono durante el mandato de Donald Trump. Además, el programa de Biden pasa por invertir unos 2.000 millones de dólares durante la próxima década.

El objetivo es que en 2050, Estados Unidos consiga ser un país de cero emisiones. Para ello, su tejido empresarial deberá dar un paso adelante, tal y como ha de suceder en Europa y como habrá de replicarse en la mayor parte de los países del mundo si se quiere frenar el desastroso cambio climático.

Plan de estrategia 

Para lograrlo, cada organización tendrá que seguir una estrategia de acciones muy bien definida para que la vorágine propia de su actividad no eche por tierra los esfuerzos que se hayan de realizar. En este caso, Mapfre también sirve como ejemplo al centrarse en cuatro palancas que definen la estrategia:

  • la integración de la variable cambio climático en el negocio, a través de la incorporación de las recomendaciones de la Task Force on Climate-related Financial Disclosures (TCFD) en la planificación financiera;
  • la reducción de la huella ambiental del Grupo a través de la rigurosa y completa medición de la misma y el establecimiento de objetivos de neutralidad de carbono;
  • el fomento de la economía circular, minimizando la generación de residuos de la actividad;
  • la preservación de la biodiversidad, sensibilizando y apoyando iniciativas de protección de los ecosistemas más sensibles a los efectos del cambio climático.