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ECONOMÍA| 06.05.2021

Criptoarte: el boom de las nuevas inversiones NFT en pandemia

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Las obras digitales NFT -acrónimo de tokens no fungibles (non-fungible tokens), relacionados con la tecnología Blockchain- están haciendo ruido en el mundo de la inversión. Alberto Matellán, economista jefe de MAPFRE Inversión, alerta sobre esta nueva tendencia, que ofrece la posibilidad de adquirir una especie de vale digital que acredita la propiedad sobre una “obra de arte digital”.

El NFT puede definirse como un título de propiedad sobre algo, normalmente una obra de arte digital, pero también sobre vídeos que pueden estar colgados en plataformas públicas o cualquier otro archivo multimedia.

Se trata de un documento electrónico que asegura la propiedad de esa obra y,  para hacerlo, se basa en la Blockchain. Comparando con el mundo real, sería equivalente a la escritura de propiedad de un inmueble, solo que en este caso mediante un soporte digital de alta seguridad”, explica Alberto Matellán, economista jefe de MAPFRE Inversión.

Guarda parecido con el mercado tradicional, en el que hay coleccionistas o inversores dispuestos a pagar por cromos antiguos, sellos, etcétera, pero con la particularidad de que la obra suele tener muy poco valor por sí misma. Una obra de arte tradicional, o los artículos de coleccionista, tienen el valor de su exclusividad, dificultad para ser reproducidos o el disfrute de la contemplación o escucha que producen, como ocurre con las obras de arte más reputadas.

 

Cuestión de valor

Por el momento, esto no sucede con los NFT, alerta Matellán. El título de propiedad no impide que otros puedan disfrutar la misma obra, si la misma está alojada en algún lugar de acceso público (por ejemplo, un vídeo en Youtube). Además, se da la paradoja de que, si bien la obra puede estar alojada en un lugar de acceso público, el NFT normalmente no lo está, lo que en ocasiones provoca que el NFT desaparezca, al desaparecer el servidor donde se aloja, por ejemplo, si quiebra la empresa que lo mantiene. Como si el dueño del inmueble depositara la escritura de propiedad en una entidad y ésta desapareciera y con ella, las escrituras. En esa situación sería imposible demostrar que el inmueble es suyo.

Alberto Matellán, economista jefe de MAPFRE Inversión, abunda en la explicación: “Aquello por lo que se pagan cuantías cada vez más astronómicas es la escritura en sí misma, que lleva, obviamente, aparejada la propiedad del inmueble. Pero si la obra subyacente está alojada en un lugar público sería como si el inmueble fuese de uso público también. De hecho, el emisor del NFT ni siquiera debe tener la propiedad del subyacente. Basta con que dicho subyacente no tenga un dueño demostrable aún, lo que -a su juicio- abre posibilidades tan peligrosas como absurdas.

Fuera del concepto de inversión

Para Matellán, todo lo anterior demuestra varias cosas. “En primer lugar que los precios que se están pagando en el mercado secundario por los NFT tienen muy poco sentido y obedecen, en su gran mayoría, a la atención que reciben por tratarse de una tecnología nueva”, apunta. “Pero el valor intrínseco de sus subyacentes es muy reducido. Por esta razón, para nosotros no entra dentro del concepto de inversión, de forma similar a lo que ocurría con las criptodivisas, con las que comparten la tecnología con la que se construyen: blockchain”, añade.

Según Alberto Matellán, “el NFT puede tener mucho futuro como un medio más seguro para asegurar la propiedad u otro tipo de documentos que requieran o proporcionen alguna acreditación fehaciente. Desde este punto de vista, tienen potencial para modificar muchos procesos económicos en el futuro. Pero en la actualidad, y como inversión, personalmente los calificaría como burbuja o apuesta, antes que como un activo invertible”, matiza.

¿Ante una burbuja?

Los defensores de esta fiebre de NFT sostienen que la creación digital se beneficia del trabajo, suprimiendo intermediarios y comercializando obras directamente al comprador. La realidad es que estos activos, que existen únicamente en forma digital con Blockchain actuando como registro de contabilidad público para confirmar la propiedad, atraen por las mismas razones que Bitcoin; comprar algo que poder revender a un precio superior en poco tiempo.

La casa de subastas Sotheby’s ha sido testigo de un hito: un NFT de un píxel gris ha sido adquirido por 1,36 millones de dólares, tras apenas hora y media de puja. Hace semanas, un píxel rojo se vendía por 7.154 dólares. Si nos remontamos en el tiempo en 2005 los interesados en un píxel pagaban 1 dólar.

Recientemente, un inversor conocido como Beeple vendió en Christie’s su obra digital Everyday: The First 5.000 Days, por 69,3 millones de dólares, situándose entre las más caras del criptoarte. Pero se están marcando nuevos récords continuamente, aunque adquirir una representación digital de un Picasso o un Egon Schiele no signifique poseer el original.