Madrid 1,774 EUR 0,01 (0,8 %)
ZoomTalento Prensa

5
continentes

 

34.000
empleados

Asumimos la parte que nos toca en el desarrollo sostenible

Trabajamos con el conocimiento y la reflexión para crear debate público

Apostamos por la comunicación clara y transparente

M

INNOVACIÓN| 21.04.2021

NFT, el metaverso y qué esperar de esta tecnología

Marta Villalba

Esteban Viso

Uno de los acrónimos de moda durante las últimas semanas es, sin duda, NFT. Los Non Fungible Token son la última revolución que llega como aplicación de la tecnología blockchain. Y llegan no exentos de polémica. Hay quien ve en ellos una trampa; hay quien ve una oportunidad. ¿La verdad? Difícil de decir, pero podemos empezar por saber qué es exactamente un NFT.

Empecemos por el principio: qué es un token. Se conoce así a un elemento de datos no sensible (es decir, sin valor de explotación alguno) que contiene una referencia al contenido sensible, al que solo se puede acceder a través del proceso de tokenización original.

En pocas palabras, un token es el equivalente a un «vale por un…» cuando queremos regalar algo a una persona que puede canjear cuando quiera. De esta manera, si tenemos un token que equivale a una tostadora, lo podremos canjear cuando queramos por ese objeto físico; si el token equivale a 0,001 bitcoins, su poseedor lo podrá canjear cuando desee, y recibirá el valor que tenga en ese momento en euros o en dólares.

En el ejemplo que acabamos de ver, el token es fungible porque se puede intercambiar por dinero real y, por tanto, se puede gastar. No es el caso de los NFT, que jamás pierden su valor porque representan, o equivalen, a un intangible.

 

Entonces, ¿qué es un NFT?

Cualquier cosa que creemos y publiquemos en Internet es un intangible susceptible de ser asociado a un NFT, a un token inmutable que hace las funciones de un certificado de autenticidad. Es decir, podemos asociar una imagen de pixelart, una animación digital, un monólogo, una creación literaria, una emisión en directo… Cualquier cosa.

Ese «activo» (ahora explicaremos el porqué de las comillas) se asociará a una transacción en una cadena de bloques (blockchain), que es normalmente Ethereum, pero que empieza a estar presente en otras cadenas conocidas.

Al asociar el activo con la cadena de bloques, al quedar indefectiblemente atado a ese bloque, se obtiene un NFT. Y puede tener un valor incalculable, o un valor nulo. Todo va a depender de una cosa que los humanos practicamos desde hace cientos de años: el coleccionismo.

Seth Godin nos propone una definición muy exacta:

¿Qué es un NFT? Es un token digital (de la misma manera que un Bitcoin es un token digital) excepto que es uno y único, como un Honus Wagner [un jugador de béisbol], sólo hay uno. Uno de estos tokens puede referirse a otra cosa (un vídeo de un tiro de baloncesto, un cuadro al óleo, incluso esta entrada del blog) pero no es esa cosa. Es simplemente una ficha autorizada por la persona que la hizo para ser la única.

Para entender NFT tenemos que entender el coleccionismo

Es necesario entender qué hay detrás de esa pulsión que lleva a algunas personas a desear tanto la posesión de algo como para desembolsar miles (o millones) de euros y hacerse con ello. No es fácil de asimilar si no sentimos eso, y por ese motivo, explicar NFT es tan complicado.

El ejemplo más universal de coleccionismo es el álbum de cromos. Los niños saben que juntar la colección entera es difícil, porque algunos cromos no salen con tanta frecuencia como otros. Por poner un ejemplo, un jugador de primera división de un equipo grande saldrá con menos frecuencia que un reserva del colista.

Esa escasez hace que esos cromos aumenten de valor progresivamente. Valdrán más cuantos menos cromos «repe» existan. Los niños empezarán a ofrecer cantidades más altas de cromos alternativos de menor valor para poder «adquirir» ese que les falta para completar la colección. Se podría llegar a ofrecer una cantidad absurda de cromos solo para terminar el álbum. ¿Qué sentido tiene hacerlo? La sensación de completitud, de poseer algo raro (o único, en el caso más extremo).

Por ese mismo motivo, el primer tweet de la historia se ha comprado por casi tres millones de dólares. ¿Para qué? Para ser la única persona que lo posea en el mundo. Y, bajo esa idea, podemos pensar en otros ejemplos como este. O, citando a Enrique Dans:

Mike Winkelmann, conocido como Beeple, que se propuso hace años crear una imagen cada día, y ahora ha decidido ponerlas todas juntas, anclarlas en Ethereum, y vender esa obra digital en Christie’s en una subasta que superó los sesenta y nueve millones de euros.

 Se entiende, entonces, que el valor de NFT es certificar la condición de «cosa única» de la creación digital asociada. Y esa creación digital puede ser cualquier cosa.

Ahora se explica por qué entrecomillábamos «activo» más arriba en el artículo: el objeto asociado al NFT se puede convertir en algo deseable por la comunidad de coleccionistas (de arte, o de cualquier cosa) y se produce una espiral especulativa que hace que alcance, si se dan las condiciones idóneas, valores estratosféricos.

El metaverso y el NFT

Entramos en honduras al intentar explicar la relación entre NFT y el metaverso. Para empezar, un metaverso es un entorno en el que los humanos interactúan (social y económicamente) a través de sus avatares. Es decir, en un mundo virtual (¿recordamos Second Life?) al que los usuarios se conectan, se establece una serie de reglas de participación en una especie de metáfora del mundo real.

Eso sí, sin las limitaciones de nuestro mundo. La novela «Ready Player One» plantea un metaverso en el que la población mundial en una fantasía distópica vive gran parte de su existencia dentro de una red de realidad virtual en la que tienen empleo, ocio, y todo lo necesario para desarrollarse.

Cuando hablamos de NFT y el metaverso damos un paso más. Esto es algo que puede chocar mucho a cualquier persona ajena al mundillo, pero en esta newsletter nos dan la clave para entender qué está empezando a suceder (o qué potencial tiene la combinación del metaverso con NFT):

Un participante puede pasear por un centro comercial virtual y comprar un disfraz digital de Mickey Mouse en la tienda de Disney para que su avatar se lo ponga, luego ir a la planta de restauración para elegir algo que se le entregue en su casa física a través de Uber Eats, y después ir a un concierto de los Beatles en directo en el Centro de Artes Escénicas de Spotify. Puede mantener el concierto en sus AirPods en Spotify cuando quiera salir a correr en el mundo físico, compitiendo con sus amigos […] Todo ello es perfecto: sus datos y compras se transfieren entre los mundos físico y digital.

Aquí se plantea el trasvase efectivo de recursos (datos, compras) entre dos universos, el real y el virtual. Entra en escena Web3, o la Internet descentralizada, que es la llave que puede unir NFT con el metaverso y permitirnos (así lo afirman algunos expertos) adentrarnos en un nuevo mundo que es, si nos ponemos fantasiosos, una especie de copia del mundo que se representa en Ready Player One.