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TRANSFORMACIÓN| 07.10.2020

Los pueblos idean soluciones en su lucha contra la despoblación

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Las consecuencias de la pandemia están disparando la alerta en muchos municipios en riesgo de despoblación, uno de los peores enemigos del desarrollo sostenible y el medio ambiente, territorios clave del compromiso social de MAPFRE. En contraste, esos mismos entornos más saludables, alejados de la aglomeración de las urbes, han ganado atractivo con el auge del teletrabajo y su valor intrínseco como lugares refugio.

Vulnerables por el envejecimiento de su población, la falta de infraestructuras y con economías que agonizan, estos pueblos también dan ejemplo a la hora de enfrentarse a los desafíos con novedosas iniciativas. San Esteban del Valle, pueblo abulense del Valle del Tiétar, es un ejemplo de pequeño edén, aunque está en riesgo y más del 60% de la población supera los 50 años y, de él, un alto porcentaje rebasa los 75.

En palabras de su alcaldesa, Almudena García, hay que “intentarlo todo” para reavivar y dinamizar la economía y el empleo. Recientemente ha obtenido apoyo financiero para construir un centro de actividades -pilar del reto demográfico contra la despoblación- que permitirá atender a las personas mayores y, a la vez, crear puestos de trabajo que den futuro a la población en el pueblo. La iniciativa, que engloba un replanteamiento de residencia, ha sido reconocida como modelo de trabajo transversal para, desde el urbanismo, conseguir un futuro mejor para todos.

 

Pregunta: El proyecto Reto Demográfico y la estrategia contra la despoblación de San Esteban han sido muy bien valorados. ¿Qué pretenden conseguir? 

Respuesta: Cuando nos planteamos hacer el Plan Estratégico contra la despoblación lo que pretendimos fue estar preparados para que cuando pudiéramos contar con la mínima ayuda de las Administraciones u oportunidades, vinieran de donde vinieran, se pudieran aprovechar. También, concienciar a la gente, porque al principio decían en el pueblo “cada vez se va más gente”, pero no eran conscientes de la gravedad de la situación. Dentro de este plan se contemplan diferentes campos: nuestro potencial en agricultura, la orografía de este lugar donde podemos producir de todo, las debilidades, y todo se enfocó en conseguir retomar el proyecto del centro de actividades, que estaba paralizado,  para lograr un espacio de actividades multidisciplinar que cubriera la atención a los mayores, dependientes y no dependientes, porque nuestra población está muy envejecida, y recuperar un lugar físico donde celebrar actividades culturales, brindárselo a los jóvenes para arrancar proyectos, trasladar la biblioteca y, en definitiva, dinamizar la vida social y cultural de este pueblo que es lo que te mantiene vivo en invierno, cuando quedamos cuatro gatos.  Esto fue bien valorado, porque somos un pueblo pequeño capaz de plantear salidas reales y que busca soluciones.

¿En qué medida han afectado estos meses de parón por la pandemia? ¿Han modificado alguno de sus propósitos o demorado alguna acción?

El centro de actividades era un proyecto que llevaban moviendo las distintas corporaciones desde 2006 y, por razones de todo tipo, se había ido demorando. Cuando por fin lo lanzamos, aparece el Covid en pleno plazo de presentación de proyectos. De repente nos dimos cuenta de que tenía su parte positiva. Los equipos técnicos, los arquitectos y los estudios se encontraron como todos con una pandemia que modificaba nuestra vida y fundamentalmente la atención a los mayores. Ahí tuvieron que plasmar una nueva visión urbanística y de concepto para tratar a este colectivo. Y esa reflexión se ha visto reflejada en las propuestas.

La propuesta ganadora se llama “Un marzo tan agosto” y ha buscado dar luminosidad al centro, que los espacios sean optimistas, cómodos y produzcan alegría de vivir el tiempo que quede por delante.

Luz, zonas verdes y alegría para la vista. Por una parte, ofrece una nueva solución arquitectónica. Los espacios debían permitir ajustarse a las personas fácilmente cuando llega un problema como éste, ofrecer atención individualizada pero también colectiva, y aislar a un paciente, o a toda una planta, rotar trabajadores y establecer burbujas si la situación lo requiere. También era importante tener la visión de Sanidad, medicalizar si es preciso y ofrecer vías para quienes necesitan socializar, e incorporar la voz de cuantos han atendido a residentes en este tiempo. Esta parte, la social y sanitaria, es la que tenemos que abordar ahora, una vez fallada la propuesta arquitectónica.

 

Vista del centro de actividades que San Esteban del Valle está remodelando

El centro de actividades, ¿se plantea como un pilar para un futuro mejor del municipio y sus jóvenes, además de pretender resolver la atención a los mayores?

Necesitamos más espacio. En una parcela pequeña va a convivir el centro de día, los dependientes, ese espacio de talleres y de vida cultural, la biblioteca y un salón múltiple compartimentable. El proyecto es ambicioso, pero el espacio con el que contamos es pequeño. Hay un edificio contiguo que estamos intentando adquirir, porque es medianera con este proyecto y nos permitiría amplificar servicios. La gente joven en San Esteban tiene pocas perspectivas. Los puestos de trabajo que se pueden ofrecer están relacionados o bien con tareas agrícolas o con tareas relacionadas con construcción y limpieza. Que haya un centro donde se puedan requerir puestos especializados de fisioterapia, cuidado a mayores, administrativos y cocina u otras oportunidades, generará vida en el pueblo.

Hay en marcha otros proyectos para dinamizar la vida económica del pueblo….

Estamos pensando en ofrecer a los emprendedores otra zona donde, por un alquiler módico, puedan montar pequeñas oficinas, para atender a sus clientes por ejemplo. Estamos desarrollando la idea pensando en otro local que hemos adquirido y donde nos gustaría albergar la Oficina Permanente de Información y Turismo, que también contraría con un centro BTT -porque el ciclismo tiene aquí mucha demanda- e incluir un espacio de coworking. Lo que estamos buscando es apoyar a los jóvenes y darles la posibilidad de arrancar. Por ejemplo, hay una pareja que quiere montar una bodega, que está investigando la uva mediante biodinámica y necesitan ese lugar, u otros que pudieran estar pensando en una lavandería para dar servicio a la residencia y a otros alojamientos turísticos. 

También estoy muy centrada en las mujeres. Las de San Esteban necesitan tener oportunidades laborales más allá de las que ofrezca la residencia; la atención a la dependencia está muy en manos de las mujeres, pero nos gustaría ir más allá.

Y hay otra parte del Plan Estratégico que es un banco de recursos, que estamos intentando poner en funcionamiento, porque entendemos que no tiene por qué haber tantas fincas abandonadas, olivares o viñedos -que son productos estrella de nuestro municipio-, muchos sin producción, porque la gente se ha ido yendo. También a nivel de locales y viviendas en el pueblo, para que las personas sepan que hay oferta y se pueden ofrecer como residencia permanente o de fin de semana.

¿Qué le preocupa en este momento?

Necesitamos energía y recuperar nuestra dinámica de movimiento para seguir desarrollando proyectos, traer futuro y tener esperanza, ya que el Covid nos está consumiendo la mayor parte del tiempo. Ese banco de recursos es una opción importante. Cuando empezó la pandemia, no sabíamos lo que iba a durar. El confinamiento fue duro, pero más fácil de gestionar en parte. Saltó esa parte exacerbada en mí de cuidar de los mayores, de todos. Fue fácil de organizar porque, aun confinada, no dejé de trabajar, el Ayuntamiento estuvo abierto todos los días desde por la mañana, y yo pensaba que lo importante era ofrecer liderazgo y ser un referente. Ahora todo tiene un protocolo. Lo que me preocupa es no caer en el desgaste y seguir ofreciendo propuestas e información diaria. Tenemos un grupo de Whatsapp con más de 600 vecinos y un perfil en Facebook para quienes no viven aquí. Informar es vital, contar las cosas como son, buscando el punto de esperanza. Eso he aprendido: considero que la gente tiene que saber qué pasa para ofrecer su colaboración.  

Y esa misma coherencia funciona cuando solicitas ayuda de otras administraciones. Lo importante no es la palabra, es poner los medios. Hay muchos pueblos que necesitan inyección para tener soluciones reales. Llevar fibra a todos los municipios, mantener el transporte, aunque sea deficitario en estas zonas. No se puede abandonar a la gente.