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TRANSFORMACIÓN | 20.11.2020

Este curso escolar es un soplo de aire fresco pese a las limitaciones

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Entrevista a José Antonio Luengo Latorre, psicólogo al frente del equipo de apoyo contra el acoso escolar en la Subdirección General de Inspección Educativa de la Consejería de Educación e Investigación de la Comunidad de Madrid. Atiende a MAPFRE incluso siendo fin de semana para hacer balance de los cambios y desafíos que presenta el entorno educativo transcurridos ocho meses desde el inicio de la pandemia, cuando Europa se esfuerza por mantener sus centros abiertos como baluarte para el desarrollo y la protección del futuro. 

«Los colegios e institutos, y también universidades, están demostrando una madurez que no creo que esté siendo suficientemente reconocida socialmente». 

Pregunta (P.): En el momento actual, ¿cómo ve la situación actual en colegios y universidades? ¿Cree que los esfuerzos realizados por priorizar la presencialidad han servido?

Respuesta: Los colegios e institutos, y también universidades, están demostrando una madurez que no creo que esté siendo suficientemente reconocida socialmente. El trabajo abnegado del profesorado y el comportamiento de alumnos y alumnas es un ejemplo fantástico de adaptación en los peores momentos. Acudo diariamente a los centros por diferentes razones y es difícil describir con palabras la experiencia de convivencia, de cuidado y sentido común que se desarrolla cada día entre pasillos y aulas. La presencialidad es imprescindible. Es obvio. Pero tras los meses vividos desde marzo hasta la finalización del pasado curso escolar, todos hemos podido constatar que la actividad lectiva presencial es imprescindible para garantizar la salud del sistema educativo. Para todos sus agentes, y en todos sus ámbitos y contextos de desarrollo.

P: Hablemos de digitalización, que ya era urgente antes de la pandemia y que ha demostrado ser más necesaria que nunca. ¿Ha sido el pasado curso, como lo será esté en mayor medida, un verdadero punto de inflexión para actualizar la educación y dar el salto que nos hace tanta falta? ¿Cómo disminuir la brecha entre los alumnos con más recursos digitales y aquellos que tienen menos posibilidades de acceso a entornos online?

R: En efecto, la situación vivida ha supuesto un punto de inflexión en la consideración de las TIC como contexto esencial de los procesos de enseñanza-aprendizaje. Y lo ha sido por varias razones, especialmente por dos: en primer lugar, porque aún con no pocas dificultades y presión hemos podido vivir la experiencia práctica de hasta qué punto podemos ser versátiles, flexibles e imaginativos a la hora de pensar en la mejor forma de planificar la acción docente y el trabajo a desarrollar por el alumnado; una experiencia muy dura para todos, pero profundamente enriquecedora. Y en segundo lugar, se han podido visibilizar de manera significativa las carencias en esta materia: recursos, formación, dificultades de acceso, efectos no deseables… En este sentido, visualizar de manera nítida la “sombra oscura” de la brecha digital en relación con las poblaciones más desfavorecidas y trabajar por disminuirla de la manera más eficiente posible ha supuesto un impacto notable que, esperemos, pueda ser corregido.

 

«Creo que no hemos demostrado como sociedad demasiada capacidad de aprendizaje, consideración y reconsideración de nuestras prioridades». 

 

P: ¿Permitirá este proceso, si se acompaña de una apuesta por implantar tecnologías como el 5G, cerrar la brecha en las zonas rurales?

R: La inversión en recursos es imprescindible, sin duda, y tendrá impacto en la reducción en la denominada brecha digital en zonas rurales, por supuesto, pero existen otras brechas; las relacionadas con las situaciones sociales y económicas desfavorecidas que viven muchas familias, y sus hijos e hijas, en zonas urbanas, que deben ser evaluadas y adecuadamente tratadas. Con planificación y criterio.

P: ¿Cuáles son, a su juicio, en general las prioridades más urgentes para trabajar con niños y adolescentes?

R: Acabo de comentar una relacionada con los recursos y el acceso que es incuestionable, pero el trabajo en centros educativos debe asumir el reto sustantivo de la educación en ciudadanía digital ética y responsable, unido al uso de las tecnologías en el desarrollo de las TIC en la generación de entornos de enseñanza-aprendizaje cooperativos. Ambas “ventanas” de mejora precisan de adecuados marcos de formación inicial y en ejercicio del profesorado.

P: Parece que las crisis propician que se hable de la importancia de la educación como palanca de progreso, incluida la protección del medio ambiente. ¿Servirá ésta para lograr un cambio real? ¿En qué hemos cambiado?

R: Tengo mis dudas. Sinceramente, creo que no hemos demostrado como sociedad demasiada capacidad de aprendizaje, consideración y reconsideración de nuestras prioridades. Es un hecho. Lo vivido desde el inicio de la desescalada representa un ejemplo, en términos generales, de cómo seguimos equivocando la mirada y la valoración de lo que supone la esencia de nuestra organización social. Espero, no obstante, equivocarme y poder ser testigo de la mejora de nuestra manera de atender a nuestros mayores, a las poblaciones vulnerables, superar ya la escuela del siglo XIX que aún impera, el trato digno a nuestros sanitarios…

P: Por último, se está hablando de “generaciones Covid” para referirse a aquéllas que ya se identifican con promociones menos preparadas o a las que se les está exigiendo menos que a las anteriores. ¿Tiene esto razón de ser? ¿Tiene confianza en que el panorama educativo para nuestros jóvenes tenderá a mejorar en el futuro? ¿Qué receta propone para el optimismo, en medio de tanta incertidumbre?

R: No creo que lo vivido durante el pasado curso escolar desde el mes de marzo hasta su finalización en junio represente un riesgo real de sumir a una generación en un agujero negro insondable. Con todas sus limitaciones, que las hay, el ejemplo que estamos viviendo en nuestros centros educativos durante el presente curso escolar (hablo singularmente de la enseñanza no universitaria) es un soplo de aire fresco en el escenario actual. Mi agradecimiento más sincero al profesorado y al conjunto de alumnos y alumnas que acuden cada mañana a sus aulas. El reto hemos de situarlo en trascender, como ya he apuntado, la escuela actual tal como está concebida. Espacios físicos, currículum, formación del profesorado, plantillas de los centros (cuanti y cualitativamente consideradas), colaboración familia-escuela son, entre otros, a mi entender, focos sobre los que hemos de reflexionar profundamente. Sin perjuicio de otros, éstos sí representan elementos fundamentales en la consideración del futuro de las nuevas generaciones.