¿Te imaginas poder ayudar a otras personas sin importar dónde estés? Esa posibilidad, que hace apenas unos años parecía reservada a casos muy concretos, hoy forma parte de una nueva manera de entender la solidaridad.
La pandemia de COVID-19 marcó un punto de inflexión en prácticamente todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana. Fue, paradójicamente, uno de los momentos en los que más ayuda se necesitaba y, al mismo tiempo, uno de los más difíciles para ofrecerla. Entonces, el voluntariado encontró en el entorno digital una vía de acción estable, capaz de conectar a quienes quieren aportar con quienes necesitan apoyo.
El voluntariado online amplía al presencial, lo hace más flexible, más accesible y, en muchos casos, más constante. Así, se han abierto nuevas oportunidades para implicarse en causas que antes quedaban lejos, tanto en la distancia como en el tiempo. En Europa, más del 70% de las organizaciones ya está promoviendo iniciativas de voluntariado digital, y aproximadamente la mitad combina modelos híbridos que integran lo presencial y lo virtual, un dato que muestra el cambio estructural en la forma de colaborar.
La solidaridad que se adapta a la vida real
Hay voluntarios que acompañan a personas mayores por videollamada para combatir la soledad. Otros dan clase de repaso a estudiantes de instituto, o les dan trucos y consejos para encontrar su primer trabajo. También hay perfiles técnicos que colaboran en proyectos de desarrollo web, traducción o análisis de datos. Cada persona puede encontrar una forma de contribuir que encaje con sus habilidades y con su disponibilidad.
Dado que para muchos el tiempo es un recurso muy limitado, el voluntariado online permite participar de forma más flexible: algunos colaboran varias horas por semana, otros solamente los fines de semana, y otros participan en proyectos puntuales. Sea como sea, la digitalización de la solidaridad está sirviendo como puerta de entrada a una implicación social que de otro modo no sería posible. Gracias a la involucración de los ciudadanos y las facilidades del entorno digital, el voluntariado se ha consolidado como una práctica social extendida. Aunque no hay cifras exactas sobre el formato a distancia, se estima que, solamente en España, más de 4,4 millones de personas participan en actividades de voluntariado de cualquier índole, lo que representa en torno al 10,5% de la población.
El voluntariado transforma a quien lo recibe, pero también a quien lo realiza. Diversos estudios de organismos internacionales, como Naciones Unidas o la Comisión Europea, destacan que el voluntariado contribuye al bienestar emocional, refuerza el sentido de propósito y mejora habilidades sociales y profesionales. En un entorno digital, estos beneficios podrían incluso amplificarse, ya que la interacción con realidades distintas, a menudo en otros países o contextos culturales, enriquece la experiencia y fomenta una mirada más diversa. Al mismo tiempo, quienes reciben apoyo acceden a unos recursos que, en muchos casos, no estarían disponibles a nivel local. Por estos motivos, la Unión Europea destinó 166 millones de euros al Cuerpo Europeo de Solidaridad en 2025, con los que se impulsaron proyectos con un fuerte componente digital e inclusivo.

El papel de las empresas en la transformación de voluntariado
Cada vez más organizaciones, tanto públicas como privadas, integran el voluntariado en su estrategia social como parte de su manera de relacionarse con la sociedad. De este modo, el voluntariado online está facilitando la participación de plantillas distribuidas por todo el mundo y permitiendo escalar iniciativas solidarias con mayor rapidez.
En Mapfre entendemos el voluntariado como una forma imprescindible de vinculación con la sociedad. Desde esa convicción, impulsamos distintas vías para canalizar la participación social de nuestros profesionales y sus familias, también en entornos digitales. Nuestro programa de voluntariado corporativo, gestionado a través de Fundación Mapfre, está presente en veintiséis países, e incluye la vinculación a iniciativas de salud, educación, nutrición o medio ambiente. A través de este programa buscamos mejorar el bienestar de las comunidades más vulnerables y contribuir a un entorno más solidario. Este enfoque, aparte del impacto externo, refuerza nuestra cultura interna al promover competencias como la empatía, el liderazgo o el trabajo en equipo. Además, hemos profesionalizado la gestión del voluntariado para garantizar la calidad y la continuidad de estas iniciativas. Contamos con un Comité de Voluntariado Corporativo que asegura la coherencia de las acciones con nuestra estrategia global de Personas, Organización y Sostenibilidad, así como con la Agenda 2030. Hoy, somos la única empresa del IBEX 35 en España con certificación ISO 9001 de AENOR en la gestión de voluntariado corporativo.
El impacto real de Mapfre
Durante el año 2025, el 33,7% de la plantilla global de Mapfre participó en actividades de voluntariado, es decir, más de 9.000 profesionales de nuestro equipo y más de 10.000 incluyendo a sus familiares. En un año, se llevaron a cabo más de 2.452 actividades, lo que equivale a casi siete iniciativas diarias en todo el mundo. En conjunto, se dedicaron más de 55.000 horas de voluntariado, beneficiando directamente a más de 170.000 personas en situación de vulnerabilidad. Estas cifras reflejan una implicación real, constante y que no para de crecer. Nuestro voluntariado contribuye, además, a quince de los diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), lo que refuerza su papel dentro de una estrategia de sostenibilidad transversal.
Pero aún hay margen de mejora. La brecha digital, por ejemplo, sigue siendo un reto en muchas regiones de todo el mundo. También lo es garantizar que la tecnología se utilice de forma inclusiva. Afortunadamente, cada vez hay más proyectos que ponen la tecnología al servicio de las personas, de modo que las pantallas acortan distancias entre los que participan en actividades solidarias. En Mapfre continuaremos trabajando para fomentar nuevas formas de impulsar esta participación.




