Desde que empezó el siglo XXI, hemos pasado de preguntarnos si era posible viajar sin contaminar a exigir que lo sea. Tras varias décadas de pedagogía climática, entendemos ahora que la movilidad de nuestro tiempo es un reflejo de un mundo más digital, más consciente y más exigente con la huella que deja a su paso. Estamos en plena búsqueda de la combinación perfecta de progreso y respeto medioambiental y, por eso, ha sido imprescindible replantearse la forma en que nos desplazamos.

La movilidad sostenible es hoy un punto prioritario en la agenda internacional y eso se observa, por ejemplo, en los hábitos de consumo de los ciudadanos. A nivel global, alrededor de una cuarta parte de todos los coches vendidos son eléctricos. En este mercado, China es el máximo representante: en 2024 vendió 11 millones de coches eléctricos, que es más que todos los demás países del mundo combinados.

Europa también avanza, especialmente por los fondos récord para la innovación en movilidad. Entre 2021 y 2025 la UE asignó casi 430 millones de euros del programa Horizon Europe a investigación en movilidad urbana sostenible. Estos recursos cubren desde planificación urbana y logística hasta gestión del tráfico y seguridad vial, lo que demuestra un compromiso por hacer las ciudades más limpias. Bajo esta coyuntura, países como Noruega cimentan su liderazgo mundial en electrificación del transporte. En este país cerca del 96% de los coches nuevos registrados en 2025 fueron eléctricos, un salto desde el 89% alcanzado en 2024. Solo en diciembre de 2025, las matriculaciones eléctricas noruegas rozaron el 98%, es decir, prácticamente eliminaron todos los vehículos de combustión de los concesionarios. Este es un caso excepcional, pues la Unión Europea en su conjunto ronda el 21% de cuota eléctrica; no obstante, países como Suecia, Dinamarca y Finlandia ya superan el 50% de ventas en eléctricos.

Más allá de la electrificación, la revolución de la movilidad sostenible también viene de la mano de la tecnología inteligente. En el último año se han consolidado avances en los sistemas de transporte inteligentes. Por ejemplo, varias ciudades han experimentado con taxis y autobuses autónomos en entornos controlados, con lo que se anticipa un futuro en el que los vehículos sin conductor reducirán accidentes y optimizarán la circulación. Asimismo, los progresos en inteligencia artificial (IA) y sensores están permitiendo que los coches «lean» su entorno y tomen decisiones en tiempo real. Ya hay proyectos piloto en Europa que despliegan flotas de vehículos automatizados sostenibles para transporte público bajo demanda. Dicho lo cual, la adopción masiva de vehículos autónomos aún enfrenta numerosos desafíos (legislativos, técnicos y de confianza del público). Donde la IA ya está dejando huella es en la gestión eficiente del tráfico. Hay ciudades que están adoptando sistemas de semáforos adaptativos y análisis de datos para reducir atascos y emisiones. Pudimos presenciar un ejemplo destacado durante los Juegos Olímpicos de París 2024, cuando un sistema de gestión impulsado por IA logró mejorar hasta un 20% la velocidad de los autobuses lanzadera y reducir en casi un 19% los tiempos de espera en intersecciones clave.

El impulso tecnológico suele ir de la mano de políticas públicas que buscan encauzar la transición hacia un transporte limpio. Un ejemplo de España es la Ley de Movilidad Sostenible, que entró en vigor en diciembre de 2025. Esta norma establece un marco estratégico para descarbonizar el transporte y modernizar la movilidad en el país, y entre sus principios reconoce por primera vez la movilidad como un derecho básico, accesible, sostenible y seguro para la ciudadanía. Esta ley, entre otras líneas de acción, obliga a las empresas de más de 200 empleados a adoptar planes de movilidad sostenible para sus trabajadores en un plazo de dos años. Otra medida es la limitación de vuelos nacionales de corta distancia, ya que se prohíben aquellos trayectos domésticos en los que exista una alternativa ferroviaria de menos de 2,5 horas. Aunque ambiciosa, esta ley supone un marco general que todavía no establece ni plazos ni fondos detallados para muchas medidas, lo que suscita algunos interrogantes sobre su implementación efectiva.

Entonces, con los logros y cambios de los últimos años, ¿qué podemos esperar que marque la agenda de movilidad sostenible en 2026? En primer lugar, una aceleración en la electrificación del transporte. Algunos expertos señalan que, para limitar el calentamiento global a 1,5 °C, hacia 2030, el 60% de los coches vendidos deberían ser eléctricos. Hoy esa cuota global ronda el 25%, por lo que los próximos años serán críticos para escalar la producción de vehículos eléctricos, abaratar baterías y desplegar una infraestructura de recarga amplia y fiable. En 2026 veremos seguramente más puntos de carga rápida en carreteras y ciudades, y quizás los primeros pasos serios hacia la electrificación del transporte pesado (camiones y autobuses de larga distancia), un segmento que empieza a despegar.

En este contexto, desde Mapfre reafirmamos nuestro compromiso corporativo con la movilidad sostenible. En 2025, hemos superado los objetivos de recorte de huella de carbono que habíamos fijado para este año. En datos, hemos conseguido reducir nuestra huella global en más del 24% respecto a 2022, mientras el objetivo estaba en un 21%. Este descenso se ha logrado gracias a numerosas medidas, desde la restricción en el uso de combustibles fósiles y el ahorro energético hasta la utilización de fuentes renovables y la renovación de la flota corporativa hacia vehículos híbridos y eléctricos. Esto confirma el avance de los objetivos definidos para el año del Plan de Huella Ambiental. Paralelamente, en Mapfre hemos generado, solo en el último año, un total de 3,47 GWh de energía renovable a través de instalaciones fotovoltaicas en varios de nuestros edificios. Esta energía está destinada al autoconsumo y, gracias a ello, las emisiones de gases de efecto invernadero se redujeron en 791 tCO2eq. De cara al futuro, hemos puesto en marcha un proyecto estratégico para garantizar que el 100% de la electricidad consumida por el Grupo proceda de fuentes renovables en todos los países donde opera antes de 2030. Al fin y al cabo, nuestro gran objetivo es alcanzar el Net Zero en 2050.

En definitiva, el último año ha contribuido a sentar las bases de un futuro con transportes más respetuosos con el medio ambiente. Quedan desafíos importantes, desde acelerar la adopción de vehículos eléctricos hasta asegurar que las políticas ambiciosas se traduzcan en acciones efectivas, pero el rumbo está fijado. Así, si seguimos dando pasos hacia adelante, nuestras formas de movernos podrán acompañar el cambio que el planeta nos exige.