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SOSTENIBILIDAD| 28.05.2021

Las mujeres cada vez son más emprendedoras pero siguen teniendo barreras que derribar

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El emprendimiento femenino cada vez se acerca más al masculino, aunque lo hace en desigualdad de condiciones, lo que dificulta la presencia de mujeres en puestos directivos.

Realizar una radiografía sobre la mujer y el emprendimiento no es una tarea fácil dado que los datos que arrojan los diferentes estudios pueden ser tanto complementarios como antagónicos. Sin embargo, hay un hecho claro y es que cada vez son más las mujeres que ponen en marcha una empresa desde cero con la total convicción de que va a tener éxito.

Esta tenacidad está consiguiendo igualar unas cifras que aún caen del lado masculino, mucho más habituado a emprender dada su posición predominante en el mundo empresarial.

 

Más empleadas que directoras

Un buen ejemplo de esa situación se da en Reino Unido, donde la oficina de innovación Innovate UK ha puesto en marcha un programa destinado a las mujeres que tiene como objetivo conseguir que lleguen a puestos de responsabilidad en las empresas. No en vano, ocupan más de la mitad de los empleos que hay en ciencia, tecnología y emprendimiento, pero solo un pequeño porcentaje de ellas lidera proyectos.

Esa realidad se constató, por ejemplo, en la última edición el programa insur_space by Mapfre donde de las 253 propuestas de startups que se recibieron, solo el 16% estaban fundadas por mujeres, el 12% tenía una directora ejecutiva y únicamente cerca del 30% contaba figuras femeninas en los puestos directivos más altos.

La situación actual

Según el Global Entrepreneurship Monitor (GEM), uno de los principales indicadores del emprendimiento en el mundo, solo hay seis países en el planeta en los que las tasas son similares entre los dos sexos. En el resto las mujeres aún están por detrás, lo que supone un menoscabo en las opciones económicas de la mayor parte de los territorios, dado que ellas son una gran parte de la fuerza productiva pero no tiene las herramientas o la capacidad para generar puestos de trabajo y riqueza.

Un buen ejemplo del camino que queda por recorrer se encuentra en Europa, donde hay seis mujeres por cada diez hombres que emprenden en un negocio. Curiosamente, en España se tiende hacia la equidad, ya que son nueve por cada decena.

Tendencia al alza

Ya sea por el trabajo realizado desde las administraciones locales, por los programas internacionales (el Día Mundial de la Mujer Emprendedora se celebra el 19 de noviembre), por la mejora de la educación o por el simple detalle de tener cada vez más referentes, lo cierto es que la tendencia de la actividad emprendedora femenina ha aumentado considerablemente (hasta 10 puntos porcentuales en dos años, según el citado GEM).

A esto hay que añadir que cada vez son más las mujeres que buscan una salida a su futuro emprendiendo en nuevos proyectos, sobre todo en países con economías emergentes o con situaciones de dificultad para acceder al mercado laboral.

En este sentido, es en Sudamérica y Centroamérica donde se da un mayor porcentaje de mujeres emprendedoras respecto a la población total. En Ecuador se alcanza la sobresaliente cifra del 33,6%, es decir, una de cada tres ciudadanas están decididas a montar su propio negocio. A la zaga le van Chile (32,4%), Brasil (23,1%), Guatemala (22,4%) y Colombia (20,9%). La siguiente en esta clasificación es la primera potencia mundial, Estados Unidos (16,6%), país donde la educación fomenta el emprendimiento desde la temprana edad. En Europa las cifras descienden bastante y hay que referirse a Reino Unido, con un 7%, y a España, con 6%, como los estados más destacados.

La realidad del emprendimiento femenino

A pesar de la mejora en las cifras -que suponen un soplo de aire fresco-, la realidad es que no es oro todo lo que reluce. Las mujeres aún tienen que enfrentarse a una clara situación de desigualdad.

El Mapa de Emprendimiento 2020 de South Summit pone de manifiesto que si las mujeres suponen un 43% del total de emprendedores, solo el 20% lo hacen en startups tecnológicas, es decir, en las relacionadas con formación en carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). Precisamente esta es una de las asignaturas pendientes: el aumento de alumnas en este tipo de estudios; por un lado, para saciar la creciente demanda de profesionales, y por otro, para reducir una brecha salarial que puede hacerse mayor si se tiene en cuenta que los perfiles técnicos tienden a recibir mayores salarios.

Por otra parte, únicamente el 5% de las mujeres que empiezan una aventura emprendedora llegan a las últimas rondas de financiación necesarias para hacer realidad su sueño frente al 84% de los hombres, según se constata en The State of European Tech. No cabe duda de que eso supone un freno para las aspiraciones de muchas emprendedoras que se embarcan en proyectos novedosos. Y es que esos baches que se encuentran por el camino terminan provocando que el 60% de ellas abandonen antes de concluir el proceso, tal y como se explica en el documento “Diagnóstico y kit de herramientas metodológicas sobre igualdad de género en el emprendimiento para jóvenes”.

Un sector con desventajas

Otro aspecto que hay que destacar en el emprendimiento femenino es el que se observa en países como España, donde el 85% de las mujeres emprenden en el sector servicios, frente al 65% de los hombres, según el Observatorio Estatal de la igualdad en el Emprendimiento. Esto se debe a que son actividades donde hay menores barreras de entrada y, por lo tanto, resulta más “sencillo” empezar.

Sin embargo, la competencia es muy alta, lo que lleva a trabajar con márgenes de beneficio escasos. El resultado es que la ganancia es menor y, por lo tanto, las posibilidades de fracaso aumentan, ya que, además, las opciones de expansión se reducen. Este observatorio también destaca que las mujeres invierten con menor capital, generalmente solas y con menos base tecnológica.

Principales barreras

Con todos estos datos cabe preguntarse el porqué de la situación y dónde hay que trabajar para revertirla y conseguir un mercado laboral y de emprendimiento más igualitario. Los diferentes estudios señalan una serie de razones que se suelen repetir en las diferentes geografías. Estas son las siguientes:

  • Discriminación laboral. A pesar de que la situación ha mejorado, todavía existe segregación horizontal y vertical, también llamada “techo de cristal”. Esto lleva, en ocasiones, a una brecha salarial que imposibilita el ahorro para acometer proyectos propios.
  • Por regla general, las mujeres tienen un menor acceso a los créditos bancarios, consecuencia del punto anterior.
  • Asimismo, cuentan con un menor capital de inicio, lo que dificulta la puesta en marcha de startups con un elevado componente tecnológico.
  • Finalmente, aún hay estereotipos negativos que deben superarse puesto que siguen presentes en muchos sectores.

Eliminar la brecha de género podría significar que el PIB de un país como España creciera hasta un 15%. Así pues, trabajar en romper esas barreras será clave para lograr una mayor igualdad de oportunidades.