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SEGUROS| 10.12.2021

Desigualdades, cambio climático y ciberseguridad: los grandes riesgos en el futuro de las ciudades

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El mundo vive desde hace décadas un aumento imparable de la población, que se ha multiplicado por más de cuatro en los últimos 100 años, una tendencia que no parece tener freno. El número de habitantes del planeta seguirá creciendo en miles de millones de personas, y serán las ciudades las que absorberán casi en su totalidad esta explosión demográfica, un fenómeno que plantea grandes desafíos.

Y, al igual que los centros urbanos concentrarán el aumento exponencial de la población, lo harán especialmente los países en desarrollo. Las ciudades latinoamericanas, asiáticas y africanas seguirán siendo las protagonistas de este boom extraordinario, pero también de los mayores riesgos que entraña. Son, por lo general, municipios con una menor planificación y un crecimiento incontrolado, en muchos casos con una exposición más alta a eventos meteorológicos extremos, y tienen una menor cohesión social y mayores niveles de violencia.

Aunque las amenazas en todo el planeta son muy variadas, unas urbes cada vez más pobladas presentan una serie de riesgos comunes. Estos pueden ser de origen de natural o humano, lo que incluye desde desastres como una inundación o una pandemia hasta disturbios o ataques terroristas. En la práctica, la línea muchas veces es difusa, y es que negligencias, corrupción, mala planificación o una aplicación de la ley demasiado laxa pueden tener mucho que ver en las pérdidas tras un suceso que se dio por causas naturales.

En su informe recién publicado “Panorama de futuros riesgos urbanos: una perspectiva aseguradora”, la Asociación de Ginebra, que agrupa a las principales aseguradoras a nivel global, señala los principales riesgos que afrontan las ciudades:

  • Desastres naturales y cambio climático

Las catástrofes naturales amenazan a las poblaciones, y se ceban principalmente con las de algunas naciones en desarrollo. Muchas de ellas, además, se ven afectadas por el cambio climático, que incrementa su frecuencia y gravedad.

“Ciertas condiciones preexistentes influyen sobre los riesgos a que se encuentran expuestas las grandes ciudades, tales como la exposición a eventos sísmicos, volcánicos, huracanes, inundaciones, etc. Todas ellas, vinculadas o no al cambio climático, se ven amplificadas por las crecientes concentraciones de población y de valores”, explica Manuel Aguilera, director general de MAPFRE Economics.

Entre estas catástrofes, el estudio advierte particularmente de la exposición al aumento del nivel del mar y las inundaciones, ya que muchas de las megalópolis se sitúan en zonas costeras o en las riberas de los ríos. Alrededor de todo el globo hay numerosos países con un alto porcentaje de sus ciudadanos en una situación muy vulnerable ante estos fenómenos. También alerta de las olas de calor, cuyas muertes derivadas se han disparado en los últimos años y que podrían causar verdaderos estragos en algunos países pobres.

 

 

  • Ciberseguridad

Desde el comienzo del siglo XXI, la tecnología ha ido ganando peso en el funcionamiento de las ciudades, con el fin de hacer sus servicios e infraestructuras más eficaces. Es lo que se conoce como smart cities, y engloba aplicaciones tan variadas como el uso de satélites, la inteligencia artificial aplicada a las máquinas o el teletrabajo. Es un cambio histórico que ha mejorado la calidad de vida y ha permitido reducir algunos riesgos, en aspectos como la movilidad urbana o la salud.

Pero la dependencia creciente de la tecnología también tiene como consecuencia una alta vulnerabilidad ante fallos o ataques. Por ejemplo, hay una exposición cada vez mayor a que la meteorología espacial pueda derribar un satélite de comunicaciones, causando grandes apagones y poniendo en peligro infraestructuras clave. La cibercriminalidad es, asimismo, un riesgo que autoridades, empresas e individuos deberían tener muy en cuenta. No se trata solo de móviles y ordenadores; objetos que hasta hace poco eran analógicos, como cámaras de seguridad, sistemas de iluminación, objetos cotidianos… son cada vez más “inteligentes” y funcionan en red y pueden ser controlados en remoto, y por tanto manipulados.

  • Desigualdades

Una de las características de las ciudades, frente a lugares más pequeños, son las grandes desigualdades económicas, sociales y en las condiciones de vida de sus habitantes. Los centros urbanos son, además, los que seguirán recibiendo a la inmigración, procedente de otros países o de áreas rurales, y comúnmente de bajos recursos. Los asentamientos informales son la representación más cruda de la desigualdad, y en buena parte del mundo son un problema creciente y se cronifican en el paisaje urbano.

Una baja calidad de las viviendas, hacinamiento y falta de acceso a agua potable y saneamientos son factores que pueden propiciar accidentes y desastres, y disparan el riesgo de brote de alguna enfermedad, cuyas probabilidades de propagarse ya son mucho más elevadas en entornos urbanos.

 

 

Más allá, las enormes desigualdades que se dan dentro de las urbes están detrás de conflictos, disturbios, crímenes y todo tipo de violencia, que se ha convertido en habitual en muchas ciudades. Según un estudio reciente del Foro Económico Mundial, la erosión de la cohesión social en las áreas urbanas es uno de los mayores riesgos a los que se enfrentan en la actualidad las economías.

Frente a estos retos titánicos, que centrarán las agendas de las autoridades durante décadas e involucran a países de todas las latitudes, el sector asegurador puede aportar muchas soluciones, a nivel individual y colectivo, como propone la Asociación de Ginebra en su informe. Y, de nuevo, las mayores dificultades residen en ser capaces de llegar a los países y las capas de población más desfavorecidas.

“Las tendencias subyacentes de riesgo presentes en las grandes ciudades en países emergentes pueden atenuarse con propuestas orientadas a estimular la inclusión financiera en seguros, tales como el empleo de micro seguros, seguros masivos, seguros obligatorios, así como, en general, políticas públicas que estimulen la utilización de nuevos canales de distribución apoyados en la digitalización y la reducción de los costes de transacción”, expone Manuel Aguilera.

Parte de las soluciones del sector son individuales y dan respuesta a las nuevas realidades. El proceso de urbanización de la sociedad implica cambios sociales como una disminución del apoyo familiar e intergeneracional o el aumento de la esperanza de vida, lo que crea una necesidad mayor de servicios de salud, cuidados y planes de jubilación. Es un ejemplo de cómo el seguro puede dar respuesta a las tendencias de la sociedad, que también encuentra sus aplicaciones en el otro extremo, con los servicios de coches compartidos o la movilidad autónoma, o nuevas demandas de los milenials como los pedidos online o la economía colaborativa, en la que será necesaria la innovación y la flexibilidad de los seguros.

En otro nivel, la Asociación de Ginebra también señala a la colaboración público-privada y su gran potencial, que no reside solamente en los contratos de transferencia de riesgos. En la gestión de riesgos de las autoridades, las aseguradoras pueden cooperar aportando sus sistemas de valoración y predicción y sus valiosas bases de datos. O ser un actor importante en la financiación de las infraestructuras que necesitan las ciudades, y es que se estima que a nivel global solo una ínfima parte de los 36 billones de dólares de los activos del sector asegurador están invertidos en energía, transportes o proyectos de ancho de banda. Estrechar los lazos en este aspecto permitiría mejores infraestructuras, una de las claves que recomiendan los expertos y organismos internacionales.

Las ciudades serán, cada vez más, los lugares en los que vivirá la mayoría de la humanidad. Y ante los grandes desafíos que tienen por delante, será necesario el trabajo de todos los sectores para que puedan estar preparadas frente a los riesgos que ya comienzan a aparecer en el horizonte.