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SEGUROS| 29.11.2021

35 años ayudando a los argentinos a proteger sus bienes más preciados 

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En 2021 MAPFRE cumple 35 años presente en Argentina, un tiempo que ha dado para mucho. Fue uno de los primeros países en los que la compañía inició su expansión internacional en los años 80; atravesó las dificultades económicas de las últimas décadas, de las que salió con una apuesta renovada por el país y extendiéndose por toda su geografía; y está actualmente inmersa en una etapa de modernización que tiene como eje la comodidad del cliente.

Una buena prueba de ello es la posibilidad de comunicarse por Whatsapp. Desde el año pasado, con un simple mensaje de esta aplicación se pueden hacer todo tipo de consultas generales, e incluso dar parte de un siniestro. Si el incidente es de tráfico y el asegurado ha solicitado una grúa, tras la gestión recibe un enlace para ver en tiempo real su localización y el tiempo estimado de llegada.

Estas iniciativas facilitan la cercanía con el cliente en ámbitos como el del automóvil, hogar y la empresa, tres de los ramos con más peso para MAPFRE en Argentina, con más de 200.000 vehículos,  alrededor de  10.0000 hogares y unos 13.000 comercios asegurados. La cuota de mercado de la compañía se situó el año pasado en el 2,2%, una cifra que se enmarca en una de las principales características del sector asegurador del país austral, su baja concentración: con 193 aseguradoras en el mercado, es el más atomizado de Latinoamérica.

El total de primas del seguro argentino ascendió el año pasado a 11.841 millones de dólares, un volumen que supone en torno al 3% del PIB del país. Pese al crecimiento registrado en los últimos años, ese nivel está ligeramente por debajo de la media en Latinoamérica, una región, en general, poco asegurada.

Esta situación encuentra su origen en los vaivenes económicos que han marcado la historia argentina reciente. Décadas de datos de inflación de dos, tres e incluso más dígitos y devaluaciones constantes han mermado la capacidad de consumo y ahorro de los argentinos, y no aportan la certidumbre necesaria para el crecimiento de un sector como el asegurador. Esta complejidad económica puede verse, por ejemplo, en el escaso peso de los seguros de vida en el volumen total, de apenas un 12,6%: ante la inestabilidad, los argentinos optan por el aseguramiento de sus bienes materiales, pero no se plantean opciones que implican una perspectiva a largo plazo.

Este fenómeno no es exclusivo en los seguros, se da en todo el sector financiero. Recientes estudios del banco central del país muestran que un 20% de la población adulta no tiene cuenta bancaria; hay muchas personas que solo la utilizan para recibir el sueldo y retirar el efectivo de inmediato, o usuarios que abrieron una cuenta por una gestión puntual y ni siquiera recuerdan tenerla. En un país en el que, además de la inflación crónica y las devaluaciones cíclicas, aún está reciente el corralito en su recuerdo, no es de sorprender que una de las formas de ahorro más extendidas sea comprar dólares para guardarlos bajo llave.

MAPFRE ha vivido estas etapas mitigando los riesgos de los argentinos y sin dejar de hacer frente a sus obligaciones incluso en crisis como la del 2001, que hizo resentirse a buena parte del sistema financiero. Fiel a una filosofía que ha puesto en práctica en todo el mundo y especialmente en Latinoamérica, la compañía superó las dificultades y poco después de aquel momento crítico, en 2003, redobló su confianza en Argentina con un proceso de expansión territorial que multiplicaría su red de oficinas hasta las 200 de la actualidad.

Los más de 550 empleados directos, alrededor de 4.300 mediadores y 2.200 proveedores (talleres, electricistas, grúas, fontaneros…) están presentes a lo largo y ancho de país. Por hacerse a la idea del tamaño de esta red de profesionales, entre la oficina MAPFRE de Ushuaia, la ciudad más austral del mundo, y la de la capital de la provincia andina de Jujuy, situada en la frontera con Bolivia, hay casi 3.500 kilómetros, prácticamente la distancia que separa Madrid y Moscú.

Tras su llegada a Argentina en 1986, MAPFRE ha ido creciendo respaldada por su reputación de calidad en el servicio. Ahora, sigue sumando personas que confían en la empresa adaptándose a sus necesidades con el impulso de la revolución digital. Lo que no ha cambiado en estos 35 años en el país, incluso en los momentos de mayor incertidumbre económica, es el convencimiento del enorme potencial que aún tiene por desplegar Argentina.