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SALUD| 21.05.2021

Retos y tecnologías: La combinación de lectura y edición en la década de la genética

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Segunda parte de la entrevista a Lluís Montoliu, biólogo e investigador del CSIC en el Centro Nacional de Biotecnología, en la que el también presidente del Comité de Ética del organismo y coordinador del volumen 3 Genome & Epigenetics  habla de genética, ética y epigenética. Asegura que la irrupción de las herramientas CRISPR de edición genética permite hacer cosas con las que no se podía soñar, que se necesitan algoritmos bioinformáticos y ordenadores más veloces, y que la combinación de lectura y edición ha hecho de ésta la década de la genética.

¿Qué retos tiene el CSIC en el ámbito de la genética y epigenética hasta 2030?

En el ámbito de la genética, en  genoma y epigenética, en este libro que he coordinado junto a Álvaro Rada Iglesias, lo que hemos hecho es desarrollar siete desafíos para anticipar las tecnologías de las que vamos a disponer para conocer el genoma y la capa de información adicional, que es la epigenética y que engloba las complejas interacciones de un gen con los 20.000 restantes junto a los interruptores génicos que se encienden y se apagan, y permiten explicar enfermedades cuyo origen está tanto en el ADN como en el ARN. También otros aspectos que contribuyen a nuestro estado saludable como la microbiota [también conocida como flora intestinal], la dieta, el envejecimiento… Nos preocupamos de todo el genoma.

¿Cuáles son las principales tecnologías que están empleando y cómo ha cambiado su trabajo en 30 años?

En la última década, la revolución ha sido liderada por el último premio Nobel de Química y la irrupción de las herramientas CRISPR de edición genética que nos permiten hacer cosas que ni podíamos soñar. Podemos leer nuestro genoma, y el de animales y plantas, y lo podemos modificar. Donde hay una T, podemos poner una A, y podemos cambiar una G por una C, como si estuviéramos editando un texto con un procesador. Esto es una revolución que, a nivel biológico, ya ha triunfado en el laboratorio: ya somos capaces de hacer modelos para investigación de enfermedades. Queda la aplicación para terapia, para modificar mutaciones y retornar a la secuencia correcta. Esta es una de las técnicas estrella. Además, las técnicas de secuenciación han aumentado muchísimo, ahora somos capaces, por un precio asequible, de conseguir la secuenciación de un genoma completo en pocas horas, aunque todavía necesitamos unos días para organizar esos 3.000 millones de pares de bases que tenemos en cada una de nuestras células. Necesitamos desarrollar algoritmos bioinformáticos y ordenadores cada vez más rápidos capaces de procesar esta cantidad ingente de información y presentárnosla para que podamos entenderla.

La combinación de la lectura y la edición ha hecho que esta sea la década de la genética y, por eso, el CSIC decidió que uno de los retos tenía que ser genoma y epigenética. Ahí, estas modificaciones que son reversibles y que ocurren en algunas partes del genoma que silencian o reactivan genes es muy importante conocerlas, porque muchas de ellas determinan en gran manera la aparición de las enfermedades. Ahora sabemos, y esto es muy nuevo, que no solamente ocurren en el genoma, sino también en el ARN mensajero, en esa molécula intermediaria que hay entre el ADN que está en el núcleo de las células y las proteínas que deben sintetizarse en el citoplasma, fuera del núcleo. Estos ARN también pueden ser modificados y, como tales, pueden determinar la diferencia entre un estado saludable y un estado patológico.

Como presidente del comité de ética del CSIC, ¿qué importancia tiene la ética cuando hablamos de manipulación genética y epigenética?

La ética tiene que impregnar cualquier actuación científica. Como cualquier colectivo tenemos nuestro código deontológico, que nos dice qué podemos hacer y qué no. En relación con los demás, animales, plantas y entorno, hay un cuerpo legislativo. Esto implica que cualquier proyecto, por interesante que nos parezca, antes de ponerlo en marcha debe tener la calidad suficiente y ser revisado por un comité de ética, que determinará la oportunidad de aprobarlo, tras valorar los posibles dilemas a los que se enfrente. Si, por ejemplo, tienen que usar,  o no, animales de experimentación -siempre un privilegio-, para estar seguros de que es estrictamente necesario. Tenemos que contar con los principios fundamentales de la bioética: no hacer daño, hacer el bien, autonomía personal y justicia, garantizando la seguridad del tratamiento, explicando a las personas lo que va a ocurrir y pidiendo su consentimiento informado. Y lo más importante, que todo aquello que queramos resolver sea adecuado para todos, el principio de justicia, que sea asequible y esté accesible a todo el planeta. En el caso de esta pandemia, o la curamos en todo el planeta o no la curamos, que es lo que pretende la estrategia Covax de la OMS.