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SALUD| 19.02.2021

Olga Valverde, experta en adicciones: “las redes sociales enganchan porque nos permiten mostrar solo una faceta de nuestra vida”

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Promover hábitos saludables en cuanto al uso de la tecnología cobra especial importancia en la situación que estamos viviendo, cuando el teletrabajo, la educación online y las relaciones personales a través de una pantalla han pasado a ser una realidad en nuestras vidas.

El uso cada vez más intensivo de estos dispositivos puede suponer una auténtica amenaza para nuestro bienestar. Y es que los datos son alarmantes: más del 50% de los adolescentes se consideran adictos a la tecnología. Esta enfermedad se relaciona con un mayor riesgo de sufrir depresión, aislamiento o incluso tendencias suicidas. Olga Valverde, neurobióloga del comportamiento y experta en adicciones de la Universidad Pompeu Fabra insiste, como en otras adicciones: la prevención es la clave.

¿Por qué enganchan las redes sociales?

Las redes sociales “enganchan” porque es una nueva forma de estar “visible” en el mundo. Es una nueva forma de vivir la realidad. Hasta cierto punto, nosotros podemos manipular lo que mostramos para mostrar sólo una faceta de nuestra vida, aquella que nos parece más atractiva o de la que nos sentimos más satisfechos. Esto nos genera bienestar, una sensación positiva, placentera, ya que podemos tener un control sobre la imagen que proyectamos de nosotros mismos al exterior.

¿Qué pasa en nuestro cerebro cuando recibimos un like?

Nuestro cerebro lo percibe como que hemos tenido éxito en alcanzar nuestro objetivo. Esta situación nos gusta, nos produce una sensación placentera y positiva de forma inmediata. Es una forma simple de producir una activación de nuestro cerebro que dirige su atención a esa circunstancia. Así que seguimos buscando más likes, más seguidores, en definitiva, más éxito.

Desde el punto de vista neurobiológico, esto se traduce en la elevación de mensajeros neuroquímicos que controlan los circuitos de recompensa que están en nuestro cerebro y que responden de manera fisiológica ante estímulos naturales (comer, beber, sexo, relaciones personales), y que nos permiten la supervivencia.

 

“La incertidumbre, la falta de horizontes personales y profesionales son situaciones que erosionan la autoestima y que nos hacen buscar con frecuencia la evasión en el consumo de drogas o tecnología”.

¿Las interacciones virtuales nos aportan los mismos beneficios a nivel de bienestar?

De alguna manera, están siendo de gran ayuda durante el confinamiento para  mantener una cierta “normalidad” en las actividades sociales. A mi entender, son un sucedáneo de relaciones sociales y dependiendo de en qué ámbito se produzcan pueden limitar los beneficios de la interacción social.

Por ejemplo, permiten mantener relaciones rápidas, eficientes y útiles. Esto es muy importante para las relaciones profesionales.

En cambio, las interacciones virtuales carecen de algunos aspectos que son esenciales en las relaciones personales, ya que falta la experiencia de la proximidad, del tacto, los olores, compartir el mismo entorno y la espontaneidad. Así que en el contexto de relaciones de amistad o aquellas que necesitan una mayor intimidad las interacciones virtuales son insuficientes. Si pudiera poner un ejemplo, sería como ver un estupendo pastel a través de un escaparate, pero no lo puedes saborear.

¿Qué sucede en el cerebro de una persona adicta a la tecnología?

Durante el proceso adictivo, se desarrolla una maladaptación en ciertos circuitos de nuestro cerebro. En particular, en aquellos que se activan cuando algo nos gusta. Son las áreas que controlan el placer, el bienestar y la motivación. Estas vías nerviosas son usurpadas o secuestradas por la sustancia que se consume o por la actividad que nos absorbe, de manera que estas zonas cerebrales dejan de responder ante otros estímulos esenciales, como las relaciones interpersonales, comer, cuidar a nuestros hijos o practicar sexo, etc.

Así, debido a esta disfunción adaptativa que produce la adicción, la persona deja de ser dueña de sus actos y pierde su libre albedrío. Se convierte de alguna forma en esclavo de su adicción y aunque la persona sea consciente de que la droga o la tecnología le trae problemas, no puede evitar buscarla y consumirla. En una fase avanzada, la persona consume (tecnología, droga) para evitar los efectos negativos de no consumir, de la abstinencia, en definitiva.

¿Cuáles son los primeros síntomas?

Inicialmente realizamos la actividad en nuestro tiempo libre como evasión o pasatiempo. Posteriormente, nos damos cuenta de que dedicamos cada vez más tiempo a realizar la actividad y que incluso lo hacemos cuando debemos atender nuestro trabajo u otras obligaciones. Esta situación se va agravando de forma progresiva hasta que la actividad nos absorbe completamente.

¿Todos somos potencialmente adictos a la tecnología?

Hay personas que son más vulnerables y otros más resistentes al desarrollo de las adicciones. Hay factores genéticos y biológicos que contribuyen a la mayor o menor vulnerabilidad de cada uno (como ocurre también con otras enfermedades). También hay factores ambientales que influyen muchísimo. El entorno es fundamental tanto para favorecer como para proteger del desarrollo de una adicción.

“La exposición al estrés, sobre todo si es mantenido o muy intenso, es uno de los factores que contribuyen al desarrollo de las adicciones o la recaída”

¿Los jóvenes son más vulnerables?

Los adolescentes son muy vulnerables porque su cerebro está en un proceso de maduración. También porque esta etapa de la vida supone una cierta autonomía de la vida familiar y de las normas que en etapas infantiles se aceptaban.

El confinamiento, el aislamiento social, la incertidumbre… ¿Agravan esta problemática?

Por supuesto. Antes comentaba que los factores ambientales pueden proporcionar vulnerabilidad. Se sabe que la exposición al estrés, sobre todo si es mantenido o muy intenso, es uno de los factores que contribuyen al desarrollo de las adicciones o la recaída cuando la persona lo intenta abandonar. Todas estas situaciones que se mencionan son difíciles de gestionar emocionalmente.

Hace poco hablábamos con Gabriela Paoli sobre la importancia de la prevención, en especial entre los jóvenes. ¿Es más efectivo trabajar en prevención que en el tratamiento de la enfermedad?

Claramente sí. El mejor tratamiento para las adiciones es trabajar en la prevención. En especial, orientada a los jóvenes. Darles información clara y real con su propio lenguaje y proporcionarles herramientas para que puedan poner en marcha sus expectativas y ambiciones vitales. La incertidumbre, la falta de horizontes personales y profesionales son situaciones que erosionan la autoestima y que nos hacen buscar con frecuencia la evasión en el consumo de drogas o tecnología.

Te hemos escuchado explicar que la impulsividad es un rasgo de carácter que nos hace más vulnerables al consumo de drogas, pero también a la adicción a la tecnología. ¿Por qué sucede?

Si, es cierto que la impulsividad es un rasgo de carácter que nos hace más vulnerable. También es un rasgo que tenemos más acentuado en la adolescencia y la juventud. Las personas impulsivas son menos reflexivas y pueden tomar decisiones poco meditadas. Actuar guiado por los impulsos nos lleva con frecuencia a tomar decisiones equivocadas. Además, las personas impulsivas pueden ser personas que busquen sensaciones arriesgadas y realicen conductas de riesgo. Todo esto facilita, además el experimentar con drogas y caer en la adicción a las drogas o al uso de tecnologías.