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ECONOMÍA| 12.09.2022

Psicología financiera: cómo afectan nuestras emociones a nuestras decisiones financieras

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Nuestro estado de ánimo puede afectar más de lo que pensamos en nuestras decisiones financieras. Las personas no siempre realizan elecciones de una manera racional y la economía no es una excepción.

En este artículo profundizaremos en la relación entre la psicología y la economía, de qué trata la psicología financiera y, sobre todo, qué podemos hacer para usar asertivamente nuestras finanzas sin convertirnos en el peor enemigo de nuestra economía. Para hablar de ello contamos con la voz de un experto en inversión, Luis García Álvarez, Gestor Fondos Inversión en MAPFRE AM.

¿Qué es la psicología financiera?

Nuestro cerebro, la estructura más compleja que se conoce, fue programado hace miles de años, en un entorno en el que nuestros antepasados se preocupaban casi exclusivamente por su supervivencia. Con esa misma herramienta tenemos que enfrentarnos hoy en día a decisiones sobre ahorro e inversión, para las que nuestro cerebro no está preparado y, con frecuencia, cae en distintas trampas o sesgos conductuales. Al estudio de estos sesgos es a lo que se dedica la psicología financiera o el behavioral finance.

Cuanto mayor es el componente emocional de una decisión, como puede ser en situaciones de inestabilidad y nerviosismo como la actual, mayor es la probabilidad de que caigamos en estos errores a la hora de analizar la realidad y tomar decisiones.

Tal y como nos explica Luis García, gestor de fondos de inversión en MAPFRE AM, el behavioral economics es la rama de la ciencia económica que integra principios provenientes de la psicología para intentar entender y predecir mejor la manera en la que los seres humanos nos comportamos.

En concreto, la psicología financiera se centra en el estudio de aquellas decisiones que tienen que ver con nuestro dinero, con nuestras finanzas personales, las cuales tienen un componente emocional especialmente elevado. Durante muchos años, la economía pretendió convertirse en algo así como la física de las ciencias sociales. Cegada por ese objetivo, buscaba modelos que pudieran tener una solución matemática cerrada, aunque esto supusiera tener que simplificar al máximo los supuestos sobre la psicología de los agentes que intervienen en la actividad económica. Con el tiempo, se demostró que estos modelos, aunque ayudaron en cierta manera al desarrollo del conocimiento, con mucha frecuencia arrojaban resultados que nada tenían que ver con cómo nos comportamos los individuos en realidad. De esta manera, comienza a tomar mayor fuerza el desarrollo y estudio de la economía del comportamiento, afirma Luis.

Esta manera de estudiar la economía, que ahora conocemos como Economía del Comportamiento, no es algo nuevo. Adam Smith ya describió en su obra “Teoría de los sentimientos morales” (1759) cómo las emociones sociales intervienen en nuestras interacciones con quienes nos rodean.

En el siglo XIX los economistas se fueron alejando del estudio del comportamiento y basaron sus investigaciones en la idea de que las personas saben lo que quieren, usan la información disponible para conseguir sus objetivos y comprenden los riesgos y beneficios de sus decisiones financieras. En definitiva, en ese momento se pensaba que la toma de decisiones financieras era algo racional, sin embargo, los descubrimientos en neurología y psicología financiera han demostrado que no es así. Muchas veces las personas usan incorrectamente la información disponible y no comprenden bien los riesgos que se pueden asumir con una mala decisión económica.

Gracias al uso de la psicología financiera y del análisis de nuestro comportamiento, podemos observar barreras psicológicas que afectan las decisiones que tomamos, no solo analizando los aspectos individuales, también considerando la influencia del entorno y de las prácticas que nos han enseñado relacionadas con el dinero, de manera que podamos ampliar nuestra consciencia financiera.

¿Cómo influyen nuestras emociones en nuestras decisiones de inversión y nuestras finanzas personales?

Nuestras emociones actúan en nuestro organismo generando estímulos positivos o negativos que nos impulsarán a incrementar o disminuir nuestra capacidad de asumir riesgos. Emociones como la confianza, el miedo o la alegría son determinantes en la toma de decisiones de inversión. Por otro lado, nuestros patrones de pensamiento se construyen sobre la base de un conjunto de creencias, conocimientos y experiencias.  Por tanto, nuestro comportamiento siempre será el resultado de la unión de pensamiento y emoción.

Esta rama nos sugiere estrategias para tomar mejores decisiones en nuestras finanzas personales y por eso a continuación os mostramos algunos consejos para no convertirnos en nuestro enemigo financiero:

  • Gestionemos nuestras emociones: al hacerlo evitamos el descontrol que nos puede llevar a tomar malas decisiones financieras o incluso a perder dinero.
  • No nos confiemos en exceso: es un consejo importante a la hora de invertir porque si no lo tenemos en cuenta podemos llegar a rendimientos más bajos de lo que esperábamos.
  • Debemos focalizarnos en lo que puede llegar: aunque hayamos podido tener alguna pérdida, es mejor dejar ir y centrarnos en algo nuevo que prometa.
  • Evitemos hacer lo mismo una y otra vez esperando un resultado diferente: es primordial a la hora de invertir buscar a expertos y dejarnos asesorar. Revisemos la situación y hagamos algo que realmente implique un cambio.
  • Aceptemos y dejemos ir: es importante recordar que los pensamientos y las emociones están presentes en nuestro día a día, podemos dejar que fluyan, pero siendo asertivos. Es muy probable que a lo largo de nuestra vida afrontemos malas decisiones financieras, debemos aceptarlas y seguir adelante tomando nuevas decisiones. Aunque a priori podamos tener miedo, si nos dejamos aconsejar por profesionales podremos tomar decisiones más informadas.

¿Qué son los sesgos de comportamiento? ¿Cómo influyen en nuestras finanzas personales?

Los sesgos de comportamiento o también llamados sesgos cognitivos son creencias inconscientes que influyen en cualquier tipo de decisión que tomemos, y, por lo tanto, que también intervienen en la forma en que administramos e invertimos nuestro dinero. Conocer cómo los sesgos pueden afectar a nuestras decisiones es primordial para mantener nuestra salud financiera y gestionar mejor nuestras finanzas personales.

En el mundo de las finanzas prevalecen dos sesgos como los más comunes. El primero de ellos es la aversión a las pérdidas. Este sesgo provoca que las personas valoren más evitar pérdidas que buscar ganancias, lo que implica que se evite tomar pequeños riesgos, aunque estos puedan valer la pena. Por ejemplo, en un contexto de inflación, podría ser cuando las personas prefieren ahorrar el dinero en lugar de invertirlo.

El segundo sesgo más común en el mundo de las finanzas es el del comportamiento gregario. Esto ocurre cuando invertimos siguiendo lo que hacen otras personas, en lugar de tomar nuestras propias decisiones de inversión. Por ejemplo, si nuestros familiares o nuestros amigos están invirtiendo en acciones, es posible que nosotros nos dejemos influenciar y empecemos a invertir en esos mismos productos, pese a que sea arriesgado. En este sesgo también interviene el “miedo a perderme algo”, y esto pasa cuando no queremos quedarnos al margen de una posible ganancia que pueda tener algún conocido. De esta manera, nos comprometemos en decisiones que pueden no favorecernos solo por el hecho de que otros lo están haciendo. En este sentido, se recomienda tomar decisiones de forma independiente y dejándonos aconsejar siempre por parte de profesionales.

En este artículo hemos podido ver que existen mecanismos inconscientes que están presentes en nuestra relación con el dinero, y que nuestros rasgos de personalidad también influyen a nuestras finanzas personales. Por eso mismo, podemos encontrar a personas más derrochadoras u otras más ahorradoras. Lo importante, como ya hemos ido mencionando en este artículo, es estar informado y ser plenamente consciente de las decisiones que estamos tomando y que, en el caso de necesitar ayuda, no tengamos miedo a pedirla. Los profesionales están para eso, para ayudarnos a tomar decisiones más asertivas.

En MAPFRE, Luis nos pone el ejemplo de MAPFRE AM Behavioral Fund, un fondo de bolsa europea que, precisamente, trata de estudiar la psicología de los inversores para tomar decisiones de inversión más racionales. Esto pasa, por un lado, por intentar encontrar situaciones en las que el mercado pueda estar comportándose de manera irracional y, por tanto, asignando de manera equivocada precios a los distintos activos. En estos entornos, más comunes en el corto plazo, se hace posible encontrar acciones infravaloradas por otros inversores. Por otro lado, además de mirar hacia el mercado, también estudiamos nuestro propio proceso de análisis e intentamos reducir la probabilidad de caer en las trampas de nuestro cerebro.

Invertir tiempo en educación financiera y aprender a gestionar nuestras finanzas personales serán nuestros aliados para tomar mejores decisiones financieras a lo largo de nuestra vida. Por ello, en MAPFRE promovemos la educación y cultura financiera y de seguros entre nuestros diferentes grupos de interés, tanto a nuestros empleados como a la sociedad en general.

 

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