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TRANSFORMACIÓN | 09.09.2020

Javier Urra: «El desarrollo del niño precisa de la educación presencial”

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Entrevista Javier Urra, Doctor en Filosofía y Doctor en Ciencias de la Salud, ex Defensor del Menor: “Los niños se habitúan a la mascarilla mucho antes que los adultos, se adaptan; los adultos tienen una gran confusión”.

Unicef advierte de que para garantizar el derecho a la educación debemos ser capaces de proteger el derecho a la salud. En la situación actual, en la que muchos países siguen lejos de controlar los contagios, ¿era usted partidario de volver a las aulas?

Sin duda, sí. Es absolutamente necesario, sobre todo en los niños de más corta edad y lo es porque de ello depende su desarrollo cognitivo, social y aprendizaje. Los niños se desarrollan neurológicamente en contacto con los iguales, con el juego, con el diálogo, el debate. Tenemos que aprender a convivir con la pandemia y los padres deben tener criterio, porque no es coherente temer que un adolescente vaya al instituto y luego dejar que se arremoline con otros niños en un espacio cualquiera. Habrá positivos en niños, como los hay en adultos, y ahora es el momento de explicar a los niños que deben ir al colegio. ¿Prudencia? Toda la del mundo, y evitar que entren en contacto con abuelos y personas vulnerables. Muchas veces es el miedo de los padres el que se traslada a los hijos y creo que vamos a encontrarnos con un problema de absentismo escolar. En la universidad podemos manejarlo de forma híbrida, pero porque los jóvenes están en formación, no en desarrollo.

“Los niños tienen que volver a la escuela sí o sí”

¿Está tranquilo con un modelo híbrido presencial / online si la situación lo aconseja?

Yo estoy tranquilo con lo presencial, se van a tocar, se van a besar por mucho que estén encima los maestros, pero estamos viendo que hasta ahora la pandemia está siendo cruel en los mayores, dentro de las residencias, no con los niños. Claro que hay una preocupación económica, si un niño es confinado el trabajo se resiente, si se puede habrá que teletrabajar… Ésta es la realidad que tenemos y sabemos que los niños normalmente se transmiten todo tipo de virus. Me parece bien que haya grupos cápsula. Yo presido un centro terapéutico con 96 chicos y llevamos 10 años trabajando por grupos y hemos superado el confinamiento sin un solo contagio. Veo que hay mucha preocupación con que caiga enfermo un niño; a mí me preocupa mucho que caiga enfermo un profesor que haya estado en contacto con otros docentes. Si se organiza una junta de evaluación de todo el profesorado de un centro y hay un positivo, habrá que confinar a todos. Ahí hay que tener la inteligencia, la creatividad y hacer turnos que preserven lo más posible.

Sin extraescolares, con espacios reutilizables, planteando opciones alternativas a la ruta escolar, al comedor… ¿Cree que la urgencia actual actúa como despertador de la innovación para un sistema educativo durmiente?

Sí, un sistema durmiente. Al principio fue el shock, la paralización de todos, sin liderazgos. Ahora, que vemos que puede ir para largo, sin vacuna por el momento y sin que tengamos certidumbre de que si llega podrá salvarnos a todos, tenemos que plantearnos cómo convivir generando el menor riesgo posible. Pero la contradicción existe. Hay que salir, hay que comprar, hay que preservar la actividad económica. Los abuelos son los que están en riesgo en contacto con los niños. Antes, cuando las familias tenían problemas horarios o los niños tenían una enfermedad sobrevenida, contaban con los abuelos. Esto es algo que ahora está impedido, y sin contar con los abuelos es muy difícil… La sociedad ha perdido la piel con piel, las ganas de besarse y tenemos que tener mucho respeto al contacto intergeneracional.

¿Estamos ante un cambio de paradigma de las relaciones familiares al tiempo que buscamos regresar a las viejas costumbres? ¿Cómo adaptar las condiciones laborales?

Junto con el sociólogo Enrique Domingo y el director de Educar es Todo, gran comunicador, Leo Farache, creamos hace años el Instituto de Conocimiento Mar de fondo. Lanzamos un estudio a partir de 4.000 entrevistas en España sobre las prioridades en la vida de los españoles. Lo íbamos a presentar el 14 de marzo y por la situación, no pudimos. Volvimos a retomarlo después y la sorpresa es que las respuestas parecen fotocopiadas. No ha cambiado nada después del confinamiento. Las preferencias –creencias, valores y actitudes- siguen siendo idénticas. Han variado los comportamientos, las conductas, el teletrabajo, pero las preferencias no. El ser humano es flexible a variar algunos aspectos, pero manteniendo sus pilares y estructuras. ¿Va a ir cambiando el teletrabajo, el reparto de llevar cosas a las casas, a moverse más por el barrio y usar menos el coche? Seguro. Pero en sus preferencias, el individuo tiende a no cambiar, porque es lo que le da seguridad, y más en tiempos de incertidumbre como éstos. Es un trabajo ingente, muy interesante, que nos ha llevado mucho tiempo, mucho esfuerzo, con un equipo muy importante y lamentablemente sin ningún apoyo financiero.

Cómo podemos padres y madres apoyar el reinicio escolar. ¿También sufren estrés nuestros pequeños?

Hay niños que sí, que tienden a ser obsesivos o compulsivos. Pero en general tienen una gran ventaja con respecto a los adultos: no se ocupan mucho del pasado, ni anticipan el futuro. Viven el presente. En cuanto estén con otros niños esto desaparece. Pero hay padres que están muy preocupados y el niño lo vive. Hay otros niños que necesitan especialmente la escuela: los más pequeños, los de educación especial… ¿Estrés? El sistema de reparto logístico de la alimentación y la tecnología han funcionado muy bien. No se nos ha caído todo, pero fíjese que estamos en una sociedad que oculta la muerte, no hemos visto muchas imágenes. Estamos en una cierta ensoñación. Escribí un artículo duro en el que me preguntaba por qué hemos hecho una fiesta de una gran tragedia. La respuesta final es que hay intereses, miedos y una realidad social que dice: “Bueno, ha muerto gente mayor”. Como si eso hubiera acortado la vida. Si hubiesen sido 40.000 jóvenes, la sociedad no lo habría soportado. Esto lleva a planteamientos sobre qué es la ética. Se nos plantean muchos dilemas y cuestiones de interés, la soledad, el silencio, cómo se ha vivido esto en las distintas parejas, en las distintas relaciones familiares. Esto es un laboratorio de perplejidades que nos va a llevar muchos años analizar.

“Estamos en una cierta ensoñación. Escribí un artículo duro en el que me preguntaba por qué hemos hecho una fiesta de una gran tragedia.”

Vd. recalca que, en los niños, salvo patologías de otro tipo, el confinamiento no ha dejado huella significativa. ¿Qué diría de esta llamada nueva normalidad, cree que los menores se habrán acostumbrado a ver el mundo con mascarilla?

La mascarilla es lo menos importante, es el hábito. Los niños se habitúan a la mascarilla mucho antes que los adultos, que llevan muchos más años sin ella. Los niños se adaptan más; los adultos tienen una gran confusión con respecto a los niños, creen que sufren más. No… no, un niño se cae y se levanta.  A los niños hay que explicarles las cosas. Hijo, o alumno, veremos la luz al final del túnel. SI esto se supera en marzo del año que viene, dentro de tres años lo recordaremos como algo muy lejano y muy borroso. Esa es otra característica del ser humano: el maquillaje.

Si pudiera, ¿qué reforma educativa llevaría a cabo? ¿Cómo serían las escuelas del futuro?

Un Pacto de Estado, como el que se intentó y me consta que estuvimos cerca. Un pacto que evite la lucha entre escuela pública, privada y concertada; donde la lengua vernácula de cada región sea un enriquecimiento, pero siempre manteniendo una lengua que hablan 500 millones de personas, con un respeto a la trascendencia, a la espiritualidad, a la filosofía y con un cariño al lenguaje y a la expresión que permita, como en este momento, poder transmitir lo que uno piensa y siente verdaderamente… Y con un desarrollo de las emociones y de los sentimientos, si me permite, planteándonos también cómo educamos a niñas –apenas hay mujeres en las cárceles- y niños. Hay un reto esencial, que es el de la sensibilidad. Y descartando el término de Inteligencia Artificial. Puede haber algoritmos, una memoria en un ordenador muy superior al del ser humano, pero el ser humano es capaz de llorar porque está muy a gusto, porque recuerda a un amigo, estando muy a gusto, que murió. No hay máquina que lo entienda del todo jamás.

Vd. fue presidente de la Red Europea de Defensa del Menor. ¿Qué otros modelos sacan mejores notas en las asignaturas de resiliencia, flexibilidad y compromiso?

Somos mediterráneos, somos una gran cultura, un pueblo con Historia. Yo no miraría mucho más lejos. Pero lo que sí haría rápidamente es aumentar la inversión en educación. Decimos que en España no hay universidades entre las 200 mejores. Pero es que hay que ver lo que hacen universidades como Yale, Harvard, Oxford. Es muy difícil competir contra los mejores con un presupuesto tan ínfimo. Yo creo que si nos creemos de verdad la educación hay que apoyarla. Y que los padres coadyuden a los profesores, pero para eso necesitamos cultura. Hay solo una epidermis de información… Tenemos muchos problemas. Hay que transmitir el amor por la educación y el aprendizaje en todas las fases de la vida.

¿Qué no debería faltar en nuestra mochila como sociedad este curso? Diálogo, consenso, visión a largo plazo, inversión tecnológica, apoyo psicológico…

Esperanza, optimismo, unas gotas de humor, trabajo, trabajo… trabajo. Menos crítica y más colaboración, dar lo mejor de uno y ser generoso. Sabemos que hay gente que será muy egoísta, muy cortoplacista, pero hay otra que lo va a dar todo por la sociedad. Y desde luego un criterio de que lo importante no es el yo, sino el nosotros. Todos los que estamos viviendo la pandemia nos moriremos. Eso es así. El miedo no puede atenazarnos.  Va a haber situaciones dramáticas económicas, paro, gente que no podrá pagar el alquiler y ahí es cuando tiene que demostrar que es flexible, no solo los Estados y los gobiernos. SI alguien va a perder su trabajo, rebajémonos el sueldo. No podemos seguir pensando: que lo sea la sociedad y yo no. Estamos todos concernidos. De ésta tenemos que salir colectivamente.

Si fracasara el empeño en retomar la vuelta al cole normalizada, ¿qué podemos esperar de situaciones similares en el futuro? ¿Cambiarán los planes de contingencia?

Las materias, lo que hay que estudiar, lo esencial se mantendrá. La forma de dar una clase presencial o hacerla por Zoom o Skype es lo que varía. La pasión por el aprendizaje se transmite estando delante, no detrás de una pantalla. Pero creo que los niños han aprendido muchísimo, porque han visto a los padres nerviosos, han visto a los padres llorar, porque ellos han mostrado ternura. Se han perdido parte del temario seguro, pero han madurado, porque así son las situaciones extremas.

¿Cómo vamos de liderazgo, disciplina, responsabilidad y respeto? ¿Está el mundo preparado para la que se avecina?

Fatal a nivel político. Hay muy poco criterio, muy pocas ideas individuales, es muy gregario todo alrededor de lo que diga el jefe, el grupo, y muy de ir contra el otro. Y esto sucede en un momento de incertidumbre, en el que se requiere creatividad, un pensamiento lateral, un pensamiento alternativo. No hay liderazgos en el mundo. Hemos perdido a los grandes estadistas. Esto nos tiene que hacer pensar cómo funciona el sistema. Pero hay grandes empresarios, que son gestores. Quizá ellos podrían dar solución a situaciones que requieren capacidad de gestión, análisis de realidad, manejo de la economía. Las empresas pasan por baches y tienen muy claro dónde hay que recortar, qué hay que hacer y dónde volver a incentivar y abrir nuevos campos de trabajo. Eso es realmente esencial. Me parece que la sociedad ha perdido en gran medida la confianza de sus representantes y eso es preocupante.

¿Y qué hacemos entonces, a quién escuchamos? Aquí la opinión se convierte en algo que hay que respetar. Yo no soy arquitecto, puedo dar opinión sobre el edificio que me alberga, pero vale poquísimo. Hay que dar voz al que sabe, al que ha estudiado, porque si no hay mucho ruido. Se democratiza la opinión. Yo pienso que lo que hay que democratizar es la meritocracia, el esfuerzo, porque si no estamos rebajando continuamente el nivel de todo.

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