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FINANZAS | 28.12.2020

Cinco factores en la transición de la sincronía de la recesión a la asincronía de la recuperación

 

Manuel Aguilera

Director General de MAPFRE Economics

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Manuel Aguilera_DG Servicio de EstudiosComo ha sido discutido ampliamente por analistas y académicos, la crisis que actualmente vive la economía global —caracterizada por la abrupta y profunda caída en la actividad económica— tiene un solo factor explicativo: la implementación de las medidas de confinamiento y distanciamiento social con las cuales los gobiernos han intentado contener la expansión de la pandemia del Covid-19.

En la medida en que la génesis de la crisis es un factor de naturaleza eminentemente exógena y genuinamente global, el grado de sincronía que alcanzó la recesión económica en el mundo fue excepcionalmente alto. Baste señalar que, en el punto más álgido de las restricciones a la actividad impuestas para lidiar con la pandemia, prácticamente el 95% de las economías del orbe se hallaba sumido de manera simultánea en una situación recesiva (medida como la contracción anual del PIB per cápita), lo que contrasta, por ejemplo, con el 60% observado en el peor momento de la gran crisis financiera de 2008-2009.

Ahora bien, la conclusión del desarrollo de vacunas, junto al reciente avance en la producción de fármacos para bloquear el contagio del coronavirus, han abierto la perspectiva de que a partir de la primavera de 2021 la actividad económica pudiera comenzar a normalizarse. Sin embargo, el alto grado de sincronía que se alcanzó en la recesión económica global no anticipa, de forma alguna, que una sincronía equivalente vaya a presentarse a la hora en que inicie el proceso de reactivación de la actividad económica. Por el contrario, el futuro pareciera depararnos el paso de la sincronía de la recesión a la asincronía de la recuperación. ¿De qué dependerá este proceso? En mi opinión, de la articulación de cinco factores.

1. Aplicación de vacunas y tratamientos terapéuticos

En la medida en que la crisis económica se halla condicionada —en su duración y efectos— por el desarrollo de la pandemia, la eficacia que los sistemas sanitarios de los diferentes países desplieguen en la aplicación generalizada de la vacuna y, en su caso, de los tratamientos terapéuticos para bloquear el contagio del virus, marcará un primer punto de diferenciación en la recuperación económica.

En general, los países desarrollados —en los cuales, luego de un período de relativo control, se ha presentado una segunda ola de contagios que ha comenzado a ceder por la aplicación de nuevas medidas restrictivas— parecieran contar con sistemas sanitarios mejor dotados para este propósito. En contraposición, los países emergentes —con sistemas sanitarios y gobernanzas más débiles— deberán hacer frente no solo a la necesidad de seguir lidiando con una tendencia creciente de contagios (la cual prácticamente no ha variado desde el inicio de la emergencia sanitaria), sino también con el reto económico de adquirir suficientes dosis de vacunas y fármacos, y con el reto logístico de distribuirlos y aplicarlos de manera ágil entre sus poblaciones.

2. Eficiencia lograda con la implementación de las medidas de política económica

En segundo lugar, el éxito que se haya conseguido con el balance de las medidas de política monetaria y fiscal aplicadas para limitar la afectación a la estructura económica durante el shock producido por la pandemia constituirá otro factor para explicar, por una parte, los daños de naturaleza estructural que la recesión haya producido a su paso y, por la otra, la rapidez con la que las diferentes economías logren reactivarse una vez flexibilizadas o eliminadas las medidas de restricción.

Es un hecho que las políticas monetarias ultra-expansivas se generalizaron en el mundo de la mano de una visión unificada de los bancos centrales, y que estas se mantendrán por algún tiempo. No obstante, no ocurrió lo mismo con las medidas fiscales de apoyo a la planta productiva y al empleo, las cuales hallaron diversos obstáculos para su propagación a nivel global: desde limitaciones producidas por los altos niveles previos de endeudamiento público, hasta la autocontención explícita por parte de algunos gobiernos. Al final, las economías que hayan logrado un balance más eficiente en el empleo de estos dos instrumentos de política económica para limitar los daños de la recesión sobre la economía real tendrán, sin duda alguna, mayores posibilidades de una recuperación más rápida y sostenible cuando las condiciones sanitarias así lo permitan.

3. Estructura sectorial de las economías

Un tercer factor para explicar las disonancias que se presentarán en la reactivación económica post-pandemia entre países —y entre regiones al interior de estos— tiene que ver con la diferente estructura sectorial de cada economía. Por la naturaleza del factor exógeno generador de la crisis, aquellas economías con una estructura por sectores en las que exista un mayor peso de las actividades manufactureras, e incluso de las primarias, contarán con una ventaja relativa frente a aquellas otras en las que el sector de los servicios constituye un pilar fundamental en la contribución al crecimiento del producto interior bruto. A diferencia de las actividades primarias y secundarias, los servicios —fuertemente dependientes de la proximidad, el contacto social y la confianza de los consumidores— constituyen el área de mayor afectación real y, por ende, la que enfrentará mayores dificultades para una reactivación completa.

4. Vulnerabilidades estructurales

No debe olvidarse que antes de la irrupción de la pandemia en el escenario global a fines de 2019, la economía del mundo ya venía perdiendo dinamismo y que, en ello, influían las vulnerabilidades estructurales previas que diversas economías —tanto emergentes como desarrolladas— venían acumulando. Por ello, la existencia previa de estas debilidades en los fundamentales macroeconómicos (deuda pública interna y externa, apalancamiento de corporativos y familias, deficiente financiación de la balanza de pagos, entre otros), junto con el grado en el que estas se hayan profundizado como resultado de la recesión, será otro factor clave en la velocidad de la recuperación económica entre países y regiones. No hay duda de que los efectos de estas vulnerabilidades emergerán al momento de retomar la actividad económica y podrán convertirse en una limitante a la sustentabilidad de la reactivación en el medio plazo.

5. Gobernanza e implementación de la política económica

Por último, la incertidumbre respecto a la instrumentación de las políticas públicas en cada país se perfila como un importante factor diferenciador en el proceso de recuperación. La coherencia y consistencia en la implementación de la política económica —un tema que necesariamente toca aspectos relacionados con la fortaleza de la gobernanza en cada país—, junto con la capacidad técnica de los gobiernos para lidiar con el complejo escenario en el que habrá que articular medidas para reactivar actividades que hayan quedado adormecidas por la recesión, así como para recuperar otras que hayan sido gravemente dañadas por esta, constituirá un aspecto que, en su articulación con el resto de los factores antes referidos, estimulará o desincentivará el proceso de ahorro-inversión y, por ende, de formación de capital.

Hasta ahora, el escenario en el que se ha logrado cierto repunte económico gracias a la flexibilización de algunas medidas de restricción representa solo el de la recuperación parcial de las actividades menos afectadas por la crisis, pero se halla aún muy lejos de ser un escenario que siquiera permita alcanzar los niveles de generación de riqueza previos a la pandemia. El verdadero reto que los gobiernos tendrán ante sí en los próximos meses tendrá que ver con la capacidad para —una vez acreditada la efectividad de las vacunas y fármacos contra el virus— recuperar las áreas de la economía más fuertemente dañadas por la recesión y, con ellas, recomponer el tejido productivo, el empleo y el ingreso. Superada la pandemia, pero inmersos aún en un complejo contexto de incertidumbre, la asimetría de la recuperación será el nuevo gran desafío para la economía del mundo.