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CORPORATIVO | 23.04.2020

COVID-19: un evento único en un mundo diferente

 

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El Servicio de Estudios de MAPFRE contempla un escenario estresado en el que la contracción del PIB español alcanzaría el 10,7%

Para la economía mundial, estima un rango de caída de entre el 3% y el 8,2%, con un aumento del endeudamiento de al menos el 15% del PIB

Si observamos cómo se han comportado los mercados financieros durante las últimas semanas, podemos apreciar cómo su dinámica ha cambiado de forma radical, y estos movimientos han sido más bruscos que en muchas de las crisis anteriores que hemos vivido. Algunos pueden decir que todo se debe a los efectos del COVID-19, pero la verdad es que no es solo por esto.

Dos grandes cambios se han venido desarrollando durante los últimos años. En primer lugar, se ha producido un aumento importantísimo de la velocidad de transmisión de información (especialmente gracias a Internet y las redes sociales) y, por otro lado, se han creado nuevos instrumentos de inversión disponibles para los actores (ETFs, en particular). Estos dos factores son muy diferentes de los que teníamos hace años, como cuando ocurrió la crisis 2008.

De esta manera, cuando sucede algo tan relevante como el COVID-19, la cadena de transmisión entre los hechos y los mercados financieros es mucho más directa. Cuando el virus comienza a propagarse, todos se vuelven mucho más conscientes de la situación, no solo gracias a la velocidad sino también a la riqueza de esta información, pese a no ser siempre de la mejor calidad, y por lo tanto, pueden tomar diferentes medidas en consecuencia. Y esto afecta, por supuesto, a las decisiones de ahorro e inversión.

En los últimos años, se ha producido un desarrollo de productos que permiten actuar en una gran parte del mercado de una manera simple y directa y que se han ofrecido de forma masiva a los inversores, tanto minoristas como institucionales. Han contado así con un nuevo medio de acción que no diferencia entre unas empresas y otras. Como resultado, los efectos de COVID-19 se han amplificado, generando volatilidades nunca antes vistas.

La proliferación de estos instrumentos son consecuencia del desarrollo tecnológico y no cabe duda de que el desarrollo tecnológico es sinónimo de progreso, también en los mercados financieros. Pero es cierto que cuando llega un evento como este, se produce un shock entre la demanda y la oferta de estos productos, cuya actuación se aleja de fundamentos económicos. Como consecuencia, exacerban la caída de los precios de los activos y las empresas ven, a su vez, cómo les cortan muchas fuentes de financiación.

En un escenario de fuerte incertidumbre como el actual, nuestra recomendación se basa en no cambiar de forma radical nuestra estrategia de inversión, que tanto nos ha costado diseñar, y que tiene en cuenta tanto nuestro nivel de riesgo admisible como nuestro horizonte de inversión. La volatilidad, lamentablemente ha venido para quedarse en este nuevo mundo, y esto no sólo es culpa del COVID.

Puede consultar la versión completa del informe del Panorama aquí.