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SEGUROS| 09.12.2021

¿Cómo afecta al seguro el atasco en la red mundial de transporte?

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La crisis global en la cadena de suministros es ya una realidad tangible en buena parte de los sectores de la economía. La acumulación de contenedores en los puertos de todo el mundo hace que falten materiales y se alarguen los plazos en prácticamente cualquier rincón del globo y en todo tipo de actividades. Y el mundo del seguro no es ajeno a todo ello: los retrasos que se acumulan en las cadenas de distribución están cambiando la manera en que se cubren estas grandes operaciones.

El transporte de mercancías es uno de los motores de la economía global, especialmente el marítimo: más del 80 % del comercio mundial se mueve por barco, un porcentaje que es aún mayor en los países más desarrollados. Nuestras economías son muy dependientes del tráfico de los grandes buques de carga, y la mejor muestra de ello es el efecto dominó y las millonarias pérdidas que causó que uno solo de ellos, el Ever Given, bloquease el canal de Suez durante una semana a comienzos de este año.

Como se explica en este artículo, son varios los factores que han confluido en el atasco del comercio mundial. La reanudación de las compras y la producción pospuestas en los momentos iniciales de la pandemia, junto a los planes de estímulo de los Gobiernos, relanzaron rápidamente la demanda. Y las redes de logística no han podido dar una respuesta rápida a esta avalancha de pedidos.

El mayor problema es que no hay buques suficientes para acelerar las entregas. Los portacontenedores actuales son gigantescas embarcaciones que rondan los 400 metros de eslora y capacidad para más de 20.00 contenedores, y conforman una flota que es difícil y costoso aumentar. “Los barcos son los que hay, y no se construyen en un año”, explica José Manuel Castillo, Head of Global Marine en MAPFRE Global Risks.

La ecuación es clara: cada vez más mercancías esperando en los puertos pero un número limitado de barcos de carga han dado como resultado unos cuellos de botella que han disparado los plazos en el transporte. Los tiempos varían dependiendo de las rutas, pero algunas que se hacían habitualmente en 30 días ahora se completan en más de 100, una demora que está dando muchos quebraderos de cabeza a quienes compran y venden estas mercancías, pero también a las aseguradoras que cubren estos intercambios.

Un trayecto más largo en el tiempo significa:

  • Mayor riesgo

Los incidentes con las mercancías no tienen lugar solo durante la navegación. Las pólizas cubren los daños que pueden sufrir las mercancías desde que salen de un puerto hasta que llegan a destino, incluyendo los almacenamientos intermedios. Por eso, José Manuel Castillo subraya que los departamentos que evalúan el riesgo de estas operaciones se fijan especialmente en las paradas intermedias, con los contenedores parados en terminales logísticas. De hecho, junto a las colisiones y varadas de los buques, los accidentes más comunes son los incendios. Y no es solo que la carga parada más tiempo tenga más probabilidades de sufrir un siniestro; además, los retrasos han llenado los puertos y en ocasiones los contenedores tienen que ser derivados a otras terminales, de las que no siempre se conocen las condiciones de seguridad. Teniendo en cuenta la complejidad de algunos de los países por los que pasan las rutas marítimas, evaluar los nuevos escenarios y sus riesgos no es una tarea fácil. 

  • Variación en el precio de mercancías y activos

La fluctuación del valor de las cargas comienza a ser un problema cuando los viajes se alargan meses y el precio de algunas mercancías es altamente volátil, una volatilidad que la propia crisis de suministros ha aumentado. Como ejemplo, el acero es ahora casi 2,5 veces más caro que a comienzos de año por la escasez de materias primas. Esto dispara las indemnizaciones que habría que pagar en caso de siniestro, ya que éstas se abonan por el valor en factura, un valor que puede incrementarse durante el tiempo que dura el transporte. Las pólizas contratadas antes de esta crisis se hicieron con unos límites que eran suficientes y razonables, pero que se ven superados en estos momentos. Asimismo, la exposición al riesgo que tiene la aseguradora es también mayor, puesto que la indemnización se incrementaría, pese a que la mercancía es la misma.  Hasta los propios buques mercantes se ven afectados por esta situación: su valor sube con la fuerte demanda que están teniendo, y el coste de oportunidad de dejar de transportar los miles de millones en mercancías que ahora esperan en los puertos. 

Estos factores afectan de lleno a la actividad de las aseguradoras, que han recibido numerosas peticiones de nuevas contrataciones y para ampliar las existentes. La congestión del tráfico mundial obliga a cubrir las cargas por más tiempo -muchas mercancías están aseguradas con pólizas pensadas para los plazos prepandemia- y con límites mayores en el valor de las indemnizaciones, lo que supone un reto para quienes evalúan el riesgo ante escenarios completamente nuevos y cambiantes. No obstante, desde MAPFRE Global Risks creen que será una situación coyuntural y ya comienzan a observar signos de que esta situación extraordinaria se está suavizando de modo que tanto estas dificultades como el consecuente incremento de los costes irán normalizándose.

Además de la congestión del tránsito por mar, ha habido otras trabas que han contribuido a la tormenta perfecta que ha azotado al transporte mundial. Siguiendo con la cadena de suministro, los contenedores que se descargan en puerto llegarán a su destino en camión. Y en este sector, como saltó al primer plano de la actualidad con el Brexit pero sucede en buena parte del mundo occidental, falta mano de obra cualificada, por lo que se incorporan como camioneros personas con menos experiencia. De nuevo, aquí el mundo del seguro vuelve a notar los efectos, ya que debido a esta falta de profesionales cualificados hace un tiempo que se observa una ligera tendencia al alza de la siniestralidad, en una actividad en la que los incidentes más habituales son los vuelcos -otros como los robos ganan peso en ciertas regiones, como Latinoamérica-.

Las economías globalizadas necesitan para funcionar estas redes de transporte y suministros, que conforman un complejo engranaje en el que todas las piezas deben encajar. Como se ha visto en esta crisis, el fallo de una sola de ellas puede desencadenar un efecto de grandes e imprevisibles consecuencias.