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SALUD | 19.03.2021

Gonzalo Hervás: “Cuantos más rituales cotidianos de disfrute tengamos, mejor”

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MAPFRE está firmemente comprometida con la salud y el bienestar de las personas, muy ligados a la felicidad que hoy se conmemora con ocasión del Día Internacional que instauró Naciones Unidas en 2012. Entrevistamos a Gonzalo Hervás, Profesor titular de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid y ex presidente de la Sociedad Española de Psicología Positiva sobre la búsqueda de este valor universal y actitudes para trabajar el optimismo.

¿Qué es la psicología positiva?

La psicología positiva es un área que trata de enfocar en todo lo que funciona bien: en las fortalezas psicológicas, fortalezas humanas y en la propia, en el bienestar, en las bases de todos los procesos y cualidades que nos hacen tener comportamientos más brillantes y positivos para la sociedad.

¿Qué comportamientos son ésos? 

Todos conocemos a personas que destacan en algún campo o comportamiento: algunas, por su sentido del humor; otras por ser grandes líderes, otras por su honestidad o capacidad de resolver problemas complejos. Cualidades que nos llaman la atención, que valoramos y que a menudo están infraestudiadas. Muchas personas tienen grandes fortalezas que, por desgracia, no ponen en práctica, a veces porque las desconocen.

¿Qué papel juega mindfulness en esta corriente?

Es una aplicación que, en los últimos años, nos hemos dedicado a estudiar mejor, porque revela muchos aspectos del funcionamiento psicológico. Consiste básicamente en prestar atención, a la respiración, a las propias sensaciones corporales, a nuestros propios procesos mentales, al momento presente. Y todo ello sin juzgar, atendiendo de una forma cálida y abierta. Una de las ventajas es que puede mejorar el estado de ánimo, aumentar los niveles de bienestar en personas que están bien y prevenir circunstancias negativas en aquéllas que tienen dificultades. Puede ayudar a crecer, a conocerse mejor, y a afrontar el estrés. Con la práctica, a medio y largo plazo, aparecen otros beneficios: a nivel de personalidad, de potenciación de rasgos “valiosos”, como el agradecimiento o el altruismo, así como el autoconocimiento, saber lo que uno necesita y tomar mejores decisiones en la vida.

 

«Es importante ser activos, buscar soluciones a los problemas y anticiparnos para que un problema no derive en uno mayor»

¿Alguna cualidad que considere fundamental para afrontar la incertidumbre? 

Probablemente el contacto interpersonal, fundamental para el bienestar y que juega un papel esencial en situaciones adversas y traumáticas. Las relaciones son un bálsamo que permite que nos recuperemos antes. [Como ahora físicamente no siempre es posible de la manera en la que estamos acostumbrados, podemos apoyarnos en la tecnología.] Es bueno que haya relaciones en las cuales uno pueda sincerarse o hablar de lo que le preocupa. Eso quita mucho peso, ayuda a escucharse a uno mismo y también a relativizar lo que llamamos, en el lenguaje coloquial, “montarse películas”. A nivel técnico conocemos muy bien ese efecto de bucle, de retroalimentación entre el afecto negativo y pensamientos distorsionados. Hay que tratar de evitarlo, por ejemplo, no pensando en la cama o reduciendo el tiempo de aislamiento en casa, o en soledad. Las relaciones nos ayudan a salir [dando un paseo al aire libre, pasando la tarde en un parque…] y a no rumiar.

Es importante ser activos, buscar soluciones a los problemas y anticiparnos para que un problema no derive en uno mayor. La actividad facilita mucho la adaptación en situaciones que, como estamos viendo con la pandemia, son cambiantes. Hemos vivido en contextos muy distintos, algunos de amenaza e incertidumbre por tener que seguir estando activos. En otros momentos hemos estado más protegidos, pero muy aislados. Cada situación es diferente, nos quita ciertas cosas y nos impulsa a adaptarnos. Si intentamos vivir todas las situaciones con el mismo piñón, con la misma actitud o usando internamente las mismas estrategias, lo normal es que no nos funcione. Es bueno pararse, sin rumiar, y preguntarse qué necesito, qué otras formas de organización y gestión de mi día a día puedo encontrar, y tratar de buscar un equilibrio nuevo. Por supuesto, hay ciertas situaciones que son muy complicadas y requieren buscar apoyo.

 

¿En qué se diferencia la psicología positiva de corrientes hiper positivas que rechazan la existencia de emociones como la tristeza o la ira?

Hay veces que se confunde el pensamiento positivo con la psicología positiva, y no tienen nada que ver. Por ejemplo, el hecho de tener un mal día o varios seguidos, tristeza, ira o un sentimiento de injusticia son reacciones normales que merecen su espacio y deben ser expresadas. Es verdad que hay formas de comunicación que pueden ser dañinas para uno mismo y para otros. Hay que buscar las más saludables. No es incompatible con sentir emociones más agradables: podemos sentirnos mal y promover otro tipo de sentimientos a través de experiencias concretas como hacer una comida especial, un paseo un día soleado, empezar algo y por supuesto, valorar las relaciones y los momentos de contacto. Se trata de que las dos partes tengan su espacio.

Lo que hay que intentar es que no nos inunde la tristeza o la desesperanza, porque si nos ocupa durante varios días seguidos es fácil que se produzca una infusión emocional que termina distorsionando nuestra forma de pensar. Lo que percibimos es más amenazante de lo que realmente es y vemos menos salidas. Nos sentimos más cansados, con más dificultades, con menos iniciativa y menos posibilidades de encontrar soluciones. Y eso, lógicamente, nos va hundiendo anímicamente. Tenemos que prestar atención a los signos de alerta como dormir mal o que los demás nos digan que estamos un poco pesimistas.

 

«El problema no es tener pensamientos pesimistas, que pueden llevar a una mayor protección, sino tener pensamientos pesimistas incorrectos, distorsionados, que prolongan el malestar»

¿Aferrarnos a las cosas pequeñas?

La felicidad o el bienestar psicológico es algo complejo. Puede provenir de muchas vías diferentes, como las relaciones personales, el trabajo, el logro, actividades que nos dan sentido, el disfrute de actividades de ocio y cómo nos hacen sentir que estamos aprendiendo, en evolución. Estos son los ingredientes comunes. Y luego hay otros que son facilitadores para resolver mejor los problemas, que nos aportan energía para conseguir esas metas. Entre ellos destacaría las experiencias cotidianas de disfrute, de las que casi siempre podemos disponer. Como Amélie, en la película -muy recomendable-, disfrutando de lo pequeño: Tocar la superficie lisa de un tejido, lanzar piedras y ver cómo rebotan en el río. Por ejemplo, hay personas que disfrutan mucho comiendo el queso pegado en el cartón de la pizza. Cuantos más rituales de disfrute tengamos, mejor. Escuchar música, mirar por la ventana, observar una planta, el olor a colonia notando cómo recorre todo el cuerpo al respirarlo. Las hay creativas: me contaba una persona que, hasta una semana antes de salir de viaje -un gran lujo en esta época- coloca la maleta en el dormitorio. Cada vez que entra y sale, recuerda que se irá y empieza a paladear la experiencia.

Esos pequeños momentos de disfrute, como en el clásico anuncio, son como una gota de detergente que empuja la grasa hacia afuera. y permiten ver las cosas con un poco más de distancia y objetividad. El problema no es tener pensamientos pesimistas, que pueden llevar a una mayor protección, sino tener pensamientos pesimistas incorrectos, distorsionados, que prolongan el malestar.

Vd. ha elaborado un índice de felicidad. ¿Qué mide y qué aplicación espera conseguir?

El índice Pemberton de felicidad es un indicador de bienestar que trata de aunar todo el conocimiento que hemos ido recogiendo las últimas dos décadas. Tenemos indicadores generales (satisfacción con la propia vida, satisfacción con determinadas necesidades que son claves, bienestar de las relaciones, sensación de competencia o de que uno es capaz de resolver la mayoría de los retos del día a día…), pero como somos un poco “esponjas” y nos importan las personas cercanas y el entorno, recogemos también esas variables.

¿Qué podemos esperar tanto del trabajo individual como el colectivo, de los poderes públicos y de los líderes para ser una sociedad más robusta?

Creo que todas las personas en sus diferentes responsabilidades tienen su cuota de influencia. Muchas personas lo están haciendo muy bien. Un gran ejemplo son los niños, yo creo que con mucha más responsabilidad, flexibilidad y capacidad de adaptación que los adultos. Tienen conciencia de la importancia del bien común, de las normas… Si cada persona en su ámbito hiciera más o menos lo que hace un niño normal veríamos que las cosas funcionan mejor. Pero se prima el corto plazo, el tacticismo en términos de opinión pública, etcétera, y de forma partidista. Todos estamos percibiendo el fracaso de nuestro sistema político. Hay ámbitos que lo están haciendo extraordinariamente, como el sanitario. En hospitales o centros de salud, no solo médicos, enfermeros, sino muchos otros profesionales están haciendo un trabajo enorme de entrega, compromiso, responsabilidad, sacrificio, riesgo y contención. Podemos fijarnos en esos grupos y tratar de emularlos, hacer que sea nuestro modelo y aunque en momentos podamos flaquear, no caer en inconsciencias.

¿Cómo es una organización saludable? ¿Qué importancia tienen los liderazgos positivos?

Las organizaciones saludables demuestran lo que han invertido en esfuerzo, recursos, desde los propios mandos y comités ejecutivos, para impulsar determinadas actitudes, marcos y culturas. Ahora ven los resultados. Aquéllas que estaban más protegidas antes de la pandemia, han resistido mucho mejor y han podido afrontar los retos protegiendo el bienestar de sus plantillas, sabiendo adaptarse, arrimando el hombro y manteniendo la salud a todos los niveles de la empresa. Por supuesto depende de sus líderes, los que han sido más capaces de comprender y encajar el malestar, de empujar, de mantener la ilusión y de proyectar confianza.  A nivel organizacional inciden más factores: la cultura y base común que se ha ido construyendo poco a poco y que tiene que ver con la confianza, la comunicación horizontal y vertical, la transparencia, claridad en cuanto a normas, políticas y objetivos. El cuidado de las personas se transmite en muchos detalles y aspectos del día a día; obviamente es imposible ser perfecto, como tampoco en una familia bien avenida se es.

¿Cómo ayudar a superar una experiencia traumática? El “ya verás cómo todo pasa, el tiempo lo cura todo” y minimizar, ¿puede ser contraproducente?

La respuesta no es sencilla. Intentar consolar, a veces, puede producir un efecto inverso. Hay que hacer que la persona que sufre se sienta acompañada sin frases vacías de contenido. Acompañar implica estar con la otra persona y darle un espacio para hablar. Nuestra misión también es facilitar, en la medida de la posible, que tenga momentos de distracción por supuesto, pero cuando nos exprese cómo se siente no debemos ponernos nerviosos, ni salir corriendo porque nos empieza a afectar su dolor. A veces debemos entender que el dolor de la otra persona tiene que estar durante un tiempo, y eso es algo natural e inevitable.