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SALUD| 14.01.2022

Entrenar ciclismo como un profesional nunca fue tan fácil

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La tecnología y los canales sociales de los propios ciclistas lo hace posible.

El boom de la bicicleta propiciado por la pandemia y las crecientes políticas que fomentan el uso de los vehículos autónomos en sus distintos formatos, así como el aumento de carriles y rutas cíclales en las grandes ciudades, ha propiciado que muchas personas elijan las dos ruedas como medio de transporte. Y de todos estos, una minoría decide tomarse el montar en bicicleta como un nuevo deporte al conocer sus enormes beneficios para la salud y la mente.

España es, gracias al buen clima y la enorme afición que existe al ciclismo, tanto de carretera como de montaña (y cada día más otras variantes más extremas como el BMX o el descenso), un país donde el uso de la bicicleta está creciendo de manera exponencial desde el segundo trimestre de 2020. La prueba son los enormes problemas de escasez de stock en el mercado de bicicletas y componentes de una industria que ha salido muy fortalecida de la crisis sanitaria y que ha puesto en tela de juicio los modelos productivos que hasta marzo del fatídico 2020 se venían siguiendo. Y es que las grandes marcas de bicicletas y toda la industria de componentes producían principalmente en China y en el sureste asiático. Hoy siguen sin recuperarse los ritmos de producción prepandemia, pero son muchos los fabricantes que están buscando alternativas, como por ejemplo en Portugal, que finalizó 2020 con 2,7 millones de bicicletas producidas, superando así a Italia como primer productor en la Unión Europea.

Pero volviendo a los usuarios, aquellos que como decimos eligen la bicicleta como deporte, se encuentran con la facilidad que la tecnología les brinda para poder entrenar y progresar en este deporte de la mano de los profesionales. ¿Y cómo es esto posible? Pues sencillamente gracias a que la tecnología cada vez es más asequible y a que los profesionales, exprofesionales e influencers de las grandes marcas son generadores habituales de contenidos en redes sociales, principalmente en YouTube o Instagram, los medios sociales más populares para compartir vídeos.

Sin entrar en debates sobre precios (no es necesario gastarse una gran fortuna para empezar en el mundo de las dos ruedas), tanto las bicicletas como los componentes y los wearables o aparatos para medir el rendimiento, como teléfonos móviles, relojes inteligentes o dispositivos GPS, están cada día más al alcance de cualquier persona. Algo que hace años solo estaba disponible para el deporte de alta competición. La proliferación de aplicaciones con geolocalización, que nos permiten planificar rutas y sesiones de entrenamiento, ha hecho que cualquier persona con un smartphone pueda entrenar casi como un profesional. Y si seguimos las pautas y consejos que los propios protagonistas de las grandes vueltas, campeonatos del mundo o Juegos Olímpicos nos cuentan en sus canales sociales sobre entrenamiento, técnica, nutrición, descanso y recuperación, no nos hace falta mucho más para empezar a rendir en cada salida y disfrutar así aún más de este gran deporte.

Otro de los factores que hace que el ciclismo sea un deporte cada vez más popular es que se puede practicar en solitario. No hay que apuntarse en ningún sitio, no hay que pagar cuotas ni gastarse un dineral en equipamiento si uno no quiere. Simplemente disponer de una bicicleta, equipamiento básico y tiempo para salir a rodar, lo que hace que sea un deporte que se adapte a los bolsillos y horarios de casi cualquier persona que tenga motivación y pueda y quiera iniciarse en él.

También el ciclismo nos ofrece muchas alternativas para su práctica dependiendo de nuestros gustos, tiempo y capacidades. Como indicábamos al principio, existen diferentes disciplinas como el ciclismo de carretera, de montaña, BMX y descenso, siendo el de carretera y el de montaña los más populares. Y cada disciplina requiere el uso de una bicicleta determinada con unas características propias, incluso bicicletas híbridas o de cicloturismo que combinan propiedades de bicicleta de carretera y de montaña. Sin olvidarnos de las e-bikes que, si bien encarecen el coste de una bicicleta básica, permiten iniciarse en este deporte a personas que no están muy en forma o bien continuar su práctica a personas mayores, para quienes subir un repecho puede costar un gran esfuerzo, pero que no quieren bajarse de la bicicleta.

El ciclismo para fomentar el turismo

Cada día vemos construir más pistas de BMX en zonas urbanas o bikeparks o parques para bicicletas en zonas de montaña que en invierno se utilizan como pistas de esquí y el resto del año se usan para la práctica del descenso, una modalidad que cada año gana más adeptos, lo que nos da una idea de otro de los grandes beneficios del ciclismo como promotor del turismo, ya que cada día es más normal que ciclistas de todos lados se desplacen a las catedrales del ciclismo para subir los puertos de montaña de las grandes vueltas, pero también se acerquen a estaciones de esquí a practicar descenso o a subir montañas gracias a las bicicletas eléctricas, que hacen más accesible el ciclismo de alta montaña para los aficionados.

También se fomenta cada vez más el uso de las vías pecuarias y antiguos caminos de peregrinación como en España el Camino de Santiago o el Camino Real de Guadalupe, por ejemplo; el uso de vías verdes (antiguos trayectos de ferrocarril reconvertidos en pistas cíclales) permite la aparición de proyectos altruistas como el de Montañas Vacías o la llamada ruta por la Laponia española, un circuito que recorre gran parte de la España vaciada entre las serranías de Albarracín y el Alto Tajo por las provincias de Guadalajara, Cuenca y Teruel.

Existe una nueva modalidad de cicloturismo en bicicleta por este tipo de vías, fuera de la red nacional de carreteras, llamada bikepacking,  que consiste en viajes de varios días en los que se lleva en la bicicleta todo lo necesario para acampar y sobrevivir recorriendo estas zonas más despobladas pero de inmenso valor paisajístico y humano.