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CORPORATIVO| 12.12.2022

“Un propósito, un proyecto, un vínculo emocional, sentir que tu trabajo tiene un sentido… Esto es lo que engancha hoy a las personas”

JUAN CARLOS RONDEAU

Juan Carlos Rondeau

Director corporativo de Organización y Talento de MAPFRE

Hace unos años, no muchos, un buen sueldo, beneficios sociales o estabilidad eran algunas de las demandas más comunes de las personas cuando se incorporaban al mercado laboral o a la hora de cambiar de empresa. La pandemia ha cambiado ese enfoque. O tal vez no haya sido la pandemia, sino algo que se estaba gestando desde antes y la pandemia lo ha aflorado o ha hecho que emergiese de forma más acentuada y rápida. 

Hoy, unirse a un proyecto interesante, en una empresa con un propósito y unos valores, el sentimiento de ser útil y de que aquello que se hace en el trabajo tiene un sentido, es lo que motiva a los empleados y lo que demandan. Esto es lo que piden hoy los profesionales a las empresas y eso es lo que les engancha a unirse a un proyecto o a cambiar rápidamente a otro.

Vivimos en un momento en que el gran reto al que nos enfrentamos es la gestión de la incertidumbre. No reconocerlo es negar una realidad que se ha presentado ante nosotros de una forma que nadie podía imaginar. Hace más de dos años, nos fuimos a casa por la amenaza de una pandemia. Ninguno de nosotros habíamos vivido algo similar. No sabíamos cuándo volveríamos a las oficinas. Empezamos a trabajar y a relacionarnos de forma masiva en remoto.  ¿Estábamos preparados para ello? Todas las empresas lo hicimos. No había elección (en un mes, el 90% de la plantilla estaba teletrabajando). Supongo que el nivel de preparación de cada empresa era diferente, también en función del sector en el que operase… pero sobre la mesa se puso una realidad, que hoy, unos años después, tiene un peso innegable: flexibilidad, confianza y responsabilidad bidireccional entre la empresa y el empleado y viceversa.

Y son precisamente estas características las que definen las nuevas formas de trabajar y lo que están demandando todas las personas, con independencia de su edad. Tal vez porque esto facilita el crecimiento y el desarrollo profesional y personal. Y porque son exigencias cada vez más importantes a la hora de captar y mantener el talento, porque es importante recordar que dentro de las organizaciones hay mucho talento, que debe ser aprovechado, y que demanda conciliación y tiempo para la vida privada.

Tener un proyecto atrayente, interesante, que permita un desarrollo profesional, que motive a un empleado a decir “sí” es condición sine qua non hoy en día. El sueldo o los beneficios sociales son importantes, pero es algo que se da por hecho. Es algo que, en mayor o menor medida, todas las compañías ofrecen. Lo que hace diferente a una empresa de otra es el resto. Es su cultura empresarial, es su propósito, su sentido social.  La cultura empresarial es el cemento que sigue engranando la maquinaria de cualquier corporación, pero la forma de transmitirla, de sentirla es diferente a la de hace unos años. Por eso, la necesidad de un vínculo emocional, sobre todo, cuando parte de la plantilla trabaja en remoto, es imprescindible.

Hoy, lo que se demanda es un proyecto ilusionante, una empresa con propósito, con valores, que se identifique con lo que quiero hacer… y esta demanda es común a todas las generaciones.

Trabajar en proyectos globales haciéndolo desde el país de origen o en proyectos de otro negocio o de áreas diferentes a las que se está adscrito posibilita compartir y adquirir nuevos conocimientos. Los equipos autónomos y multidisciplinares posibilitan conocer otros puntos de vista por el simple hecho de que se ven desde otro prisma, aunque sólo sea geográfico, desde otra edad…. Es esa diversidad lo que suma valor al trabajo, enriquece un proyecto y también a los empleados, tanto personal como profesionalmente.

Estas características que definen la nueva forma de trabajar no son estáticas, se trata de un proceso en continua evolución, en el que los líderes de equipos tienen un papel muy importante, porque también esta figura ha cambiado. El líder debe ser el aglutinador y facilitador del trabajo de sus equipos. Equivocarse no es sinónimo de fracaso. Prueba y error son herramientas y medios para seguir avanzando. La autonomía de los miembros de un equipo se consigue con confianza en el equipo y con el líder y esa confianza se traduce en autogestión. Precisamente es el líder el que cohesiona un equipo, el que cuida y atrae el talento, el que permite y facilita el crecimiento de todos los miembros.

Hay que aprender todos los días y también aprender a desaprender lo aprendido porque ya no sirve. La burocracia es contraria a lo que hoy piden las personas en las empresas. Piden inmediatez, agilidad, algo que las empresas también deben aprender a gestionar y deben aprender rápido. Aprender todos, empresa y empleados, en un contexto totalmente diferente al que se ha tenido hasta ahora.

Precisamente es en esta nueva realidad en la que el empleado se convierte ahora de verdad en el dueño de su carrera profesional. Esa capacidad de autoaprendizaje adquiere mayor importancia en momentos como los actuales. La compañía debe poner los medios para que la persona aprenda los conocimientos de su puesto para desarrollarse, pero es ella la que decide qué quiere aprender. Autoaprendizaje. Probablemente éste sea uno de los grandes cambios en la última década en el ámbito de los recursos humanos. Cada uno labra su talento y la empresa debe conocer todo ese talento y tenerlo identificado. Esa gestión va a permitir a la empresa ofrecer retos nuevos a los empleados.

Empieza a perfilarse también una nueva tendencia: empleados que cambian de empresa no porque estén a disgusto sino porque encuentran un proyecto ilusionante en otra compañía y les apetece. Y quieren tener la oportunidad de regresar a la empresa. Esta dinámica que está empezando ahora puede que no sea tan rara en el futuro y puede, incluso, beneficiar tanto a las empresas como a los empleados. Estos adquieren nuevas habilidades y conocimiento y las empresas se benefician de ese nuevo talento aprendido en otra compañía. Hoy es incipiente… pero quién sabe.

La velocidad y el cambio de paradigma que estamos viviendo en la forma de trabajar es mucho más rápido que fueron los cambios en el pasado. Esta es nuestra realidad. La forma de gestionar los equipos ha cambiado, la forma de trabajar también, las demandas de los empleados y sus intereses ya no son los mismos. Sentido de propósito y agilidad para adaptarnos a esos cambios son primordiales por parte de todos. Esto es lo que engancha hoy a las personas para unirse a una empresa y esta realidad es imparable.