¿Por qué Mapfre ha realizado esta emisión? ¿Qué es la deuda subordinada Tier 2 y para qué es necesaria? ¿Qué papel juegan estos instrumentos financieros complejos en una multinacional aseguradora como Mapfre? “Este tipo de operaciones forman parte de la gestión habitual del capital en un grupo asegurador global y responden tanto a exigencias regulatorias como a objetivos de eficiencia financiera”, explica Juan José Zahonero, Director de Riesgos de Mapfre y responsable de Cuantificación de Riesgos y Capitales del Grupo.

El origen de todo está en la solvencia. La regulación europea, conocida en el sector de los seguros como Solvencia II, impone una cantidad mínima de fondos propios admisibles que la compañía ha de atesorar para hacer frente a sus compromisos en distintos escenarios de riesgo. Pero las autoridades no consideran todos los fondos propios como iguales. Unos tienen más calidad que otros, debido a que son más estables, más disponibles, o tienen más capacidad de absorción de pérdidas.

Capital y más

Solvencia II dictamina que la mayor parte de los fondos propios admisibles han de estar formados por elementos clasificados como Tier 1 (o primer escalón), entre los que se encuentran el capital social y las reservas. Son los de mayor calidad si hablamos de solvencia, ya que son los que primero sufrirían pérdidas en caso de que la compañía atraviese dificultades. Pero también porque están disponibles de forma inmediata, de manera estable y permanente en el tiempo.

En el segundo escalón están los instrumentos Tier 2. La regulación permite a los grupos aseguradores llenar sus arcas de recursos propios hasta un porcentaje de deuda subordinada Tier 2. Se trata de un tipo de bono considerado híbrido, ya que tiene algunas características propias de la deuda corporativa tradicional a la vez que presenta otras cualidades más propias del capital.

Al ser un instrumento Tier 2, los inversores dueños de esta deuda subordinada saben que en principio se sitúan en segundo lugar en el orden de prelación en caso de que la compañía sufra problemas de solvencia.

Más riesgo y más rentabilidad

Esta característica convierte a la deuda subordinada en un instrumento más arriesgado que la deuda corporativa tradicional.  Los inversores asumen más riesgo que en la deuda ordinaria y, a cambio, exigen una rentabilidad mayor.

Por ello, Mapfre tiene que afrontar el pago de unos intereses superiores cuando realiza este tipo de emisiones en comparación con otros instrumentos como los bonos sénior. A su vez, los inversores en este tipo de deuda híbrida obtienen unos rendimientos vía intereses por encima de lo que percibirían en el caso de invertir en deuda tradicional.

Al tratarse de un instrumento financiero complejo, las emisiones de deuda subordinada están restringidas a inversores profesionales. Son ellos los que cuentan con herramientas adecuadas para medir cuál es el retorno adecuado en función del riesgo que se asume.

Optimización del coste de capital

Si bien es cierto que la deuda subordinada es más cara para Mapfre que la deuda sénior, también es verdad que se trata de un instrumento más barato que el capital, permitiendo cubrir exigencias regulatorias con un menor coste para la entidad.

“Las emisiones de deuda subordinada son una forma de financiar el capital a un coste muy eficiente, todavía más en estos momentos en los que los diferenciales frente a la deuda senior está en mínimos históricos. Esto refuerza la solidez y flexibilidad financiera del Grupo”, explica Leandra Clark, Directora de Relaciones con Inversores y Mercado de Capitales.

No obstante, para una compañía multinacional como Mapfre, la realización de emisiones de deuda subordinada tiene otros beneficios, más allá de simplemente reforzar la solvencia regulatoria del Grupo.

Ampliar el rango de inversores

Mapfre es un actor relevante en los mercados y por ello acude de manera periódica a los inversores. La compañía programa las veces que apelará al mercado para realizar emisiones de bonos sénior, deuda subordinada u otros tipos de instrumentos.

Con las emisiones de instrumentos híbridos, Mapfre obtiene un beneficio relevante dada su naturaleza de actor en los mercados financieros. En concreto, se trata de la diversificación de las fuentes de financiación. Los inversores interesados en deuda subordinada no son los mismos que aquellos que compran deuda sénior o quienes adquieren acciones.

En este contexto, el Grupo logra ampliar su base de inversores, elevando su capacidad de asegurarse acceso a los mercados en el futuro. “Desde Relaciones con Inversores, mantenemos un contacto activo con los inversores de renta fija, tanto sénior como subordinada, con el objetivo de estar preparados para poder acudir a mercado en el momento oportuno”, añade Beatriz Ranea, del equipo de Relaciones con Inversores.

Capital para las agencias de rating

La naturaleza híbrida de la deuda subordinada no solo es relevante para la regulación. Las principales agencias de rating (S&P, Fitch y AM-Best) también consideran estos instrumentos como capital híbrido, de manera que una parte de su valor sirve para reforzar la percepción de solvencia del Grupo a ojos de las agencias de calificación crediticia y de los mercados.

En resumen, la deuda subordinada es mucho más que una fuente de financiación. Es un instrumento que combina ventajas de la deuda y del capital, ayuda a reforzar la solvencia de Mapfre, mejora su acceso a los mercados y permite optimizar la estructura financiera del Grupo.

“En un entorno regulatorio exigente como el actual, este tipo de instrumentos se ha convertido en una pieza clave para garantizar la estabilidad y sostenibilidad del negocio asegurador”, concluye Juan José Zahonero.