El informe “Panorama económico y sectorial 2026: actualización de previsiones hacia el segundo trimestre” de Mapfre Economics subraya que el encarecimiento de la energía, las disrupciones logísticas y la intensificación de los riesgos geopolíticos están reactivando presiones inflacionarias justo cuando parecía que la estabilidad estaba cerca. Como recoge el documento, “la economía global opera en un entorno marcado por información incompleta y horizontes de decisión más cortos”.

El resultado es un escenario incómodo: los precios se resisten a bajar con claridad, el crecimiento pierde fuerza y los bancos centrales se ven obligados a actuar en un margen cada vez más estrecho. Cada decisión puede inclinar la balanza entre una desaceleración ordenada o un episodio de estanflación.

Estados Unidos: resiliencia en un entorno incierto

Estados Unidos aparece mejor posicionado para absorber varios meses de inflación elevada. Su condición de productor energético, la flexibilidad de su tejido productivo y la profundidad de sus mercados financieros actúan como amortiguadores frente al shock. En un escenario donde el conflicto geopolítico no escale, el impacto podría sentirse más como ruido que como una ruptura del ciclo económico.

Mapfre Economics prevé una inflación del 3,3% este año y del 2,1% el próximo, mientras la Reserva Federal mantiene los tipos sin cambios. Aun así, el proceso de desinflación muestra signos de agotamiento. Como explica Eduardo García Castro, “el proceso de desinflación en vivienda y en el núcleo de servicios mostró cierta estabilización”.

Europa: el riesgo de estanflación se hace más visible

Europa es, según el informe, la región donde el deslizamiento hacia un escenario de riesgo es más evidente. El continente seguirá creciendo, pero a un ritmo más débil y bajo un régimen de inflación más elevada y volátil. El BCE mantiene una postura restrictiva, priorizando el control de expectativas en un contexto donde la fragilidad macroeconómica se ha intensificado.

Las previsiones apuntan a una inflación del 2,5% este año y del 2% el siguiente, aunque el equilibrio es frágil. Si el conflicto geopolítico no se encauza, Europa podría deslizarse hacia una forma más severa de estanflación, con crecimiento anémico y márgenes de actuación muy reducidos para la política económica.

Asia: inflación más alta y riesgo de restricciones físicas

Asia enfrenta un impacto similar al europeo, pero con un matiz crítico: su mayor exposición al comercio energético y a las rutas marítimas afectadas. El informe advierte de que el shock podría trasladarse rápidamente desde precios más altos hacia restricciones físicas de suministro. En varios países del sudeste asiático ya se observan medidas de racionamiento y ajustes preventivos de producción, lo que introduce una dimensión distinta al episodio inflacionario.

América Latina: heterogeneidad y capacidad de absorción

La inflación en América Latina se situará en el 8,8% este año y en el 7,8% el próximo, pese a ser una de las regiones menos expuestas al conflicto. La capacidad de absorción del shock varía según la estructura productiva de cada país. Brasil destaca por su resiliencia, gracias a su menor vulnerabilidad energética externa y a una economía más diversificada. México, en cambio, muestra un equilibrio más frágil debido a su dependencia de las importaciones de gasolinas y gas.

La geopolítica como eje del ciclo económico

El informe concluye que el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán no ha creado un nuevo marco económico, pero sí ha acelerado una tendencia que ya estaba en marcha: la geopolítica se ha consolidado como el eje que ordena el ciclo económico global. Como señala Mapfre Economics, “anclar expectativas en una trayectoria dominante” se ha vuelto especialmente difícil en un entorno donde la coordinación internacional es cada vez más limitada.