Mantener las coberturas año tras año es uno de los errores más comunes. ¿Qué puede pasar en estos casos? Varias cosas: que estés pagando por algo que ya no necesitas, o peor, que estés expuesto a riesgos sin la adecuada protección.
A continuación, analizamos algunos de los momentos clave y qué seguros debes poner bajo la lupa.
Cuando la familia crece o todo lo contrario
Formar una familia es un auténtico giro de guion. Con la llegada de un hijo las prioridades cambian por completo. Si tienes contratado un seguro de vida, es el momento de revisar que el capital cubra sobradamente la seguridad de los tuyos frente a imprevistos tan graves como el fallecimiento o la invalidez; y de paso, que no se te olvide actualizar los beneficiarios de la póliza. En paralelo, añade al recién llegado a tu seguro de salud y asegúrate de que este incluya un buen cuadro médico de pediatría, urgencias 24 horas y las revisiones de desarrollo para poder dormir tranquilo.
Si tus hijos ya han crecido y se han independizado, ¡enhorabuena! Tus gastos diarios y responsabilidades ahora son mucho menores, así que es el momento perfecto para empezar a mirar por ti. Si no lo has hecho antes, saca provecho al ahorro a través de las opciones que te ofrece el seguro.
Cuando ya eres propietario
Comprar una vivienda es, para casi todo el mundo, el mayor gasto en su vida. Por eso, meter en la ecuación un seguro de hogar es un acierto desde el minuto uno. Esta póliza actúa como un escudo integral que resguarda el continente —la estructura física, paredes y techos frente a incendios o goteras—, y el contenido, es decir, todos los muebles, electrodomésticos y bienes valiosos que vayas sumando a tu nuevo espacio. Además de evitarte gastos imprevistos ante robos y averías, te ofrece una cobertura clave de responsabilidad civil para afrontar cualquier daño involuntario que puedas causar a terceros o vecinos.
Por otra parte, si para cumplir tu sueño has tenido que pedir una hipoteca al banco, debes saber que hay seguros pensados para que la deuda quede saldada por quedarte en el paro, sufrir una enfermedad grave o en caso de fallecimiento.
Otro detalle importante: acuérdate de avisar a tu aseguradora si haces alguna reforma. Si tienes la mala suerte de sufrir un siniestro y las cosas que declaraste en su día se han quedado desactualizadas, la indemnización será más pequeña de lo que realmente valen tus pérdidas actuales.
Por último, si lo que te has comprado es una segunda residencia, ten en cuenta que las casas de vacaciones pasan muchísimo tiempo cerradas y ahí el riesgo se dispara. En este caso, tu póliza tiene que centrarse en especial en protegerte de los robos, el vandalismo y los daños por agua (los grifos olvidados o las roturas sin vigilar causan estragos). Si decides rentabilizarla y ponerla en el mercado, también hay opciones para proteger la operación.
Los seguros te apoyan si eres emprendedor
Igualmente, si tus ingresos o tu forma de ganarte la vida cambian, sobre todo si te has lanzado al mundo del autoempleo, también tiene que evolucionar tu seguridad.
Como emprendedor, es clave que revises si estás bien cubierto. Por ejemplo, si tienes que parar tu actividad por una baja médica, te vendrá de lujo un seguro que te respalde mientras no puedas facturar. Tampoco está de más contar con un seguro de salud para tener asistencia médica al momento, ahorrándote las largas listas de espera para especialistas o pruebas de diagnóstico.
De la misma forma, el seguro de responsabilidad civil profesional es vital para proteger tu patrimonio personal ante reclamaciones de clientes por errores en tu faceta profesional, especialmente en profesiones como arquitectos o médicos, y existen coberturas para blindar a tu negocio contra clientes morosos.
Una jubilación de oro
La jubilación es un giro de 180 grados en tu día a día. Ahora, tu mayor tesoro ya no es tu capacidad de generar un sueldo mensual, sino tu patrimonio, tu salud y exprimir a fondo tu tiempo libre. Este cambio de mentalidad te obliga, sí o sí, a darle una vuelta a tus seguros.
El sistema público es una garantía, pero la medicina privada te asegura atención inmediata en una edad en la que se suele pisar más la consulta. Por eso, el seguro de salud sigue siendo un aliado infalible en esta etapa. Además, al no usar el coche para ir a trabajar, los kilómetros anuales caen drásticamente. Acomoda tu póliza de autos a la nueva rutina. Asimismo, al pasar más tiempo en casa, el riesgo de siniestros domésticos cambia y ahora es más necesario que nunca que tu seguro incluya servicios de ‘manitas’ y de asistencia.
Por último, si tienes un capital acumulado (por ejemplo, de la venta de una segunda vivienda, un negocio…), y temes que el dinero se acabe si vives muchos años, un seguro de rentas es un producto ideal, ya que un pago único se transforma en una renta periódica garantizada.
No dejes tu tranquilidad al azar
Los cambios en la vida son inevitables, pero es mejor afrontarlos con la confianza y la tranquilidad que te puede dar la cobertura de tus seguros. Por eso, en Mapfre avanzamos contigo y te ofrecemos soluciones flexibles que crecen y se adaptan contigo en cada etapa de tu camino.
¿Cuánto hace que no revisas las condiciones y coberturas de tus contratos?




