El ser humano es, ante todo, un ser social. A diferencia de otras especies que sobreviven gracias a la fuerza individual, nosotros lo hacemos por nuestra capacidad para cooperar, organizarnos y construir vínculos estables. Desde las primeras comunidades hasta las sociedades contemporáneas, la colaboración ha permitido compartir recursos, transmitir conocimiento y sostener la convivencia. La vida en contacto con otros es la base misma de la armonía social.
Esta lógica relacional se mantiene cuando las personas crean empresas. Al fin y al cabo, una empresa nace de decisiones humanas, y por ende reproduce su misma necesidad de interacción constante. Dependen de la confianza y se definen por la calidad de sus relaciones: con clientes, empleados, proveedores, accionistas, reguladores… Todos forman parte de un ecosistema en el que nadie puede actuar de manera unilateral sin consecuencias.
Tradicionalmente, principios como el respeto, la escucha activa y la atención han guiado estas relaciones. Sin embargo, el siglo XXI, marcado por el cambio climático y enormes transformaciones sociales, ha introducido una variable que transforma la forma de entender la colaboración corporativa: hablamos de la sostenibilidad.
La cooperación empresarial actual exige integrar los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) en la toma de decisiones. De hecho, cerca del 70% de los directores generales a nivel mundial afirma haber integrado plenamente los factores ESG en su negocio para generar valor, según datos de KPMG. Esta tendencia responde al convencimiento de que una propuesta sólida en sostenibilidad puede brindar el éxito a largo plazo. Cada vez más inversores lo exigen — el 89% de ellos considera los factores ESG al decidir en qué empresas invertir — y las inversiones sostenibles ya superan los 30 billones de dólares a nivel global, lo que confirma que integrar criterios ESG también contribuye al rendimiento financiero.
Los clientes como aliados en la sostenibilidad
Los clientes ocupan un lugar central en esta transformación. Diversos estudios muestran que una mayoría de consumidores ajusta sus decisiones de compra en función del compromiso sostenible de las empresas: el 70% afirma que probablemente compraría productos de una empresa que comparte sus valores ambientales. En contrapartida, el 76% dejaría de comprar si percibe prácticas irresponsables. Asimismo, el 88% de los consumidores muestra mayor lealtad hacia negocios que abanderan causas sociales o ambientales.
Ante esta realidad, las empresas están integrando la sostenibilidad en su propuesta de valor. En el sector financiero y asegurador, esto se traduce en el desarrollo de productos y servicios que permiten a los clientes alinear sus decisiones con sus valores y gestionar mejor los riesgos emergentes. También implica mantener un diálogo constante para comprender expectativas y anticipar cambios regulatorios y sociales.
La suscripción de seguros es uno de los ámbitos donde esta integración resulta más tangible. En Mapfre, la suscripción sostenible se apoya en un modelo interno de análisis que evalúa los riesgos ESG asociados a cada operación, teniendo en cuenta el sector, la actividad y las geografías en las que operan los clientes. Este análisis permite anticipar impactos, definir umbrales de riesgo y orientar las decisiones hacia escenarios más resilientes. Se complementa, además, con políticas que reflejan nuestra apuesta por una economía baja en carbono y por el respeto a los derechos humanos. En 2025, hemos reforzado nuestro compromiso mediante la aprobación del nuevo Marco de Suscripción Sostenible que implica una aplicación y cumplimiento estricto de criterios con el objetivo de crear mayor valor sostenible para los clientes y lograr un impacto positivo en el entorno.

La cadena de suministro también puede (y debe) ser colaborativa
Si los clientes son un motor del cambio desde la demanda, los proveedores y la cadena de valor lo son desde la oferta. Gran parte del impacto ambiental de una empresa se genera más allá de sus operaciones directas. Se estima que hasta un 90% de ese impacto puede originarse en su cadena de suministro, lo que explica por qué cada vez más compañías integran criterios ESG en la selección y gestión de sus proveedores. En este aspecto, se calcula que el 81% de las empresas considera que los factores ESG son determinantes al decidir con quién trabajar.
La gestión sostenible de proveedores suele comenzar con códigos de conducta claros y marcos de cumplimiento exigentes. En Mapfre mantenemos la relación con nuestros proveedores bajo un marco riguroso que va más allá del control formal. La colaboración implica trabajar conjuntamente para mejorar prácticas a través de auditorías, evaluaciones periódicas, formación y acompañamiento para que los socios comerciales puedan adaptarse a criterios sostenibles más exigentes. Desde 2019, contamos con una metodología de homologación ESG que nos permite evaluar a nuestros suministradores en aspectos de calidad, sostenibilidad, ética, legalidad y desempeño operativo. Tal como detallamos en nuestro último informe integrado, en 2025 homologamos a más de 18.000 proveedores en más de diez países bajo los criterios ESG, un aumento significativo en relación al año anterior.
En definitiva, en Mapfre sabemos que la sostenibilidad es un esfuerzo colectivo. Solo trabajando de la mano con todos nuestros grupos de interés lograremos un impacto positivo a largo plazo. Así, podremos seguir contribuyendo al desarrollo de una sociedad más equitativa, segura y respetuosa con el planeta. Y ese compromiso seguirá siendo una prioridad irrenunciable en nuestra agenda corporativa.




