Hay algo profundamente humano en la necesidad de cerrar la puerta de casa y sentir que todo está en orden. Ese gesto sencillo define el hogar como nuestro refugio principal, un espacio de seguridad donde descansamos y nos sentimos protegidos. Pero, si ampliamos la mirada, comprobamos que nuestro hogar no termina en esas cuatro paredes, sino que se extiende hacia los bosques, los océanos y los sistemas naturales que hacen posible la vida. Esta perspectiva se ha vuelto más actual gracias a las recientes imágenes enviadas por la misión Artemis II de la NASA en su viaje alrededor de la Luna. Desde el espacio, la Tierra se observa como un único hogar compartido. Cuando entendemos la grandeza del concepto «hogar», nuestra perspectiva del cuidado se transforma. Y es que, según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la degradación de la naturaleza ya afecta al bienestar de al menos 3.200 millones de personas. Por tanto, conservar el medio ambiente es la forma más directa de asegurar nuestra propia estabilidad y de cuidar «nuestro hogar».

El vínculo entre ecosistemas y empresa


Los ecosistemas, como los humedales, los bosques o las selvas, actúan como un sistema de soporte que regula todo lo que necesitamos para vivir. Según un informe de la Plataforma Intergubernamental sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (Ipbes), más del 50% del PIB mundial depende de la naturaleza y de los servicios ecosistémicos que proporciona. Esta dependencia, sin embargo, contrasta con la velocidad a la que estamos degradando esos mismos sistemas. Según el informe Planeta Vivo de WWF, se ha perdido el 73% de las poblaciones de vertebrados entre 1970 y 2020. Esta situación tiene consecuencias y, ante este escenario de vulnerabilidad global, el papel de las empresas empieza a tener una importancia vital. La urgencia climática exige que se conviertan en agentes activos de restauración, pues son una pieza más del ecosistema que, al igual que cualquier ciudadano, depende de la estabilidad del clima y de la riqueza de los recursos naturales para prosperar. Actualmente, existen organizaciones que lideran proyectos con un compromiso real sobre el terreno, como Patagonia, la firma de equipamiento de montaña que se ha convertido en un referente en la protección de ecosistemas vírgenes. Desde 1985, la compañía dona el 1% de su facturación a asociaciones ambientales y colabora activamente con organizaciones dedicadas a la preservación de paisajes naturales y la restauración de espacios verdes. Su modelo demuestra que el éxito empresarial puede ir unido a la protección del entorno.

Un compromiso con el planeta

En Mapfre hemos integrado la protección de la biodiversidad y el capital natural como una prioridad estratégica que atraviesa toda nuestra actividad a nivel internacional. Nuestro compromiso se fundamenta en la convicción de que el sector asegurador es, por naturaleza, un gestor de riesgos, y hoy no existe mayor riesgo que la degradación de nuestro entorno. En la compañía avanzamos hacia la neutralidad de emisiones en nuestros países principales para el año 2030. No hay que olvidar que en 2024 reportamos una reducción de la huella de carbono un 25% respecto a la situación de referencia del año 2022, lo que representa 15 puntos por encima de lo esperado. Además, impulsamos las inversiones sostenibles, con más del 95% de nuestras inversiones alineadas a criterios ESG. Según nuestro último Informe Integrado, en Mapfre contamos con 590 pólizas vigentes relacionadas específicamente con la protección de la biodiversidad y los ecosistemas, lo que generó un volumen de primas de casi 2.500.00 euros en el ejercicio 2025. Pero nuestro trabajo va más allá, ya que nos enfocamos en la recuperación de la vida a través de proyectos de reforestación y restauración de ecosistemas en diversas regiones donde estamos presentes.

Proyectos con impacto

La preservación de hábitats es una de las formas más eficaces de actuar frente al cambio climático, especialmente cuando se aborda desde una perspectiva global. En 2024, desde Mapfre hemos compensado parte de nuestra huella de carbono operativa impulsando proyectos que combinan gestión forestal sostenible y deforestación evitada en distintos territorios. En Puerto Rico (846 t de CO₂), Perú (2.514 t) y México (3.137 t), estas iniciativas han contribuido a proteger ecosistemas clave, desde la Amazonía hasta la Sierra Madre Occidental, evitando emisiones y reforzando la biodiversidad. Este compromiso se extiende a regiones especialmente sensibles como Brasil, donde hemos compensado 3.518 toneladas de CO₂ a través de la protección del Pantanal, uno de los humedales tropicales más valiosos del planeta. Y es que las empresas no pueden prosperar en un entorno que se degrada, porque la estabilidad de cualquier negocio depende de la salud de los sistemas naturales que nos rodean. Al final, cuidar los ecosistemas es la forma más honesta de cuidar nuestra propia casa, pues solo cuando el planeta está en equilibrio, ese gesto cotidiano de cerrar la puerta y sentir que todo está en orden vuelve a tener todo su sentido.