La diferencia entre las tres es bastante reseñable. Quien tiene un colchón resuelve el problema y sigue con su vida. Quien no lo tiene arrastra ese día de invierno durante meses, en forma de cuota, intereses y una inversión que quizá tenga que deshacer en el peor momento.

Pues bien, según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, publicada el 5 de febrero de 2026 con datos referidos a 2025, el 36,4% de la población no tuvo capacidad para afrontar gastos imprevistos, frente al 35,8% del año anterior. Más de un tercio de los hogares españoles, por tanto, no puede hacer frente hoy a un contratiempo sin recurrir a financiación.

¿Cuánto tengo que tener de colchón?

Ahora toca responder la pregunta del millón. ¿Cuánto se considera suficiente para tener el colchón de emergencia? No hay una cantidad exacta que hay que tener, depende del tipo de familia y sus gastos.

Por ejemplo, no es lo mismo un asalariado con contrato indefinido y hogar de dos sueldos a un hogar con un único sueldo o con cargas familiares, o a un autónomo.

Sin embargo, la referencia más extendida (la que da Banco de España y la CNMV) indica que para el fondo de emergencia conviene destinar un equivalente a entre tres y seis meses de gastos normales.

Es conveniente puntualizar dos matices de esta afirmación. La primera es que se habla de gastos, no de ingresos. Es decir, el colchón no se calcula sobre la nómina, sino sobre los gastos que realmente se realizan a lo largo de un mes: hipoteca o alquiler, suministros, comida, transporte, seguros, colegio, cuotas… Ese número casi siempre es menor que los ingresos, lo que hace el objetivo más alcanzable de lo que parece a primera vista.

La segunda es sobre el “normales”. No se trata de cubrir un mes de vacaciones ni el gasto de las Navidades, sino el suelo de la economía doméstica: aquello que seguiría pagándose aunque mañana dejaran de entrar ingresos.

¿Dónde tener el colchón de emergencia?

Aquí está el error más frecuente: buscar una rentabilidad excesiva. Su única exigencia es estar disponible en cuestión de horas o días, sin pérdidas y sin penalizaciones. Eso descarta cualquier vehículo cuyo valor pueda estar a la baja justo el día en que hace falta el dinero o que no se permita hacer uso de él en un amplio tiempo establecido.

Los productos que encajan son los de máxima liquidez y riesgo mínimo, como los fondos monetarios y los de renta fija a muy corto plazo. Lo importante no es exprimir el último decimal de rentabilidad, sino que el dinero esté ahí cuando toque.

Está claro que han de ser productos que cumplan con los siguientes requisitos:

  • Liquidez. Los imprevistos se llaman así porque llegan cuando menos te los esperas y, por eso, es importante que el dinero se pueda rescatar rápidamente.
  • Estar lo suficientemente separado de las cuentas corrientes habituales como para evitar tentaciones.
  • No tener un alto riesgo. Es importante que el valor del dinero depositado no sufra excesivas variaciones a lo largo del tiempo.

No hay que tener todos los ahorros parados

Ahora bien, que el colchón busque productos líquidos y con bajo riesgo no significa que el resto del ahorro deba quedarse quieto. En España, los depósitos y el efectivo representaban el 33,3% del ahorro financiero de las familias en el primer trimestre de 2026, según los datos de INVERCO elaborados a partir de las cuentas financieras del Banco de España. Es decir, un tercio del ahorro nacional está en liquidez, bastante más de lo que un colchón de emergencia requiere.

La regla es sencilla: liquidez la que necesites, y ni un euro más. Lo que excede el colchón tiene otro destino y otro horizonte.

Calcular la cifra que debemos destinar al colchón de emergencia, decidir dónde colocarla y saber qué hacer con el ahorro que sobra por encima de ella es una conversación que merece la pena tener con alguien que conozca tu situación: Mapfre Gestión Patrimonial cuenta con una red de expertos financieros que pueden ayudarte a ponerle números a tu colchón y a dar destino al resto de tu ahorro.