La despoblación rural es uno de los principales problemas a los que se enfrentan las diferentes sociedades de todo el mundo. No en vano, es raro el país que no está experimentando un continuo éxodo de los entornos rurales a las grandes ciudades, con las consecuencias que esos movimientos migratorios conllevan.

En el artículo ¿Por qué hay que evitar la despoblación rural? ya explicamos las razones de enfocarse en revertir una situación que no tiene visos de cambiar a corto plazo. En él se exponía que según un informe de Julius Baer, la población rural en todo el mundo es del 47%, aunque las previsiones apuntan que en el año 2050 ese porcentaje habrá disminuido hasta el 30%.

Estos datos no son nada halagüeños porque el equilibrio entre el campo y la ciudad se antoja clave tanto para la calidad de vida de las personas, como para la preservación del medio ambiente y para una correcta salud financiera.

Principales problemas que provoca la despoblación rural

Ahondando en estos problemas -para comprender posteriormente las posibles soluciones- se llega a las siguientes conclusiones:

Paralelamente, el nivel de vida en las ciudades también se despeña, ya que, paradójicamente, se multiplica el coste de la misma. Es decir, la aglomeración de personas no solo provoca que situaciones estresantes en el día a día, sino que hace aumentar la demanda y, como consecuencia, que los precios se disparen. Así pues, la bolsa de la compra y el alquiler de viviendas terminan llevándose una buena parte de los ingresos de cada ciudadano, provocando que su nivel adquisitivo sea bajo.

 

El turismo como solución inmediata para la despoblación rural

Ante esta situación, uno de los sectores que ha abanderado la causa para recuperar las zonas rurales ha sido el turismo. El creciente interés por aquellos entornos que alejaban al viajero de los lugares más concurridos (playas, ciudades famosas…) trajo consigo la proliferación de casas rurales donde estar en contacto con la naturaleza y disfrutar del ambiente “de pueblo”.

No cabe duda de que esto ha otorgado una segunda vida a numerosas poblaciones, que han experimentado un crecimiento inesperado desde hace un par de décadas. Sin embargo, la pandemia de coronavirus ha abierto los ojos a mucha gente, que ha llegado a la conclusión de que el turismo es una solución a corto y medio plazo, pero no debe ser la única, puesto que en el momento en que se produzca un bajón como el experimentado, la situación vuelve al punto de partida.

No obstante, no sería justo dejar de apuntar los beneficios que aporta el sector turístico a zonas que “viajaban” hacia la temible despoblación. A saber:

Como se puede observar, todo forma parte de una cadena cuyo engranaje es esencial para la recuperación de los entornos rurales. Sin embargo, esta no puede ni debe ser la única cadena con la que se frene el éxodo a las grandes urbes. Han de buscarse otro tipo de soluciones a corto plazo que conduzcan a una estrategia a largo plazo capaz de detener el creciente porcentaje de habitantes urbanos.

Así lo expresa Arturo Crosby, CEO de Forum Natura en una columna publicada en Hosteltur.com: “Es muy difícil mantener una oferta de turismo con una ocupación menor al 50% y salvo situaciones específicas puntuales, la rentabilidad económica se basa en ocupaciones anuales de aproximadamente el 25/30 % (entre 19 y 40%), cifras que nos informan sobre la poca probabilidad que el turismo sea la salvación rural, aunque pueda contribuir a ella, siempre y cuando se produzcan cambios disruptivos básicos sociales, empresariales y, sobre todo, administrativos-burocráticos que ayuden a tener un escenario atractivo y productivo”.

Propuestas para frenar la despoblación rural

Como cabe esperar, hay cientos, sino miles, de propuestas en todo el mundo para frenar la despoblación de los entornos rurales, de manera que es casi imposible hacerse eco de todas ellas. No obstante, sí que se pueden remarcar las palabras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que asegura que “la economía rural tiene un gran potencial para crear empleos decentes y productivos, así como para contribuir al desarrollo sostenible y el crecimiento económico”. Y añade: “Sin embargo, aunque representa una proporción significativa del empleo y la producción en muchos países en desarrollo, se caracteriza de forma generalizada por la existencia de un elevado nivel de pobreza y de graves déficits de trabajo decente. De hecho, este es el contexto en el que se sitúa casi el 80% de la población pobre del planeta”.

Esto lleva a que mucha gente desee abandonar esa situación y buscar mejor suerte en un ámbito urbano. Por eso, la OIT, considera que “la promoción del trabajo decente en la economía rural es fundamental para erradicar la pobreza y garantizar que se satisfagan las necesidades nutricionales de una población mundial en crecimiento. Este principio se reconoce en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, que propugna una mayor atención al desarrollo rural y, en particular, a la agricultura y la seguridad alimentaria”.

En cuanto a las propuestas antes mencionadas, suelen tener los siguientes elementos comunes:

En definitiva, se podría resumir que las soluciones a corto plazo pasan por un trabajo concienzudo y constante por parte de las administraciones, por el fomento del medio rural como entorno sostenible y saludable, por la introducción de las nuevas tecnologías en la industria local y, claro está, por el fomento del turismo.