Aunque sus referentes no sean muy conocidos para el gran público, durante años pudo fijarse en compañeros del mundo del hockey hierba que “habían montado un negocio y tenían carreras exitosas”, y en los que ve un reflejo de lo que aspira a ser en el futuro: “Quiero lo mismo”. Sin embargo, sus comienzos no fueron sencillos. Y es que, el éxito de debutar con tan solo 18 años en la Selección Española de hockey hierba hizo que le resultara muy complicado poder compaginar el deporte con los estudios universitarios. “En ese momento no había programa de ayudas a estudiantes como yo”, afirma Garza.
Posteriormente, durante sus años en Holanda comenzó a compaginar la actividad laboral con su carrera deportiva. “No quería retirarme sin haber tenido previamente experiencia. Tenía que sacar tiempo y sabía que tenía que hacer ese esfuerzo”. Con suerte, el club fue flexible y le permitió compatibilizar deporte y trabajo. En este sentido, cree que ahora “se ayuda más a los deportistas de alto nivel y pueden compaginar mejor sus estudios”.
A su juicio, la actividad del marketing deportivo, en la que el ex deportista olímpico tiene una larga experiencia profesional, ha cambiado en estos últimos años por dos aspectos clave: “La forma en se consume deporte y la tecnología”.
También destacado resulta su papel como inversor y asesor estratégico en startups tecnológicas en el mundo del deporte, que le ha llevado a trabajar con varios de los fondos de venture capital más relevantes en Estados Unidos (como Courtside VC o Stadia) y Europa (como Advantage o Indigo Capital). Sobre las compañías que más le han llamado la atención recientemente, menciona a dos españolas, como Horizon u Olocip, la empresa de Inteligencia Artificial fundada por el invitado del primer episodio de La Bolsa de Deporte, el futbolista Esteban Granero.
Además de las recomendaciones para invertir en este sector, Garza nos confiesa el momento más feliz de su carrera deportiva. Más allá de su amplio palmarés como jugador de hockey, elige la final de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 como el instante, a nivel de selección, más emotivo.
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