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TRANSFORMACIÓN | 14.09.2020

Marta Romo: “Hay que dejar que los niños se aburran para favorecer el aprendizaje y la creatividad”

Marta Villalba

Marta Villalba

Numerosos estudios demuestran que la atención sostenida solo puede mantenerse durante cortos periodos de tiempo. Para algunos neurocientíficos nuestro cerebro se desconecta a los nueve minutos, pero no existe un consenso. Marta Romo, pedagoga experta en neurociencia aplicada a la educación y directora de BeUP, alarga este lapso hasta los 20 minutos en el caso de los niños (cuanto más pequeños, más bajan los minutos). A partir de ahí empieza a decrecer.

“Muchas veces se busca que los niños memoricen, pero no se trabaja y no se pone energía en que generen una gran capacidad atencional. El gran desafío actualmente es cómo mantener el foco de forma sostenida al 100%”, afirma. Los estudios han demostrado que la clave está primero en aprender a mantener la atención para luego memorizarlo y no al revés.

Sobre por qué se está reduciendo esta capacidad atencional en los jóvenes, Marta Romo explica que con el uso excesivo de móviles y tablets, “los chavales están recibiendo mucho estímulo inmediato, que activa el circuito de recompensa del cerebro, que les da mucho placer, se enganchan a eso y prestar atención a cualquier cosa que no les genere esta sensación de bienestar les va a costar mucho”. En este contexto, ¿qué tendencias se están imponiendo en el ámbito educativo para fomentar el aprendizaje?

Moverse para reiniciar la capacidad atencional

En las técnicas de aprendizaje, junto con el estudio por pequeños bloques de tiempo, algunos colegios empiezan a promover el tomar descansos activos en los que los alumnos combinan el movimiento con la desconexión de la tarea. O lo que es lo mismo: hacer pausas en las que los niños se levantan de la silla para realizar alguna actividad. En esa parada no es necesario que los estudiantes hagan gimnasia, simplemente basta con caminar unos minutos. Por eso, en algunos centros educativos, proliferan las aulas temáticas en las que el profesor no es el que se mueve, sino que es el niño el que va al aula al cambiar de asignatura.

“Se ha demostrado que el movimiento activa la capacidad atencional. Es como que te reseteas y vuelves a prestar atención después de moverte. Imagina que la atención es como una batería o unas pilas, pues la recargaríamos con el movimiento”, expone Marta Romo. Y argumenta que al cerebro le interesa todo lo diferente, así que este cambio de entorno genera nuevos estímulos y se inicia un nuevo ciclo atencional.

El trabajo grupal a través de la conversación acelera el aprendizaje

En esa misma línea de dotar al cerebro de una mayor neurofuncionalidad, otra de las tendencias que se imponen —también basada en introducir cambios— es la de generar emociones. Para ello, Marta Romo aboga por el trabajo cooperativo: “Funciona muy bien porque los cerebros de los estudiantes se sincronizan a través de las neuronas espejo y de las feromonas del olfato y todo esto genera conexión emocional y favorece el aprendizaje”. Esta experta aclara que la dinámica colaborativa no consiste en que cada alumno realice una parte del trabajo por separado, sino que todos hacen todo hablándolo. Por eso, algunos centros ya optan por ubicar a los alumnos por grupos, en vez de sentarlos por filas o separados.

“El aprendizaje a través de la conversación es otra de las tendencias que se están empezando a incluir en muchos colegios porque acelera el ritmo de aprendizaje de una manera exponencial y respeta el aprendizaje natural del niño. A ellos les gusta esta manera de aprender. Y por eso cada vez se trabaja más el trabajo grupal, las exposiciones en clase y el que unos niños más mayores sean mentores de otros más pequeños”. Marta Romo precisa que al hablar para colaborar, los niños están relacionando conceptos y procesando información. Por tanto, lo están repitiendo en su cerebro y, por ello, memorizando.

Variar la frecuencia eléctrica del cerebro

Para aprender mejor y llegar a lo que los expertos denominan alto rendimiento, se ha demostrado que es muy importante variar la frecuencia eléctrica de nuestro cerebro, es decir, cambiar de estado mental. Cuando los niños y adolescentes están todo el rato conectados y en modo multitarea generan cierto estrés y producen ondas beta. Cuando están relajados y tranquilos, se activan las ondas alfa, que favorecen la creatividad y el aprendizaje. La ciencia ha constatado que “si tenemos varios momentos al día en este estado mental de no hacer nada, de tranquilidad, inducimos a nuestro cerebro a que entre en lo que llamamos alto rendimiento, que produce otra frecuencia eléctrica por encima de 42 Hz y genera ondas gamma. Ahí es cuando, de repente, surgen las ideas, relacionamos conceptos y cuando realmente hablamos de ese alto rendimiento cerebral”.

Así, Marta Romo está a favor de que los padres pongan límites en el tiempo de uso de las pantallas a sus hijos y les dejen que experimenten cierto aburrimiento. Esos momentos de desconexión favorecen el aprendizaje y la creatividad, “porque ante una situación que no le gusta, su cerebro puede esforzarse por pensar en una actividad diferente que le saque de ese estado”. Con ese mismo fin de inducir el alto rendimiento cerebral y dar un salto creativo, cada vez más colegios incluyen actividades que relajen, como sesiones de mindfulness o ejercicios de respiración. Es lo que algunos expertos denominan recreos cerebrales y la pedagoga llama “mandar a tu cerebro al patio de recreo un ratito”.

Agendas arco iris (con muchas y muy distintas tareas)

Como el cerebro necesita variedad tanto para incrementar la atención como para generar distintas frecuencias eléctricas o estados de conciencia, Marta Romo recomienda planificar el tiempo de los niños (y de los mayores que quieran hacer más flexible su mente) con muchas tareas distintas, lo que ella llama agendas arco iris, es decir, con varios colores. Cuando hacemos siempre lo mismo, al cerebro le cuesta pasar de una cosa a otra, y esto supone rigidez mental en los estados de conciencia, especifica la experta.

¿Qué otros hábitos favorecen el rendimiento escolar? El cuidado del sueño “es importantísimo, impacta muchísimo en el aprendizaje”. Porque si no descansamos –explica Marta Romo– no consolidamos lo aprendido, así que los chavales deben dormir las horas suficientes manteniendo los horarios, especialmente en época de exámenes, aunque se suele hacer lo contrario. “No se le da la suficiente importancia, pero la higiene del sueño es clave para no perjudicar la capacidad de aprendizaje de los niños”. Según esta pedagoga también se descuida mucho la alimentación, que es otro básico para el buen funcionamiento del cerebro, proporcionándole una glucosa de calidad proveniente de las verduras de hoja verde, las frutas y los frutos secos.

El deporte es otra de las rutinas que más impactan en el aprendizaje. Mientras nos ejercitamos, se activa todo el cerebro, procesamos información constantemente, “aparte de segregar endorfinas que hacen sentir mejor, eleva el ánimo, ayuda muchísimo a cambiar emocionalmente”. Es más —añade Marta Romo—, aunque todavía solo se ha comprobado con animales, es muy probable que los humanos también segreguen una proteína en el hipocampo, conocida como BNDF, que ayuda a crear nuevo tejido neuronal. Esta experta todavía da una razón más para practicar deporte, concretamente los aeróbicos. Con este tipo de entreno, cuando el metabolismo empieza a quemar grasa, se genera un estado mental en el que empiezan a venir ideas a la cabeza, a relacionar conceptos y provoca la producción de las ondas gamma de alto rendimiento. Es decir, que no solo incrementa nuestra salud, sino que refuerza nuestra capacidad de aprendizaje.

La especialista en neurociencia resalta la importancia de cultivar la trascendencia para estimular la actividad cerebral en una parte del cerebro que solo se activa cuando hacemos este tipo de acciones trascendentes (“en las que sales de ti mismo y conectas con algo o alguien más grande que tú o con los demás para algo solidario”, puntualiza Marta Romo). Se trata de actividades relacionadas con la naturaleza, la contemplación (meditación y oración) y la ayuda a los demás (voluntariado).