
La alergia es un trastorno muy frecuente en la población
y que, en los últimos años, parece que ha ido aumentando
por diferentes factores.
El tratamiento idóneo para
combatir la alergia es evitar el alergeno (sustancia que
provoca la alergia), si bien, esto sólo es factible en
determinadas alergias (como las alimentarias), en otras,
como la alergia al polen, no es posible y se deben
recurrir a la vacunación o inmunoterapia. El tratamiento
de la alergia globalmente incluye control de los
factores ambientales, fármacos para disminuir los
síntomas, educación del paciente e inmunoterapia en los
casos en los que se considere indicado.
La vacunación alérgica o conocida médicamente como inmunoterapia consiste en la administración de pequeñas cantidades de alérgeno de forma creciente a un paciente con el objetivo de “insensibilizarlo” a esa sustancia, es decir, disminuir el número de síntomas de forma que su alergia mejore o desaparezca.
Antes de indicar una inmunoterapia el alergólogo debe hacer un estudio del tipo de alergia del paciente con el fin de identificar el alergeno y la indicación de la vacuna.
Respecto a las edades en las que es aconsejable iniciar este tratamiento no hay una recomendación clara, en principio, se puede iniciar a cualquier edad (de niños a personas ancianas) y debe ser el alergólogo quien lo establezca en cada caso valorando diversos factores.
La inmunoterapia se puede administrar de forma subcutánea
(inyecciones) o de forma sublingual (bajo la lengua).
Antes de iniciar la inmunoterapia el paciente ha
de conocer que la duración del tratamiento es larga y
que los resultados, en términos de alivio de los
síntomas, tardan en aparecer.
La inmunoterapia se debe administrar bajo la supervisión de un médico, el paciente debe estar informado de las posibles reacciones tras su administración, que puede ser locales (inflamación de la zona) o mucho menos frecuentes sistémicas (síntomas generales respiratorios, cutáneos, etc). Por este motivo tras la inyección de la vacuna el paciente debe permanecer en reposo en el centro médico donde se le administre durante 30 minutos hasta comprobar que no hay ningún riesgo.