La urticaria es un tipo de erupción cutánea que provoca un intenso picor y que se caracteriza por la presencia de habones que aparecen y desaparecen en horas o minutos.
Se estima que el 20% de las personas han tenido una
urticaria en su vida, que no ha vuelto a repetir y de la
que no se sabe la causa.
En la mitad de los niños
con urticaria, ésta se acompaña de angioedema (hinchazón
de párpados, labios o pabellones auriculares)

Muchos de los casos de urticaria en los niños “quedan sin resolver”, es decir, nunca se sabrá el desencadenante o causa de la erupción. Además puede nunca más volver a aparecer.
La formación de los habones es debida a la liberación, por parte de los mastocitos (un tipo de célula del sistema inmunológico que está en la piel) de una sustancia llamada histamina. Existen diversos mecanismos que pueden activar a los mastocitos y, que son, las diferentes causas de la urticaria:
La urticaria se puede clasificar en:
Las lesiones típicas en la piel son los habones que
pueden aparecer por toda la superficie corporal. Son de
un color rojo pálido o rosado y sobreelevadas (se
tocan). Lo característico es que pican mucho y son
fugaces (aparecen y desaparecen en horas o
minutos).
En pediatría la urticaria suele ser una enfermedad benigna, pero el picor intenso puede interferir en la calidad de vida del niño. Además el aspecto del niño con una urticaria muy extensa y/o hinchazón de diferentes partes del cuerpo como labios o párpados puede crear alarma en los padres.
Cuando afecta estructuras vitales como la laringe puede
poner en peligro la vida del niño. Por otra parte, la
urticaria es la manifestación más frecuente de la
anafilaxia y puede ser un signo precoz de una reacción
alérgica grave, por lo que debe ser motivo de una
estrecha observación.

Como la causa de la urticaria es la secreción de histamina por parte de los mastocitos, el tratamiento de la urticaria se basa en la administración de antihistamínicos.
En los casos graves o que presenten anafilaxia es necesario la administración de adrenalina y el ingreso hospitalario del niño.
Si se sospecha una causa alérgica se deben realizar las pruebas de alergia adecuadas y evitar el alimento o sustancia que ha provocado los brotes de urticaria.
En los casos de urticaria de larga evolución el Pediatra deberá revisar al paciente minuciosamente, valorando la necesidad de realizar otras exploraciones complementarias como analíticas, serologías y cultivos.