Tratamiento
El tratamiento de las úlceras por presión debe empezar
por la valoración integral del paciente: estado general
y nutricional, enfermedades intercurrentes,
complicaciones, limitaciones físicas, psíquicas y
cognitivas, tratamientos farmacológicos y no
farmacológicos, y muy especialmente el entorno social y
familiar del paciente, ya que en el caso de las lesiones
por presión se van a necesitar especialmente su
colaboración en la prevención y tratamiento de las úlceras.
Desde el punto de vista general se ha de asegurar un
correcto aporte de nutrientes, en especial proteínas,
hierro, vitaminas y calorías, dado que de lo que se
trata es de crear tejidos nuevos. Es importante el
control del dolor, tanto el propio de la lesión como
cualquier otro que aparezca y que pueda limitar la
movilidad del paciente.
Respecto el tratamiento especifico de la lesión
ulcerosa, éste ha de ser individualizado, según su
grado de profundidad, cantidad de exudado, presencia
o no de infección y localización. Como normas
generales, según el grado de la úlcera el
tratamiento será, en términos generales, el
siguiente:
- Grado I (eritema, piel íntegra): Sólo
requiere del manejo e intensificación de las medidas
preventivas: cambios posturales, almohadillado de
protección, aplicación frecuente de aceites con
ácidos grasos hiperoxigenados.
- Grado II (ampolla o erosión superficial): Al
manejo preventivo se debe añadir la higiene de la
zona lesionada, habitualmente con suero fisiológico
(empleando la mínima presión eficaz), así como la
aspiración de la ampolla y eliminación de su techo.
El uso de apósitos hidrocoloides ayuda a controlar
la cantidad de exudado en el lecho de la herida (ni
mucho ni poco), colabora con la limpieza de la
lesión y mejoran la velocidad de cicatrización; son
bien conocidos por el personal sanitario.
- Grado III y IV (lesión profunda, cavitada o tunelizada):
- Limpieza: Se debe hacer con suero
fisiológico, evitando el arrastre mecánico
para no lesionar el tejido nuevo. Sólo secar
la zona adyacente a los márgenes de la herida.
- Protección de la infección y su tratamiento:
Toda úlcera se considera contaminada por las
bacterias colonizadoras habituales de la
piel a las 6 horas de producirse, por lo que
intentar que una úlcera esté estéril es
tarea cuanto menos imposible. Se recomienda
control por cultivos cuando la lesión
presente signos de infección (enrojecimiento
más allá del borde, con edema, mal olor,
aumento del dolor y/o retraso de la
curación, así como si se dan signos
generales como fiebre). Según el resultado
de los cultivos se aplicará un tratamiento
antibiótico específico, de preferencia
sistémico. El uso de antibióticos tópicos o
los apósitos con plata pueden ayudar a
controlar la carga bacteriana y el mal olor
(que también puede tratarse con apósitos que
contengan carbón activado). No se
recomiendan de forma sistemática el uso de
antisépticos tópicos (povidona yodada, agua
oxigenada, clorhexidina, etc.) por su efecto
tóxico sobre el tejido nuevo.
- Eliminación del tejido desvitalizado o
desbridación: Para ayudar a que las úlceras
cicatricen es imprescindible eliminar el
tejido muerto, existiendo para ello dos
sistemas, ya sea por métodos químicos,
mediante el uso de pomadas con enzimas
proteolíticos, o por medios quirúrgicos,
empleando el bisturí y las pinzas (siempre
por personal entrenado). El primer sistema
es más lento, pero menos traumático. También
existen apósitos que favorecen un
desbridamiento autolítico, por cura en
ambiente húmedo; es el método más selectivo
pero también el más lento.
- Formación de tejido nuevo. Cicatrización:
Para ello se utilizan diferentes tipos de
apósitos, que controlen que la cantidad de
exudado sea la justa para la curación en
ambiente húmedo (hidrogeles, hidrofibras,
alginatos, con carbón activado o plata, etcétera).
La frecuencia de las curas dependerá de la presencia o no
de infección (en cuyo caso se acostumbran a hacer a
diario), de la cantidad de tejido a desbridar y de las
técnicas utilizadas para ello y del tipo de apósitos
empleados. La frecuencia de las curas va desde cada 48h
a incluso cada 7 días como máximo.
El tiempo de cicatrización y cierre de las úlceras por
presión varía mucho en función de los métodos de
desbridamiento y de la presencia de complicaciones como
la infección. Sin embargo, se considera que, por término
medio, las úlceras de grado I tardan entre unos días a
una semana en curar, las de grado II suelen curar en un
período entre cinco días a tres meses, las de grado III
entre uno a seis meses y las de grado IV suelen tardar
de seis meses a un año, pudiendo suceder que no lleguen
a cicatrizar nunca totalmente.
El tratamiento de las úlceras por presión, a pesar de la
impresión que se ha podido dar en estas líneas, no es en
absoluto fácil ni unívoco. Son tantos los factores
implicados que solamente personal sanitario entrenado en
la valoración y tratamiento de las úlceras por presión y
conocedor de las últimas técnicas y guías de practica
clínica es el más capacitado para decidir la terapéutica
adecuada en cada caso.
Subir
Dra. Montse Queralt
Especialista en Medicina de Familia y Geriatría
Médico Consultor de Advance Medical