Es fundamental un programa de intervención multidimensional para disminuir el riesgo de las caídas, así como el de las lesiones inmediatas y a largo plazo asociadas a la misma.
El manejo de un paciente caedor debe ir encaminado en solucionar todas aquellas circunstancias que han precipitado la caída. Esto conlleva la identificación de los posibles factores de riesgo y la apuesta por su solución.
Así, la identificación de posibles defectos en los órganos de los sentidos, visión y audición, ayudarán a que puedan ser tratados con lentes o aparatos de amplificación.
Igualmente se debe revisar y reducir todas aquellas medicaciones con un posible efecto favorecedor de la caída.
Si se detectan trastornos músculo-esqueléticos, debe intentarse solucionarlos, y si no es posible, es importante prescribir analgesia en vista de evitar la restricción de la movilidad que asocian. En ocasiones, es necesario un programa de ejercicios para mejorar la deambulación.
Se deben explicar estrategias encaminadas al tratamiento de la hipotensión ortostática, pidiendo al paciente que no se levante bruscamente de la silla o cama, y que evite movimientos bruscos. Al mismo tiempo, se debería retirar toda aquella medicación que esté favoreciendo la hipotensión.
Si se detectan barreras arquitectónicas en el domicilio que hayan influido en la precipitación de la caída, se deberían solucionar. Igualmente, es necesaria una intervención psicosocial encaminada a evitar la sobreprotección de los familiares sobre el anciano, intentando que aquellos estimulen en el paciente el mantenimiento de las actividades básicas e instrumentales de la vida diaria.
Por último, en ocasiones en el tratamiento hay que recurrir al empleo de ayudas técnicas adecuadas, como el uso de bastones y andadores para evitar de este modo la caída. Tampoco hay que olvidar que este síndrome geriátrico acarrea un alto número de trastornos psiquiátricos, y que a veces es necesario la administración de medicación antidepresiva.
En los ancianos, las estrategias de prevención buscan dos objetivos fundamentales:
Es necesaria una combinación de actuaciones médicas, rehabilitadoras, psicosociales y sobre el entorno ambiental, para alcanzar el mayor éxito posible. Las medidas preventivas deben ir dirigidas hacia tres niveles:
Prevención primaria: que tiene como fin evitar que las caídas se produzcan. Se recomienda:
Realizar ejercicio periódicamente. El ejercicio físico se asocia a una mejora de la capacidad cardiaca, al mantenimiento de la fuerza muscular y a la reducción de las pérdidas de hueso que tienden a ocurrir progresivamente con la edad. Los programas deben incluir ejercicios dirigidos a tres áreas: fuerza, equilibrio y resistencia. Actualmente se considera que la realización de los ejercicios practicados en Tai Chi reduce la tasa de caídas tras cuatro meses de seguimiento.
Consumir una dieta equilibrada y evitar hábitos tóxicos.
Modificar el entorno y retirar todos aquellos muebles u objetos con los que el paciente pueda tropezar y caerse, por ejemplo, alfombras. Iluminar bien los pasillos y habitaciones. Evitar pasar por suelos resbaladizos, escaleras peligrosas o sitios irregulares o en construcción. En los cuartos de baño deberían colocarse elementos de seguridad, barandillas y agarradores.
Prevención secundaria: Consiste en la identificación y reducción de los factores de riesgo ya existentes:
Prevención terciaria: La finalidad de este nivel de prevención es disminuir la presencia de incapacidades debidas a las consecuencias físicas y psicológicas de las caídas en los ancianos. Sus objetivos más importantes consisten en:
Actualmente existen diferentes tipos de protectores de cadera que han demostrado reducir la incidencia de las fracturas en ancianos institucionalizados. Funcionan como un amortiguador del golpe que recibe el hueso tras la caída.
En resumen, con las anteriores medidas de prevención lo que se pretende es evitar la perdida de calidad de vida y de independencia del paciente.
Es fundamental el seguimiento de los ancianos caedores para saber si nuestra intervención ha sido eficaz. Debe registrarse en las sucesivas visitas: nuevas caídas, existencia de consecuencias a largo plazo (síndrome poscaída) etc ...
No podemos terminar este capítulo, sin volver a mencionar que en el tratamiento y prevención eficaz de las caídas intervienen varios profesionales (médicos, rehabilitadores, terapeutas ocupacionales, enfermería, asistente social) todos con un fin común: tratar y evitar esta patología.
Última actualización: del 2006
Ana Isabel Hormigo Sánchez. Médico Residente de Geriatría. H. C. San Carlos. Madrid.