También se conoce como síndrome maníaco-depresivo. Es un trastorno afectivo (o del estado de ánimo) que cursa con altibajos emocionales que afectan la vida normal del niño. Se caracteriza por episodios periódicos de gran alegría y euforia (en ocasiones también irritabilidad) a los que se contraponen episodios con claros síntomas depresivos. A estas fases se les llama fase maníaca y fase depresiva respectivamente.
Afecta igual a niños y a niñas y suele empezar en la adolescencia.
Existe una predisposición familiar y es un síndrome que se puede manifestar en miembros de una misma familia.
En la fase depresiva se pueden encontrar los siguientes síntomas:
Tristeza persistente
Desesperanza o desamparo
Sensación de culpabilidad desmesurada
Baja autoestima
Deseos de morir
Incapacidad de disfrutar de las cosas
Trastornos del sueño y del apetito
Falta de energía
Pensamientos suicidas
Irritabilidad y hostilidad
En la fase maníaca pueden encontrarse los siguientes síntomas:
Autoestima exagerada
Menor necesidad de sueño y descanso
Realiza actividades placenteras para el paciente y de alto riesgo en las que no mide las consecuencias de sus actos: promiscuidad, conducción peligrosa, abuso de drogas
Euforia desmesurada
Aumento de la locuacidad en el habla, cambia rápidamente de tema y no tolera las interrupciones
Mayor nivel de energía
El tratamiento comprende medicación y psicoterapia. Los padres juegan un papel fundamental como apoyo al adolescente maníaco depresivo y evitar las conductas imprudentes en la fase maníaca.
En la mayor parte de los casos es necesario un tratamiento preventivo a largo plazo para estabilizar los altibajos del estado de ánimo.