La alimentación se define como una serie de actos voluntarios y conscientes que consisten en la elección, preparación e ingestión de alimentos con el objetivo de producir un estado de bienestar inmediato y una situación de salud a largo plazo. A lo largo de la historia, la alimentación ha estado influenciada por muchos factores externos al propio alimento. El hombre pasó de consumir frutos, raíces, hojas y tallos, a inventar el fuego y cocer los alimentos mejorando la digestibilidad y evitando la transmisión de enfermedades. Aprendió a cultivar semillas y a domesticar animales (ovejas, cerdos, cabras,...) para tener alimentos sin necesidad de cazar. En esas épocas, el comportamiento alimentario estaba influenciado por factores como la zona geográfica y las condiciones climáticas así como los elementos culturales o religiosos de la tribu, poco o nada científicos. Sin embargo, el proceso de aprendizaje y de mejora de la alimentación ha continuado evolucionando hasta llegar a nuestros días, donde el comportamiento alimentario está influenciado por otros factores como son la situación económica, los canales de información, y las tendencias o modas. Todos estos factores han generado recomendaciones, a veces incluso con fundamento científico, respecto a qué alimentos comer y qué alimentos evitar en diferentes circunstancias, produciendo mitos y tópicos sobre los alimentos que conducen a que adquiramos errores sobre lo que es y lo que representa la alimentación.