No es inusual despertarnos una mañana con dolor intenso en ambos lados de la mandíbula, que empeora con cualquier gesto que nos haga abrir la boca, como bostezar o especialmente masticar, y que rara vez mejora espontáneamente, lo que hace que a veces tengamos que acudir al médico,

Estas molestias son debidas a alteraciones de las articulaciones de la mandíbula o de los músculos que la rodean, lo que en medicina es conocido como Síndrome Temporo-Mandibular (STM) o Síndrome de Costen.
La articulación temporo-mandibular recibe ese nombre por ser la articulación donde la mandíbula se acopla con el cráneo en los huesos temporales, situados a ambos lados de la cabeza. Su función básica es permitirnos abrir y cerrar la boca, siendo una de las articulaciones más usadas de nuestro organismo. La utilizamos constantemente a la hora de masticar, hablar, tragar, bostezar, etc. Para localizarla y explorar su funcionamiento, debemos presionar con los dedos por delante de cada oído, mientras abrimos y cerramos la boca.
Este síndrome se caracteriza por cursar un variado abanico de manifestaciones: dolor, molestias, malestar, espasmo muscular en la zona mandibular y sus proximidades, dificultad para masticar, tragar, abrir la boca, sensación de congestión en el oído, ruidos en la cabeza, así como dolores en la región de la cabeza y cuello.
Lo padece un elevado porcentaje de la población, alrededor del 80 por ciento, y el paciente tipo sería una mujer de edad media (entre 30 y 50 años).
En muchas ocasiones se desconoce el origen exacto del STM. Son diversas las causas que pueden dar lugar a lesiones de la articulación temporo-mandibular, entre ellas el estrés. El estrés provoca una tensión excesiva en los músculos mandibulares, que se traduce en dolor y desazón en ambos lados de la cara.
Otros motivos los podemos encontrar en relación con trastornos dentales, como el alineamiento defectuoso entre los dientes inferiores y superiores o el bruxismo, que consiste en el hábito involuntario de apretar o rechinar los dientes inconscientemente y que también puede producir dolor de cabeza, mandíbula, cuello y oído.
En ocasiones, este síndrome esta causado por procesos que afectan a la articulación temporo-mandibular, como la artritis y la artrosis, que provocan una limitación de movimiento de la articulación. También debemos tener en cuenta que los traumatismos directos sobre cabeza, cuello y mandíbula, así como las lesiones producidas por movimientos bruscos en ausencia de impacto directo, tipo <<latigazo>>, que son propias de los accidentes de tráfico, pueden ocasionar STM.
Los síntomas más frecuentes son:
