
La sepsis es una infección que se propaga por todo el organismo, no está localizada en una zona concreta.
Es una situación muy grave que pone en riesgo la vida del
niño. En los casos de sepsis el torrente sanguíneo está
inundado de bacterias.

La sepsis suele estar causada por bacterias: neumococo, estreptococos, estafilococos… La infección puede originarse en cualquier parte del cuerpo y, desde ahí, propagarse a todo el organismo: meningitis, artritis séptica, neumonía…

En la sepsis el niño presenta muy mal estado general: fiebre alta o hipotermia, escalofríos, confusión, temblor, taquicardia, petequias o equimosis en la piel, disminución de la cantidad de orina e hiperventilación.
La afectación es global. La caída de la tensión arterial ocasiona el shock. Esto es el inicio del daño en los diferentes órganos del cuerpo: riñones, hígado, pulmones y sistema nervioso central.
Normalmente la confusión o el delirio y la hiperventilación pueden ser los primeros signos de sepsis.
Si se sospecha una sepsis se debe ingresar al niño en una unidad de cuidados intensivos (UCI) e iniciarse, sin demora, terapia con antibióticos intravenosos de “amplio espectro”, es decir, capaces de destruir un abanico amplio de bacterias).
Cuando se analiza el germen que ha producido la sepsis se pone el tratamiento más preciso.
Si el niño está muy grave puede necesitar ayuda para
respirar, oxígeno, líquidos intravenosos y medicamentos
que aumenten la presión arterial.
La tasa de
mortalidad puede ser de hasta el 60% en los niños inmunodeprimidos.
La prevención no siempre es posible pero, se puede reducir el riesgo de sepsis, siguiendo el calendario de vacunación recomendado.