
La respiración es el elemento básico e indispensable para la vida del ser humano. La respiración nasal es la respiración fisiológica o natural. Permite la entrada del aire a través de las fosas nasales.
Gracias a la respiración se dan las bases del intercambio gaseoso de nuestro organismo y de toda una innumerable lista de funciones básicas.
En el interior de la nariz encontramos un tabique que la divide en dos fosas nasales. Así pues, las fosas nasales, tienen dos orificios anteriores que los llamamos vestíbulo nasal y son los orificios de entrada del aire del exterior: Los dos orificios posteriores son llamados coanas, que desembocan en la rinofaringe, es decir son orificios interiores.
El aire entra por las fosas nasales y pasa por el interior de la nariz saliendo por las coanas y llegando a la rinofaringe. De ahí, el aire, se abre paso hacia la laringe y, posteriormente hacia la tráquea, los bronquios, los bronquiolos y los alveolos pulmonares. Cuando llega el aire a los alveolos pulmonares se produce el intercambio gaseoso, mencionado anteriormente. Consiste en el paso de oxígeno de los pulmones a la sangre y paso de dióxido de carbono de la sangre al pulmón.
El aire entra en las fosas nasales por la inspiración y crea una corriente hacia su interior. Esta corriente de aire es la responsable del intercambio aéreo de los senosmaxilares.
Esta corriente aérea llega a una zona muy alta dentro de estas fosas nasales, donde se encuentra el órgano de la olfacción. De esta manera, podemos tener un correcto olfato.
El aire en la nariz es humidificado, de manera que al pasar por la laringe (siguiendo su trayecto hacia los pulmones) no daña las mucosas.
El aire es filtrado en la nariz. En la nariz o en las fosas nasales se depositan todas las partículas que son dañinas para nuestra laringe y nuestra tráquea. Este filtro puede ser muy útil para la prevención de alergias y procesos asmáticos.
El aire es calentado en la nariz. El aire penetra dentro de las fosas nasales a una temperatura ambiental. Ello es facilitado por la existencia de abundantes vasos sanguíneos y el contacto del aire con la mucosa. Finalmente este aire adquiere la temperatura corporal que es necesaria e indispensable para que no dañe a la laringe, tráquea y pulmones. De esta forma se previenen bronquitis y otros procesos inflamatorios o infecciosos del aparato respiratorio.
Cuando se altera la respiración nasal fisiológica y, como mecanismo alternativo, se produce la respiración oral o bucal.
Dado que estamos hablando de la salud bucodental vale la pena que mencionemos la respiración oral como entidad potencialmente perjudicial.
El hombre nace condicionado para respirar por la nariz y alimentarse por la boca. La respiración bucal se considera normal sólo cuando se realiza bajo esfuerzos físicos muy grandes.
La respiración oral es un cuadro clínico que se presenta con alguna frecuencia en edades pediátricas y en adultos. Puede tener consecuencias fatales como, por ejemplo, la afectación del crecimiento y desarrollo del niño, y no sólo facial. Ello puede desencadenar en una afectación de la salud general del adulto.
Los síntomas y efectos que puede provocar la respiración oral son, principalmente,: sequedad e inflamación de las encías, trastornos en el desarrollo de los maxilares (paladar estrecho y hundido, mandíbula alongada), maloclusiones, apiñamientodentario, alteración de la audición, retraso escolar, alteraciones posturales, deglución atípica o anormal, sinusitis, otitis y ronquidos, entre otras más.
Las causas que provocan la respiración oral son aquellas que producen una obstrucción a la respiración nasal fisiológica. Las más frecuentes son: La hipertrofia adenoidea y/o amigdalar, la desviación del tabique nasal, las alergias, la rinitis, el hábito de succión prolongado del pulgar (a partir de los 2 años) y las alteraciones hereditarias del desarrollo maxilar.
Un tratamiento adecuado de las causas, sobre todo en la infancia, hará que los efectos sobre el crecimiento y el desarrollo de la boca y los maxilares no se vean afectados. El adulto debe tener una conducta evitativa o reparativa de los desencadenantes para evitar la cronificación y la consecuente afectación de su salud.