
Desde un buen principio la alimentación de un niño se va diversificando hasta haber introducido todos los grupos de alimentos y dentro de estos, las diferentes variedades de alimentos que existen.
Los niños pasan por diversas etapas de crecimiento y aprendizaje, lo cual puede provocar mayores o menores dificultades para alimentarse de forma correcta, según el momento que esté viviendo. Por ejemplo, un niño alrededor de los 2 años puede empezar a presentar menos apetito que unos meses atrás, esto sucede porque el ritmo de crecimiento disminuye y las necesidades nutricionales bajan en proporción a ello. Siempre que su salud sea buena, no debemos angustiarnos con la cantidad de alimento que coman o dejen de comer nuestros hijos durante un periodo de tiempo determinado. Su apetito va ir variando en función de su actividad y sus requerimientos nutritivos.
En un inicio, nuestros hijos no entienden de dietas equilibradas, pero conseguiremos que su alimentación sea correcta si seguimos desde el principio, sobretodo dos premisas. Evitar que se creen perjuicios y aversiones infundadas hacia los alimentos, e introducir en su dieta una variedad suficiente de alimentos.