
La violencia es la expresión de un comportamiento
intencionado por parte de una o varias personas que
provoca, o puede provocar, daños físicos o psicológicos
sobre otras. Se manifiesta mediante actos agresivos,
injustificados, ilegítimos o ilegales, que se distinguen
por su malignidad y tendencia ofensiva contra la
integridad física, psíquica o moral de otras personas.
Existen varios tipos de violencia, incluyendo el abuso
físico, el abuso psíquico y el abuso sexual.
La
violencia juvenil puede ser ejercida por jóvenes de
forma aislada o desarrollarse por parte de grupos de
chicos que se unen con el objetivo de participar en
actividades violentas.
Estadísticamente, la violencia juvenil tiene una mayor
incidencia entre chicos de sexo masculino, de clase
media, con problemas familiares, de sociedades
desarrolladas y prósperas y cuya edad oscila entre los
14 y los 18 años.
Los rasgos de personalidad que suelen estar presentes en un joven que ejerce la violencia son:
La violencia juvenil es un fenómeno social complejo, en el que inciden un gran número y variedad de factores que pueden propiciar su desarrollo. La presencia de algunos de estos factores no necesariamente conlleva al desarrollo de un joven violento. Es siempre la conjunción de varios factores la que facilita que pueda desarrollarse un perfil violento con mayor probabilidad. Entre los más destacados, se encuentran:
La prevención de la violencia es responsabilidad de todos: padres, familiares, educadores, psicólogos, pedagogos, sociólogos, políticos, medios de comunicación, etc. De todas formas, es a la vez muy importante tener en cuenta que el principal factor protector de la violencia es el familiar y el escolar, y es imprescindible trabajarlo desde la infancia.
Los padres deben ejercer una autoridad desde el afecto y el amor, estableciendo límites y normas constantes y coherentes. Es fundamental, a la vez, transmitir y practicar valores como la solidaridad, la tolerancia, la responsabilidad, la motivación y valoración del esfuerzo, la cooperación, el respeto por los demás, la igualdad sexual y la pluralidad cultural. Dedicar tiempo a los hijos, reforzarles las actitudes deseables, valorarlos, enseñarles a manejar la frustración, identificar problemas puntuales que éstos puedan tener y acompañarlos en la resolución adecuada son pautas recomendables que los progenitores deberían llevar a cabo para prevenir el surgimiento de violencia dentro del núcleo familiar.
Desde la escuela, es también importante hacer un trabajo de prevención de la violencia, coordinado con las familias, para la enseñanza de los mencionados valores y el desarrollo de las habilidades necesarias.