La quemadura solar es una lesión aguda de la piel producida por la radiación solar. En nuestro medio son una de las lesiones agudas más frecuentes. Los niños con pieles poco pigmentadas (grupo I y II) y los lactantes constituyen los grupos de mayor riesgo.

La quemadura solar está provocada por la radiación solar ultravioleta. La exposición excesiva a estas radiaciones provoca alteraciones en la epidermis causando inflamación.
La época estival es rica en este tipo de lesiones por la
elevada exposición al sol y las actividades al aire
libre en la playa o la montaña.
Hay que recordar
que más del 90% de las quemaduras solares en los niños
se producen en presencia de sus cuidadores.
Afortunadamente, es una situación que puede prevenirse,
tomando una serie de precauciones.
Los síntomas de la quemadura solar aparecen a las 2-4 horas tras la exposición solar. Se observa un enrojecimiento de la piel, dolor en la zona de la quemadura, molestias al mover la zona y ligero hinchazón. Los síntomas son más intensos a las 24 horas tras la exposición. En situaciones de mayor gravedad la quemadura puede producir ampollas.
El mayor problema de las quemaduras solares es que, con los años, incrementa de manera exponencial el riesgo de padecer cáncer de piel. La radiación solar es acumulativa y, cuánto más pequeños sean los niños que padecen quemaduras solares, más aumenta el riesgo de padecer cáncer de piel.

El tratamiento va dirigido a calmar los síntomas de la
quemadura y restaurar el aspecto de la piel.
Es
importante hidratar muy bien al niño, ofreciéndole gran
cantidad de líquidos para prevenir la deshidratación.
Para aliviar el dolor se le pueden administrar
analgésicos y, si la inflamación de la piel es muy
exagerada, el Pediatra le puede recetar una crema con
hidrocortisona.
Los baños de agua fresca y las
cremas específicas para después del sol también pueden
ayudar a que el niño esté más confortable.
Los signos de alarma para acudir a urgencias tras una quemadura solar son: